Al comenzar el año, alguien me
preguntó qué pensaba en relación a cómo se iban a desarrollar las relaciones
internacionales este año, sobre todo después de la entronización de Donald
Trump como nuevo presidente de Estados Unidos. En ese momento contesté que
pensaba –y sigo pensando- que por mucho tiempo la característica fundamental
que actuará como eje del comportamiento de los principales actores
internacionales, -y con ello, de la mayoría de los mismos- se será entre la
incertidumbre, la indecisión y el dilema, hasta llegar a la perplejidad y el
titubeo.
Con el restablecimiento de
relaciones entre Estados Unidos y Cuba se observó que, después de esa decisión,
y sobre todo posterior al viaje del presidente Obama a La Habana, una gran
cantidad de líderes de occidente y sus “aliados” comenzaron a desfilar por la
capital de la mayor de las Antillas-. Fue evidente que todos ellos necesitaban
una señal desde Washington para tomar sus propias decisiones de política
exterior. En esa medida, la incertidumbre y la permanente duda respecto de las
intenciones reales del Presidente Trump, que pareciera todavía moverse en
términos más emocionales que políticos, “inundan” la cotidianidad de la mayoría
de las cancillerías “subordinadas”, que esperan una “señal del cielo” para
saber si sacan o no sus paraguas, a fin de capear posibles temporales.
El mundo de hoy se mueve en
medio de paradojas, algunas bastante risibles, otras verdaderamente ridículas.
Me viene a la memoria: “CNN miente” lo dijo Trump, antes, cuando la evidencia
de tal afirmación la hacían otros, sobrevenía de inmediato la acusación de
haber configurado un “atentado a la libertad de expresión”, de manifestar
“opiniones absurdas de quienes les hacen el juego al terrorismo” o simplemente
“mentes afiebradas, que continúan añorando al comunismo”; “Estados Unidos se
retira del TPP”, también lo dijo el presidente estadounidense y el mundo se
quedó mudo. Los rastreros presidentes de América Latina que forman parte del
tratado (Chile, Perú y Colombia) guardaron “respetuoso” silencio y de repente
recordaron que China los podía salvar y cual gusanos se arrastraron a buscar a
un nuevo amo que los librara de la debacle.
En otro ámbito, en el colmo del
paroxismo, el presidente español, sin que nadie se lo pidiera, se ofreció como
intermediario entre el gobierno de Estados Unidos y los de América Latina.
¿Será que se le olvidó que desde hace casi dos siglos somos naciones
independientes, que cada una de ellas, salvo Brasil, tiene gobiernos
democráticamente elegidos y que todas tienen relaciones con Estados Unidos? En
fin, son las nuevas cosas que motiva Donald Trump y que tienen al mundo de
cabeza.
Desde el mismo momento de la
selección de sus colaboradores más cercanos se comenzaron a enunciar
diferencias respecto del “natural” comportamiento de un presidente de Estados
Unidos. En sus audiencias de confirmación ante el Senado, algunos de ellos
(sobre todo quienes tienen las responsabilidades más relevantes) manifestaron
opiniones discordantes con las de su jefe. Ante la polvareda que se levantó, el
propio Trump aclaró que sus colaboradores pueden manifestar libremente sus
opiniones. En lo que a política exterior se refiere, se revelaron posiciones
encontradas respecto a las relaciones con Rusia, Irán, y China, la política en
el Medio Oriente, desarme nuclear y cambio climático entre algunos temas más
relevantes. Esto fue un adelanto de lo que se venía.
Lo cierto es que han pasado
tres semanas y no hay claridad respecto del futuro, a pesar que se tomaron
algunas medidas que han copado el mundo informativo por lo novedoso respecto
del pasado, a la ambigüedad se vino a sumar la contradicción como rasgo siempre
presente: aún no es claro cómo se manejara la relación con Rusia, cuando la
misma se ha movido entre la aparente afabilidad de sus líderes y el
mantenimiento de las sanciones que acompañan el pensamiento radical de los
principales personeros del gobierno de Estados Unidos. Rusia está haciendo su
contribución, sus dirigentes han flexibilizado el lenguaje y sus medios de
comunicación, sin bajar la guardia, asumen una mayor moderación en sus
aseveraciones, si embargo, en el contexto actual, esto no asegura nada.
