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PROCESO.COM.MX | ANÁLISIS > Feminicidios y #EleccionesEdoMex, la gota que derramó el vaso | POR JENARO VILLAMIL , 30 MAYO, 2017


       Mujeres protestan contra los feminicidios en el Edomex. Foto: Antonio Nava



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CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hace un año Juanita “N”, de 44 años de edad, trabajadora del Sistema para Desarrollo Integral para la Familia en Toluca, salió de su oficina y fue secuestrada en Paseo Colón y Paseo Tollocan, dos de las avenidas más transitadas de la capital del Estado de México. Ningún policía vio nada. Ninguna de las miles de cámaras de seguridad que el priista Eruviel Ávila le compró a Seguritech grabó nada.
Transcurridos 52 minutos Juanita “N” apareció en un lote baldío de calzada El Pacífico. Le dieron 37 puñaladas. Le rebanaron las manos, le dieron piquetes en la garganta. Le quitaron su bolsa con pocas pertenencias. Juanita sólo alcanzó a llamar a su esposo para que acudiera en su auxilio. Demasiado tarde, falleció en el hospital.
La Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) no consideró que el asesinato de Juanita fuera un feminicidio porque así lo decidieron sus autoridades, aunque el artículo 281 del Código Penal de la entidad tipifica muy bien como características del feminicidio que a “las víctimas se les hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de su vida o actos de necrofilia”.
El caso de Juanita se sumó a los 263 que contabilizó el Observatorio Ciudadano en contra de la Violencia de Género, Desaparición y Feminicidio en el Estado de México (Mexfem) tan sólo entre 2015 y 2016.
Sin embargo, la Procuraduría sólo admite 123 casos y no dice nada de las 2 mil 367 mujeres y niñas que han sido desaparecidas, no localizadas o se reportan ausentes desde hace seis años. En la mayoría de los casos se trata de menores de entre 15 y 17 años.
En Metepec, la “zona dorada” de la clase media y media alta del Estado de México, desaparecieron en junio de 2016 Josefina Chávez, de 60 años, y su hija Stephanie, de 30, mánager del equipo Tigres de futbol americano.
El caso generó una oleada de reacciones en redes sociales. La organización Change.org creó el hashtag #EncontremosAStephyPina. La señora Isabel Miranda de Wallace también intervino. La atención social se concentró en esta desaparición.
Ambas fueron encontradas sin vida en la playa Boquitas, Miramar, en Colima. El director de Seguridad Pública, Alberto Ramírez Manzur, negó que se tratara de un doble feminicidio. Era un caso de “santería”, justificó.
La explicación oficial generó una oleada de protestas y de indignación como no se veía desde el siniestro “suicidio involuntario” de la niña Paulette. Por primera vez, la “gente bien” de Metepec salió a marchar en contra de la inseguridad y de los feminicidios.
En Toluca se han ido sucediendo casos y hechos de abusos infinitos e impunes. Violaron a una menor en una casa y nadie ha investigado. En la escuela primaria donde estudió Enrique Peña Nieto mataron a una joyera por no dejarse extorsionar. Toluca y Metepec se han vuelto santuarios de narcos y de secuestradores provenientes de Michoacán.
