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The New York Times | VIAJES >> Un antiguo y majestuoso barrio de Santiago de Chile abre sus puertas | Por NICHOLAS GILL 7 de junio de 2017


El Centro Gabriela Mistral, dedicado al arte, fue inaugurado en 2010. CreditVictor Ruiz Caballero for The New York Times


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Hasta hace unos años, nunca había dedicado tiempo durante mis visitas anuales a Santiago de Chile al vecindario de Lastarria, un distrito residencial costoso y de estilo Época bella ubicada a las afueras del centro. En cambio, transitaba por tres vecindarios centrales: comía en Vitacura, tomaba una copa en Bellavista y dormía en Providencia.
Lastarria, un barrio triangular cerrado parcialmente al tránsito por el cerro Santa Lucía hacia el oeste y el parque Forestal hacia el norte, estaba fuera de mi radar. Hace poco, sin embargo, con la apertura de seis hoteles solo en los dos últimos años —sin mencionar decenas de tiendas y restaurantes nuevos— ese vecindario es el lugar donde todos quieren estar.
Las sinuosas calles adoquinadas y la arquitectura regia de Lastarria representan un marcado contraste con los distritos comerciales con edificios altos del este, donde se concentran la mayoría de los hoteles de Santiago. Tiene encantadores cafés como el Colmado Coffee & Bakery, que abrió un restaurante de servicio completo en el segundo piso el año pasado, y las vinaterías que comercializan los productos de viñas independientes han ido abriendo sus puertas a un ritmo vertiginoso. Varios hoteles boutique se han adueñado de edificios del siglo XIX, al tiempo que satisfacen exigencias modernas, como piscinas en la azotea y certificaciones LEED.

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Alguna vez fue un destacado enclave intelectual y bohemio, pero Lastarria perdió gran parte de su esplendor a lo largo de la segunda mitad de siglo conforme se erigían más suburbios modernos lejos del centro a donde se mudaron varios de los entonces habitantes de Lastarria. En 1997, la ciudad lo reconoció como distrito histórico, con lo que fomentó la conservación de su legado arquitectónico. En 2002, surgió un mercado de antigüedades y libros usados que se instala de jueves a domingo en la plaza Mulato Gil de Castro, la cual solo puede recorrerse a pie.

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Una calle en Lastarria, un distrito con arquitectura de la Época bella ubicado en los límites del centro de Santiago CreditVíctor Ruiz Caballero para The New York Times

En 2010 fue inaugurado el Centro Gabriela Mistral, cubierto de acero corten y concreto reforzado, y comenzó a atraer a amantes de los conciertos y el teatro, junto con otras atracciones culturales, como el Museo de Artes Visuales. El goteo de visitantes ha pasado a inundar el vecindario y ahora gran parte de Lastarria se ha convertido en el mejor lugar de la ciudad para sentarse a observar a la gente.

“Es un vecindario muy vigoroso porque muestra una nueva cara de Santiago”.
SABRINA TETTAMANTI, GERENTE GENERAL DEL HOTEL SINGULAR SANTIAGO

Durante los últimos cuatro años, Ñam, el festival culinario anual de Santiago, ha adoptado como su sede las calles de Lastarria y el adyacente cerro Santa Lucía, con su castillo en la cima. El festival de 2017, celebrado a finales de marzo, atrajo al vecindario a 45.000 personas a lo largo de cuatro días. “Lastarria tiene más de seis museos concentrados en diez manzanas, además de teatros, cines y salas de exhibición”, dijo Rafa Rincón, uno de los fundadores del evento. “Al mismo tiempo hay cerca de 25 restaurantes y sentimos que podríamos ayudar al crecimiento y fomentar el espíritu de colaboración que buscaba Ñam”.