Con respecto a China, lo mismo,
una inusitada agresividad que se ve apaciguada repentinamente. Otro tanto ha
ocurrido con Irán. En fin, no se sabe qué pensar. Cuando uno ve las fotos de
Trump sentado en la punta de una silla conversando con sus colegas del mundo,
da la impresión que está apurado, que en cualquier momento puede concluir el
dialogo (como ya ha ocurrido) y que tales conversaciones son sólo expresión de
una formalidad.
El caso de China es uno de los
más patentes en este sentido, después de haber dicho hace solo un mes que no se
comprometería a un acuerdo de largo plazo sobre Taiwán, condicionándolo al
progreso en la políticas monetarias y comerciales de Beijing, y afirmando que
“todo puede ser objeto de negociación”, incluyendo la aceptación de la política
de “una sola China” base fundamental para el sostenimiento de relaciones
diplomáticas con el gigante asiático, lo cual trajo la repulsa y el rechazo del
gobierno de ese país, ahora, en una conversación directa sostenida con el
presidente Xi Jinping, el pasado jueves 10, Trump se comprometió a respetar esa
política, afirmando que China y su país acercarán posiciones y que de ello
saldrán resultados positivos para todos, lo cual generó gran alivio en la
comunidad internacional. Sin embargo, al día siguiente, Federica Mogherini, alta
representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE), principal
aliada de Estados Unidos durante una visita a Washington, le ha instado a “no
interferir” en la política de los países comunitarios, creando una nueva
fricción en el escenario.
En el trasfondo, todas estas
acciones son expresión de un remezón profundo en el sistema que no se puede ser
obviado en el análisis. Hay causas estructurales que pueden explicar la
victoria de Trump, a pesar que se conocían sus opiniones de antemano, las cuales
fueron expuestas muy transparentemente durante la campaña. Y ahí, tal vez
resida el malestar del establishment, que está acostumbrado a actuar en “lo
oscurito”. Obama no dijo que iba a construir el muro en la frontera con México
pero “adelantó” 1100 Km. Trump dijo que no iba a cerrar la cárcel ilegal de
Guantánamo y apoyó abiertamente el mantenimiento de la tortura como método para
obtener información. Obama, por el contrario aseguró que iba a cerrar
Guantánamo y no lo hizo, y mientras rechazaba la aplicación de apremios
ilegítimos, sus fuerzas armadas y agencias de seguridad los siguieron
utilizando. Obama repudió, siempre que pudo, al terrorismo islámico mientras lo
apoyaba clandestinamente con armamento, entrenamiento y cobertura. Trump ha
dicho que es imprescindible una alianza con Rusia para derrotar al Estado
Islámico. Pronto seremos testigos, de si la continuidad o el cambio es lo que
marcará la política del nuevo presidente en este ámbito.
Por ahora, lo que sí se puede
afirmar es que la victoria de Trump al menos ha puesto en entredicho tres
pilares que caracterizan la visión occidental de la política: 1. La democracia
representativa como verdad universal. Falso, En Estados Unidos solo votó la
mitad de la población y la minoría obtuvo el triunfo, por tanto, la democracia
no es necesariamente el gobierno de la mayoría ni necesita de la participación
ciudadana para ser legal. 2. Los tratados de libre comercio son la panacea de
la economía global y el neoliberalismo la solución de los problemas de la humanidad.
Falso, Trump, el magnate presidente se demoró una semana en echar abajo parte
importante de este edificio, mientras sus adláteres de todo el mundo buscan
desesperadamente al Fidel Castro culpable de esta debacle y 3. El respeto a los
derechos humanos es el instrumento fundamental para hacer respetar la ley en el
planeta y dentro de ella, el elemento fundacional es la Declaración Universal
de los Derechos Humanos. Falso, el presidente de Estados Unidos se permite
abiertamente decir que puede hacer lo que le parezca y pasar por encima de los
principios fundamentales del derecho, si el interés de Estados Unidos, así lo
amerita.
Este es el escenario…vamos a
ver qué pasa.