Nadie se salva de esta pesadilla que ha enlutado al Estado de México en los últimos diez años. Las administraciones de Arturo Montiel, Enrique Peña Nieto y Eruviel Ávila llevan acumulados de 2000 a 2015 un total de 5 mil 163 asesinatos de mujeres, según un estudio del Instituto Belisario Domínguez, del Senado de la República.
Un récord que ninguna entidad tiene. Ni siquiera en Chihuahua, donde los feminicidios en Juárez convirtieron a esta ciudad fronteriza en un triste referente mundial.
Tan sólo en 2016 el Sistema Nacional de Seguridad ha documentado 2 mil 148 casos de violaciones y agresiones sexuales contra mujeres en el Estado de México. Esto explica que en encuestas recientes el 31% de las habitantes de esta entidad declaren que no se sienten seguras “ni en sus casas”.
Ecatepec, el municipio más poblado del país, el epicentro de la carrera política de Eruviel Ávila, se ha convertido en los últimos años en “la capital del feminicidio” mexicano. A pesar de la alerta de género, decretada para 11 municipios desde 2015, en Ecatepec ocurrieron entre ese año y 2017 un total de 44 casos. En un solo barrio, Ciudad Cuauhtémoc, se han registrado 10 feminicidios entre 2016 y 2017. Y sólo el 18% son atendidos por la procuraduría.
A Ecatepec le siguen en orden de mayor número de feminicidios los municipios de Naucalpan (17 casos), Toluca (16), Chimalhuacán (15), Chalco (13), Ciudad Nezahualcóyotl (12), Tultitlán (11), Ixtapaluca, Nicolás Romero y Tlalnepantla (con 9 cada uno), según el recuento de casos de Mexfem, sólo para el año 2016 que suman un total de 263.
Los feminicidios, las desapariciones, los secuestros, las agresiones sexuales y la violencia intrafamiliar se han disparado en los últimos años en el Estado de México.
Una explosiva combinación de red de corrupción criminal y de misoginia institucional ha disparado el fenómeno del descontento contra el PRI que explica la acelerada pérdida de preferencias electorales de este partido que siempre promete atender el problema y solamente lo ha agravado.
Paradójicamente, la primera en mencionar e insistir en el tema fue la candidata panista Josefina Vázquez Mota. Desde febrero y marzo de este año, Vázquez Mota habló de los feminicidios y prometió en el arranque de su campaña acabar en seis meses con esta oleada de crímenes. Algo que pocos le creyeron.
Delfina Gómez, exalcaldesa de Texcoco, también ha mencionado el tema varias veces. El 4 de abril afirmó en Ecatepec: “Creció tanto esta crisis en la tierra del gobernador (Eruviel Ávila) que hoy Ecatepec es la ciudad más peligrosa en el país para ser mujer”.
Juan Zepeda, exalcalde de Neza y candidato del PRD, insistió más en este tema prometiendo generalizar la alerta de género a los 125 municipios. El 22 de mayo pasado ofreció reabrir los casos a los que les han dado carpetazo.
El priista Alfredo del Mazo, tan distante de todo y de sus propios gobernados, ha hecho declaraciones genéricas, condenando los feminicidios, desvinculándolos del tema de la corrupción. Su propuesta es una “tarjeta rosa” para la compra del voto.
“Las mujeres seguimos siendo vistas como un botín político”, advirtió Mexfem en un boletín emitido en abril de este año.
Sin embargo, distintos observadores ya adelantan que si una razón explica la debacle del PRI en su granero electoral más importante está en algo que el Grupo Atlacomulco siempre menospreció: el respeto a la vida y a la integridad de las mujeres.
Comentarios: www.homozapping.com.mx
(Tomado de PROCESO.COM.MX)