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Al interior del Centro Gabriela Mistral CreditVíctor Ruiz Caballero para The New York Times

Muchos turistas nunca se aventuraron a ir a Lastarria puesto que no ofrecía alojamiento. Además de un par de hoteles en el vecindario más bohemio de Bellavista, el hospedaje de lujo en Santiago por lo general significaba hospedarse en alguna cadena internacional en una torre en Providencia o Las Condes, como el Ritz Carlton o el W. Ahora Lastarria está repleto de opciones.
Entre ellos está el Lastarria Boutique Hotel: 14 habitaciones en una casa estilo palacete con pisos de mármol y una escalera sinuosa, y el refinado Luciano K, con 38 habitaciones, un elevador de hierro fundido, un lounge en el techo y una piscina climatizada con vista al parque Forestal. Ubicado justo afuera del límite del distrito, el Hotel Magnolia, de 42 habitaciones, añadió tres pisos cubiertos con una moderna fachada de vidrio por encima de una mansión de principios del siglo XX; mientras que en la plaza Mulato Gil de Castro está el Cumbres, de 70 habitaciones, con su llamativa fachada de concreto, un bar de tapas en la planta baja y enormes cabeceras con réplicas de pinturas del siglo XIX inspiradas en la herencia cultural chilena.
A unas cuantas cuadras, el Singular Santiago es la segunda propiedad de esa lujosa marca chilena, que a finales de 2011 inauguró un hotel en la Patagonia, dentro de una antigua planta procesadora de lana, que es considerado uno de los mejores hoteles en Sudamérica. El que está ubicado en Santiago –un edificio nuevo con una fachada de ladrillos, piedra y acero que combina con las construcciones a su alrededor– cuenta con un spa de 280 metros cuadrados, un restaurante francés de cocina de temporada, una alberca en la azotea y un bar con una extensa vista al horizonte de la ciudad.
“Es un vecindario muy vigoroso porque muestra una nueva cara de Santiago”, dijo Sabrina Tettamanti, gerente general del hotel. “Es más local, más genuino y está muy de moda”.

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The New York Times | VIAJES > Un antiguo y majestuoso barrio de Santiago de Chile abre sus puertas | Por NICHOLAS GILL 7 de junio de 2017


El Centro Gabriela Mistral, dedicado al arte, fue inaugurado en 2010. CreditVictor Ruiz Caballero for The New York Times