CUBADEBATE | Elecciones en Ecuador: Análisis de las estrategias electorales | Por: Alejandro Fierro, Gisela Brito 30 marzo 2017


En este artículo: Campaña electoralEcuadorEleccioneselecciones presidencialesLenín Moreno GarcésMovimiento Alianza Paísneoliberalismo

Foto tomada de celag.org
Foto tomada de celag.org
Quedan pocos días para las elecciones presidenciales en Ecuador. Las estrategias de campaña apenas van a variar. Por tanto, y con independencia del resultado final, ya se pueden extraer algunas conclusiones sobre la primera y la segunda vuelta en términos de análisis de estrategia electoral. Conclusiones que, además, pueden ser extrapolables a los procesos electorales latinoamericanos que se vislumbran en el corto y mediano plazo.
La agenda electoral del candidato neoliberal, Guillermo Lasso, se basó en la apelación al “cambio” para capitalizar el desgaste del oficialismo y la promesa-slogan de “un millón de empleos”, en tanto en los sondeos de opinión el desempleo encabeza las preocupaciones de los ecuatorianos. Pero, sin duda, lo más definitorio de su campaña ha sido la decisión estratégica de embarrar el terreno de juego. Combinando medias verdades con completas mentiras difundidas por su enorme potencia de fuego mediático, la derecha ha dibujado la imagen de un país carcomido por la corrupción y ha querido convencer al votante de que ésta debería ser su mayor preocupación.
Tanto el resultado de la primera vuelta como los diversos estudios cualitativos y cuantitativos que se vienen publicando en los últimos días, evidencian que se trata de una estrategia fallida. Las acusaciones masivas de corrupción pueden causar un efecto de desencanto con la clase política, pero apenas logran un tránsito de votos de un bloque a otro. A diferencia de lo que ocurre en Europa, el subcontinente latinoamericano tiene memoria histórica de los años del neoliberalismo. Conoce sus efectos devastadores y saben quiénes fueron los responsables. El candidato opositor, Guillermo Lasso, estará siempre asociado al feriado bancario de 1999, una quiebra en cadena del sistema financiero que fue la antesala de la salida del país de dos millones de migrantes.
Sería ingenuo pensar que la derecha ecuatoriana comete un error de cálculo. Es consciente de la insuficiencia de su estrategia. Sucede que no tiene mucho más que ofrecer. La trayectoria política de Lasso y sus escasas cualidades personales (carisma, cercanía, don de gente) explican el nivel de rechazo que genera en alrededor de dos tercios del electorado. En el plano programático, la agenda neoliberal ya no es un misterio para nadie, máxime tras los ejemplos de Argentina y Brasil, donde Mauricio Macri y Michel Temer están desmantelando en pocos meses todo lo construido en la última década. Pero, aunque su recetario sea completamente previsible, no se puede permitir el lujo de explicitarlo. Sería perder la batalla antes de comenzar. Por eso recurre a la máquina del fango.
Lenín Moreno, representante de Alianza País en las elecciones de Ecuador. Foto: AFP.
Lenín Moreno, representante de Alianza País en las elecciones de Ecuador. Foto: AFP.
Lo peor que hubiera podido hacer Lenín Moreno habría sido sumarse a esa ceremonia de la confusión. Pero el candidato de Alianza PAIS se ha mantenido al margen de los intentos de arrastrarle a la ciénaga. Ha hecho bien. En términos electorales, el argumento de la corrupción resultó efectivo para instalar en los últimos meses un clima de opinión adverso al oficialismo. Pero su efecto se amortizó en la primera vuelta. Ya no va a cambiar el sentido de ningún voto.
Para Moreno, en cambio, el objetivo primordial en esta elección es llegar a esa franja “blanda” del electorado que supone aproximadamente un 10% y que demanda soluciones concretas a problemas muy cotidianos relacionados con la economía doméstica, el empleo, la salud o la educación. Es un voto poco o nada ideologizado y que viene de respaldar en anteriores comicios a Alianza PAIS por la incuestionable mejora de su calidad de vida. Sin embargo, la percepción de que ese bienestar está amenazado como consecuencia de la crisis le hace replantearse su apoyo. Atrayendo a este sector, la victoria del candidato aliancista estaría asegurada.
A este grupo no se llega con campañas de desprestigio ni removiendo los peores estereotipos sobre la clase política. De hecho, las encuestas revelan su creciente fatiga ante la pugna partidaria. Demanda propuestas concretas y eficaces. Y esta realidad ecuatoriana es trasladable a otros países latinoamericanos, donde en contextos económicos regresivos la población reclama soluciones para no perder lo logrado en estos años. El pasado neoliberal les suena demasiado lejano.
Los procesos progresistas latinoamericanos han demostrado su eficacia a la hora de mejorar la vida de las mayorías populares. Nada hace pensar que no tengan la misma capacidad de hacer propuestas de futuro sólidas y factibles. Por eso es importante tener claros cuáles son los objetivos de una campaña y no caer en el lodazal que promueve la derecha.

Artículo de Ricardo Alarcón sobre las elecciones en Ecuador

El próximo domingo los ecuatorianos deberán decidir si regresan a aquella etapa dolorosa o continúan avanzando por el camino de la Revolución Ciudadana iniciado por el Presidente Rafael Correa hace diez años con un saldo muy importante en cuanto a una más justa redistribución del ingreso nacional, que sacó de la miseria a dos millones de personas y muestra progresos notables en materia de educación y salud pública, una admirable obra en caminos, transporte y comunicaciones y sobre todo, el rescate de la soberanía nacional y un Gobierno limpio y dedicado al beneficio de las mayorías.

(Tomado de Celag)

The New York Times | ANÁLISIS > El ‘brexit’ ya comenzó, ¿cuáles serán las consecuencias políticas para Europa? | Por STEVEN ERLANGER 29 marzo 2017


Una manifestación a favor de Europa el 25 de marzo en Londres CreditDaniel Leal-Olivas/Agence France-Presse — Getty Images

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El Reino Unido dio un paso hacia la incertidumbre y, posiblemente, hacia el abismo este 29 de marzo.
En un día que coincidieron rituales sosos con un hecho histórico innegable, el gobierno británico comenzó formalmente su salida de la Unión Europea al entregar una carta a Bruselas, seguido por un discurso de la primera ministra Theresa May ante el parlamento. Ahora empiezan dos años de trámites de divorcio, con un resultado que es poco claro pero con negociaciones que podrían ser contenciosas y rencorosas.
El bloque europeo pierde por primera vez a un integrante, que además es la segunda mayor economía de la UE. La arquitectura multilateral que ha dado forma al mundo occidental desde la Segunda Guerra Mundial sufre así un severo golpe y abundan las preguntas sobre si el aparente giro hacia el nacionalismo marca el inicio de una era global más volátil.
La salida del bloque europeo ya ha llevado al Reino Unido a mirar hacia dentro, con un enfoque en las incertidumbres sobre si podrá mantener el acceso al mercado unificado europeo, demandas para controlar las fronteras e impedir la inmigración y una insistencia en “recuperar la soberanía”.
Los temas de soberanía nacional y restricciones migratorias resuenan en todo el Viejo Continente, por lo que muchos ven la salida británica como un presagio peligroso para el resto de la Unión Europea. Los británicos votaron por dejar la Unión Europea en junio pasado y, meses después, la elección de Donald Trump como presidente estadounidense solo fortaleció el sentimiento de que se esparcía un movimiento contra la política tradicional.

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La primera ministra Theresa May afuera de 10 Downing Street el miércoles 29 de marzoCreditDan Kitwood/Getty Images

Pocos predijeron el brexit y muchos menos pensaron que la victoria de Trump sucedería. Pero tampoco pudieron prever que la Unión Europea, aunque herida y algo disfuncional, esté lejos de morir. Los partidos populistas han caído en las encuestas en Alemania y tuvieron resultados peores de los esperados en las elecciones de este marzo en Países Bajos, donde se pensaba que Geert Wilders podría convertirse en primer ministro. Los sondeos en varios países europeos muestran que hay descontento con el bloque pero que hay pocos deseos de que se desmorone.
En diciembre, los austriacos eligieron por un margen reducido a un presidente proeuropeo, Alexander Van der Bellen, por encima del ultraderechista Norbert Hofer del Partido de la Libertad. En España, los populistas de izquierda de Podemos quedaron por debajo de lo que los sondeos estimaban en las elecciones del año pasado y el primer ministro conservador Mariano Rajoy mantuvo el poder.
Tras ver las consecuencias del referendo del brexit y del voto presidencial estadounidense –la división política, la caída de la libra esterlina y los tropiezos de la Casa Blanca–, la pregunta es si los europeos han recobrado la sobriedad. Aunque todavía está por verse qué sucederá en Francia durante abril: los partidos tradicionales han hecho implosión y, si gana, la ultranacionalista de derecha Marine Le Pen ha prometido sacar a Francia de la UE. Por ahora, el proeuropeo Emmanuel Macron encabeza las encuestas.
Antes de las elecciones en Alemania, la canciller Angela Merkel se mantiene arriba en los sondeos y su principal contrincante ya no parece ser el partido antieuro y antimigrantes Alternativa para Alemania, sino el proeuropeo Martin Schulz, exdirigente del Parlamento Europeo.
Entre tanto, se puede estimar que los ganadores de la volatilidad actual incluyen a Rusia y China, países que pueden ejercer más poder de negociación con capitales europeas de manera individual que con un bloque unificado.
“El brexit sin duda fortalece los procesos de desintegración que ya hay en la UE, lo que le da un impulso a Rusia”, dijo James Nixey, encargado del programa de Rusia y Eurasia del grupo de investigación Chatham House. “La UE es más poderosa que un actor singular, incluso Alemania, por lo que, si algo debilita a ese rival en los términos de juegos de suma cero bajo los que se maneja Rusia, la voz rusa en Europa sale fortalecida”.
Pero incluso en Bulgaria, el país de la UE donde se considera que Moscú tiene mayor influencia, los votantes respaldaron al partido proeuropeo y de centroderecha en las elecciones recientes.

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El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, con la carta de intención británica para dejar la Unión Europea CreditYves Herman/Reuters

El Reino Unido, por su lado, se enfrenta a crecientes divisiones. El martes, menos de 24 horas antes de que May enviara la carta que invoca el artículo 50 del Tratado de Lisboa para la salida del bloque, el parlamento escocés votó para exigir un nuevo referendo de independencia. Es poco factible que una votación así suceda pronto, pues es necesaria la aprobación del gobierno británico en Westminster, pero el creciente nacionalismo en Escocia es un recordatorio de que a Londres le podría tocar una cucharada de su propia medicina.
El futuro es difícil de predecir. Algunos prevén que el país se convierta en una versión europea de Singapur, soberana tras su separación de los Estados que componen a Malasia y respetada a nivel mundial como un socio comercial importante. Otros advierten que el Reino Unido podría quedar más aislado, especialmente si los líderes europeos quieren desincentivar acciones similares al brexit.
“Hay un imperativo político para que el brexit no sea visto como un éxito”, dijo Mark Leonard, director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, “porque cada gobierno en Europa enfrenta hasta cierto punto a nacionalistas en resurgimiento que serían inspirados o fomentados por un éxito así”.
En miras de mantener a flote el rol británico en el mundo, May ha girado hacia Donald Trump. Él y su principal asesor político, Stephen Bannon, son escépticos frente al multilateralismo, el libre comercio y las “alianzas involucradas”. La OTAN se podría mantener por su rol de seguridad (si todos pagan la cuota), pero la Unión Europea y las Naciones Unidas son un ejemplo del mundo que Trump y Bannon quieren desmantelar o, al menos, debilitar.
“El Reino Unido está zarpando hacia el mar”, dijo Leonard, “pero no encontrará a muchos con los brazos extendidos”, listos para recibirlos.
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The New York Times | THE UPSHOT > Para entender la situación económica, busca a un sociólogo | Por NEIL IRWIN 27 marzo 2017


CreditWren McDonald

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Si caminas media calle en el centro de Washington, es casi seguro que pasarás junto a un economista. La gente con instrucción avanzada en ese campo moldea las políticas en temas tan variados como la manera en que se proporcionan los servicios de salud, las licitaciones de licencias de radiodifusión y transmisión televisiva, o las regulaciones sobre la contaminación ambiental.
No obstante, podría haber una desventaja en el hecho de que esta disciplina académica tenga tanta primacía en la elaboración de las políticas públicas.
Dicen que si solo tienes un martillo, cualquier problema te parece un clavo. El riesgo es que cuando todos los asesores de políticas son economistas, todos los problemas parecen reducirse a un inadecuado PIB per cápita.
Hay otra disciplina académica que podrá no contar con la atención de los presidentes pero quizá podría explicar mejor en realidad qué ha fallado en grandes espacios de Estados Unidos y otras naciones avanzadas en los últimos años.
Los sociólogos pasan su carrera tratando de entender cómo funcionan las sociedades. Algunos de los problemas más apremiantes en varios países pueden reflejarse en datos económicos como niveles bajos de empleo y salarios estancados, pero también son evidentes en las tasas elevadas de depresión, drogadicción y muerte prematura. En otras palabras, la economía solo es una pieza del más amplio problema de la sociedad. Así que quizá valdría la pena escuchar a las personas que estudian justo eso.
“Una vez que los economistas tienen la atención de los funcionarios de Washington, los convencen de que las únicas preguntas que vale la pena hacerse son aquellas que los economistas tienen la capacidad de resolver”, dijo Michèle Lamont, una socióloga de Harvard y presidenta de la American Sociological Association. “No quiero decir que se reste importancia a lo que hacen. Simplemente se trata de que muchas de las respuestas que ellos dan son muy parciales”.
A modo de correctivo, me sumergí en algunas investigaciones sociológicas con un enfoque particular en los grandes problemas enfrentados hoy en día por las comunidades en países avanzados, para entender el tipo de lecciones que este campo puede ofrecer.
Para empezar, mientras que los economistas tienden a considerar un empleo como un intercambio directo de trabajo por dinero, una buena parte de la investigación sociológica muestra lo vinculado que está el trabajo con un sentido de propósito e identidad.
“Los sueldos son muy importantes porque, desde luego, ayudan a que las personas vivan y mantengan a sus familias”, señala Herbert Gans, un profesor emérito de Sociología de la Universidad de Columbia. “Pero lo que los valores sociales pueden hacer es decir que el desempleo no se trata solo de perder un sueldo, sino de perder la dignidad y la autoestima, el sentido de utilidad y todas las cosas que hacen que los seres humanos se sientan felices y capaces de funcionar”.
Eso parece ser todavía más cierto en Estados Unidos. Por ejemplo, Ofer Sharone, un sociólogo de la Universidad de Massachusetts en Amherst, estudió el desempleo entre los profesionistas y encontró que los estadounidenses consideraban su capacidad de asegurar un empleo como un reflejo personal de su valor como personas. Por lo tanto reaccionaban muy mal al rechazo, con frecuencia culpándose a sí mismos y en muchos casos dejando de buscar trabajo. En contraste, en Israel los profesionistas veían conseguir un empleo como algo más relacionado con ganar la lotería y se descorazonaban menos por un rechazo.
Sharone trabaja con terapeutas laborales con el fin de explorar cómo usar este hallazgo para ayudar a los desempleados de mucho tiempo.
Jennifer M. Silva, de la Universidad Bucknell, ha estudiado en años recientes a jóvenes adultos trabajadores y ha encontrado un profundo sentimiento de inseguridad económica en la que los marcadores tradicionales de adultez, como comprar una casa, casarse y asegurar un empleo, se perciben como fuera de alcance.
Junta esas lecciones y podrías pensar que la nostalgia económica que alimentó la campaña presidencial de Donald Trump no tenía que ver tanto con la pérdida de ganancias por los desaparecidos empleos en fábricas. Más bien, puede ser que la economía industrial ofrecía a los obreros un sentido de identidad y propósito que la moderna economía de servicios no les da.
La sociología también ofrece lecciones importantes acerca de la pobreza que la economía no brinda por sí sola. Evicted, un libro muy celebrado del sociólogo de Harvard Matthew Desmond, muestra cómo el riesgo siempre presente de perder una casa genera inseguridad y pesimismo entre los estadounidenses pobres.
Va en contra de la tendencia pensar en una política de viviendas solo como una cuestión de cuáles subsidios van a quiénes y qué incentivos deben darse para alentar a los bancos a hacer préstamos en vecindarios pobres. Todo eso es importante, por supuesto, pero en realidad no aborda el abrumador desafío de la inseguridad que afecta a millones de personas.
Asimismo, una gran cantidad de investigaciones sociológicas trata sobre la noción de la estigmatización, incluyendo a los pobres y las minorías raciales. Deja en claro que hay problemas más difíciles de resolver acerca de estos asuntos que simplemente eliminar la discriminación que se da de manera abierta.
Es una cosa, por ejemplo, prohibir la discriminación en la vivienda por motivos raciales. Pero si los corredores de bienes raíces y los posibles vendedores de una casa rechazan sutilmente a unos compradores pertenecientes a una minoría, el efecto no cambia. El profesor Gans, de Columbia, ha sostenido durante décadas que la estigmatización de los estadounidenses pobres alimenta la pobreza persistente y arraigada.
Si existiera el Consejo de Asesores Sociales de la Casa Blanca, uno de sus grandes retos sería convertir algunos de estos hallazgos en propuestas reales de políticas que podrían ser de ayuda.
Tratar de resolver los problemas sociales es una tarea mucho más compleja que trabajar para mejorar los resultados económicos. Es relativamente claro cómo un cambio en las políticas hacendarias o un ajuste a las tasas de intereses pueden hacer que la economía crezca más rápido o más lento. Es menos obvio lo que puede hacer el gobierno, si acaso, para cambiar fuerzas impulsadas por la psique humana.
Sin embargo, hay un riesgo de que un círculo vicioso esté funcionando. “Cuando nadie nos pide consejo, no hay un incentivo para convertirnos en una esfera de la política”, dijo el profesor Gans.
Puede ser cierto que estas lecciones sobre la identidad y la comunidad no se transformen de inmediato en informes gubernamentales de políticas ni en planes de cinco pasos, pero una comprensión más profunda de ellas ciertamente podría ayudar a quienes elaboran las políticas.
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Diario UChile | Trump: incertidumbre, dilema y perplejidad | Sergio Rodriguez G. 10 febrero 2017


Sergio Rodríguez Gelfenstein


Al comenzar el año, alguien me preguntó qué pensaba en relación a cómo se iban a desarrollar las relaciones internacionales este año, sobre todo después de la entronización de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos. En ese momento contesté que pensaba –y sigo pensando- que por mucho tiempo la característica fundamental que actuará como eje del comportamiento de los principales actores internacionales, -y con ello, de la mayoría de los mismos- se será entre la incertidumbre, la indecisión y el dilema, hasta llegar a la perplejidad y el titubeo.

Con el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba se observó que, después de esa decisión, y sobre todo posterior al viaje del presidente Obama a La Habana, una gran cantidad de líderes de occidente y sus “aliados” comenzaron a desfilar por la capital de la mayor de las Antillas-. Fue evidente que todos ellos necesitaban una señal desde Washington para tomar sus propias decisiones de política exterior. En esa medida, la incertidumbre y la permanente duda respecto de las intenciones reales del Presidente Trump, que pareciera todavía moverse en términos más emocionales que políticos, “inundan” la cotidianidad de la mayoría de las cancillerías “subordinadas”, que esperan una “señal del cielo” para saber si sacan o no sus paraguas, a fin de capear posibles temporales.

El mundo de hoy se mueve en medio de paradojas, algunas bastante risibles, otras verdaderamente ridículas. Me viene a la memoria: “CNN miente” lo dijo Trump, antes, cuando la evidencia de tal afirmación la hacían otros, sobrevenía de inmediato la acusación de haber configurado un “atentado a la libertad de expresión”, de manifestar “opiniones absurdas de quienes les hacen el juego al terrorismo” o simplemente “mentes afiebradas, que continúan añorando al comunismo”; “Estados Unidos se retira del TPP”, también lo dijo el presidente estadounidense y el mundo se quedó mudo. Los rastreros presidentes de América Latina que forman parte del tratado (Chile, Perú y Colombia) guardaron “respetuoso” silencio y de repente recordaron que China los podía salvar y cual gusanos se arrastraron a buscar a un nuevo amo que los librara de la debacle.

En otro ámbito, en el colmo del paroxismo, el presidente español, sin que nadie se lo pidiera, se ofreció como intermediario entre el gobierno de Estados Unidos y los de América Latina. ¿Será que se le olvidó que desde hace casi dos siglos somos naciones independientes, que cada una de ellas, salvo Brasil, tiene gobiernos democráticamente elegidos y que todas tienen relaciones con Estados Unidos? En fin, son las nuevas cosas que motiva Donald Trump y que tienen al mundo de cabeza.

Desde el mismo momento de la selección de sus colaboradores más cercanos se comenzaron a enunciar diferencias respecto del “natural” comportamiento de un presidente de Estados Unidos. En sus audiencias de confirmación ante el Senado, algunos de ellos (sobre todo quienes tienen las responsabilidades más relevantes) manifestaron opiniones discordantes con las de su jefe. Ante la polvareda que se levantó, el propio Trump aclaró que sus colaboradores pueden manifestar libremente sus opiniones. En lo que a política exterior se refiere, se revelaron posiciones encontradas respecto a las relaciones con Rusia, Irán, y China, la política en el Medio Oriente, desarme nuclear y cambio climático entre algunos temas más relevantes. Esto fue un adelanto de lo que se venía.

Lo cierto es que han pasado tres semanas y no hay claridad respecto del futuro, a pesar que se tomaron algunas medidas que han copado el mundo informativo por lo novedoso respecto del pasado, a la ambigüedad se vino a sumar la contradicción como rasgo siempre presente: aún no es claro cómo se manejara la relación con Rusia, cuando la misma se ha movido entre la aparente afabilidad de sus líderes y el mantenimiento de las sanciones que acompañan el pensamiento radical de los principales personeros del gobierno de Estados Unidos. Rusia está haciendo su contribución, sus dirigentes han flexibilizado el lenguaje y sus medios de comunicación, sin bajar la guardia, asumen una mayor moderación en sus aseveraciones, si embargo, en el contexto actual, esto no asegura nada.

Con respecto a China, lo mismo, una inusitada agresividad que se ve apaciguada repentinamente. Otro tanto ha ocurrido con Irán. En fin, no se sabe qué pensar. Cuando uno ve las fotos de Trump sentado en la punta de una silla conversando con sus colegas del mundo, da la impresión que está apurado, que en cualquier momento puede concluir el dialogo (como ya ha ocurrido) y que tales conversaciones son sólo expresión de una formalidad.

El caso de China es uno de los más patentes en este sentido, después de haber dicho hace solo un mes que no se comprometería a un acuerdo de largo plazo sobre Taiwán, condicionándolo al progreso en la políticas monetarias y comerciales de Beijing, y afirmando que “todo puede ser objeto de negociación”, incluyendo la aceptación de la política de “una sola China” base fundamental para el sostenimiento de relaciones diplomáticas con el gigante asiático, lo cual trajo la repulsa y el rechazo del gobierno de ese país, ahora, en una conversación directa sostenida con el presidente Xi Jinping, el pasado jueves 10, Trump se comprometió a respetar esa política, afirmando que China y su país acercarán posiciones y que de ello saldrán resultados positivos para todos, lo cual generó gran alivio en la comunidad internacional. Sin embargo, al día siguiente, Federica Mogherini, alta representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE), principal aliada de Estados Unidos durante una visita a Washington, le ha instado a “no interferir” en la política de los países comunitarios, creando una nueva fricción en el escenario.

En el trasfondo, todas estas acciones son expresión de un remezón profundo en el sistema que no se puede ser obviado en el análisis. Hay causas estructurales que pueden explicar la victoria de Trump, a pesar que se conocían sus opiniones de antemano, las cuales fueron expuestas muy transparentemente durante la campaña. Y ahí, tal vez resida el malestar del establishment, que está acostumbrado a actuar en “lo oscurito”. Obama no dijo que iba a construir el muro en la frontera con México pero “adelantó” 1100 Km. Trump dijo que no iba a cerrar la cárcel ilegal de Guantánamo y apoyó abiertamente el mantenimiento de la tortura como método para obtener información. Obama, por el contrario aseguró que iba a cerrar Guantánamo y no lo hizo, y mientras rechazaba la aplicación de apremios ilegítimos, sus fuerzas armadas y agencias de seguridad los siguieron utilizando. Obama repudió, siempre que pudo, al terrorismo islámico mientras lo apoyaba clandestinamente con armamento, entrenamiento y cobertura. Trump ha dicho que es imprescindible una alianza con Rusia para derrotar al Estado Islámico. Pronto seremos testigos, de si la continuidad o el cambio es lo que marcará la política del nuevo presidente en este ámbito.

Por ahora, lo que sí se puede afirmar es que la victoria de Trump al menos ha puesto en entredicho tres pilares que caracterizan la visión occidental de la política: 1. La democracia representativa como verdad universal. Falso, En Estados Unidos solo votó la mitad de la población y la minoría obtuvo el triunfo, por tanto, la democracia no es necesariamente el gobierno de la mayoría ni necesita de la participación ciudadana para ser legal. 2. Los tratados de libre comercio son la panacea de la economía global y el neoliberalismo la solución de los problemas de la humanidad. Falso, Trump, el magnate presidente se demoró una semana en echar abajo parte importante de este edificio, mientras sus adláteres de todo el mundo buscan desesperadamente al Fidel Castro culpable de esta debacle y 3. El respeto a los derechos humanos es el instrumento fundamental para hacer respetar la ley en el planeta y dentro de ella, el elemento fundacional es la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Falso, el presidente de Estados Unidos se permite abiertamente decir que puede hacer lo que le parezca y pasar por encima de los principios fundamentales del derecho, si el interés de Estados Unidos, así lo amerita.


Este es el escenario…vamos a ver qué pasa.