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Hasta hace unos años, nunca había dedicado tiempo durante mis visitas anuales a Santiago de Chile al vecindario de Lastarria, un distrito residencial costoso y de estilo Época bella ubicada a las afueras del centro. En cambio, transitaba por tres vecindarios centrales: comía en Vitacura, tomaba una copa en Bellavista y dormía en Providencia.
Lastarria, un barrio triangular cerrado parcialmente al tránsito por el cerro Santa Lucía hacia el oeste y el parque Forestal hacia el norte, estaba fuera de mi radar. Hace poco, sin embargo, con la apertura de seis hoteles solo en los dos últimos años —sin mencionar decenas de tiendas y restaurantes nuevos— ese vecindario es el lugar donde todos quieren estar.
Las sinuosas calles adoquinadas y la arquitectura regia de Lastarria representan un marcado contraste con los distritos comerciales con edificios altos del este, donde se concentran la mayoría de los hoteles de Santiago. Tiene encantadores cafés como el Colmado Coffee & Bakery, que abrió un restaurante de servicio completo en el segundo piso el año pasado, y las vinaterías que comercializan los productos de viñas independientes han ido abriendo sus puertas a un ritmo vertiginoso. Varios hoteles boutique se han adueñado de edificios del siglo XIX, al tiempo que satisfacen exigencias modernas, como piscinas en la azotea y certificaciones LEED.
Alguna vez fue un destacado enclave intelectual y bohemio, pero Lastarria perdió gran parte de su esplendor a lo largo de la segunda mitad de siglo conforme se erigían más suburbios modernos lejos del centro a donde se mudaron varios de los entonces habitantes de Lastarria. En 1997, la ciudad lo reconoció como distrito histórico, con lo que fomentó la conservación de su legado arquitectónico. En 2002, surgió un mercado de antigüedades y libros usados que se instala de jueves a domingo en la plaza Mulato Gil de Castro, la cual solo puede recorrerse a pie.
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Una calle en Lastarria, un distrito con arquitectura de la Época bella ubicado en los límites del centro de Santiago CreditVíctor Ruiz Caballero para The New York Times
En 2010 fue inaugurado el Centro Gabriela Mistral, cubierto de acero corten y concreto reforzado, y comenzó a atraer a amantes de los conciertos y el teatro, junto con otras atracciones culturales, como el Museo de Artes Visuales. El goteo de visitantes ha pasado a inundar el vecindario y ahora gran parte de Lastarria se ha convertido en el mejor lugar de la ciudad para sentarse a observar a la gente.
“Es un vecindario muy vigoroso porque muestra una nueva cara de Santiago”.
SABRINA TETTAMANTI, GERENTE GENERAL DEL HOTEL SINGULAR SANTIAGO
Durante los últimos cuatro años, Ñam, el festival culinario anual de Santiago, ha adoptado como su sede las calles de Lastarria y el adyacente cerro Santa Lucía, con su castillo en la cima. El festival de 2017, celebrado a finales de marzo, atrajo al vecindario a 45.000 personas a lo largo de cuatro días. “Lastarria tiene más de seis museos concentrados en diez manzanas, además de teatros, cines y salas de exhibición”, dijo Rafa Rincón, uno de los fundadores del evento. “Al mismo tiempo hay cerca de 25 restaurantes y sentimos que podríamos ayudar al crecimiento y fomentar el espíritu de colaboración que buscaba Ñam”.
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Al interior del Centro Gabriela Mistral CreditVíctor Ruiz Caballero para The New York Times
Muchos turistas nunca se aventuraron a ir a Lastarria puesto que no ofrecía alojamiento. Además de un par de hoteles en el vecindario más bohemio de Bellavista, el hospedaje de lujo en Santiago por lo general significaba hospedarse en alguna cadena internacional en una torre en Providencia o Las Condes, como el Ritz Carlton o el W. Ahora Lastarria está repleto de opciones.
Entre ellos está el Lastarria Boutique Hotel: 14 habitaciones en una casa estilo palacete con pisos de mármol y una escalera sinuosa, y el refinado Luciano K, con 38 habitaciones, un elevador de hierro fundido, un lounge en el techo y una piscina climatizada con vista al parque Forestal. Ubicado justo afuera del límite del distrito, el Hotel Magnolia, de 42 habitaciones, añadió tres pisos cubiertos con una moderna fachada de vidrio por encima de una mansión de principios del siglo XX; mientras que en la plaza Mulato Gil de Castro está el Cumbres, de 70 habitaciones, con su llamativa fachada de concreto, un bar de tapas en la planta baja y enormes cabeceras con réplicas de pinturas del siglo XIX inspiradas en la herencia cultural chilena.
A unas cuantas cuadras, el Singular Santiago es la segunda propiedad de esa lujosa marca chilena, que a finales de 2011 inauguró un hotel en la Patagonia, dentro de una antigua planta procesadora de lana, que es considerado uno de los mejores hoteles en Sudamérica. El que está ubicado en Santiago –un edificio nuevo con una fachada de ladrillos, piedra y acero que combina con las construcciones a su alrededor– cuenta con un spa de 280 metros cuadrados, un restaurante francés de cocina de temporada, una alberca en la azotea y un bar con una extensa vista al horizonte de la ciudad.
“Es un vecindario muy vigoroso porque muestra una nueva cara de Santiago”, dijo Sabrina Tettamanti, gerente general del hotel. “Es más local, más genuino y está muy de moda”.
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The New York Times | VIAJES > Consejos para ser ecoturista | Por ELAINE GLUSAC 2 de junio de 2017


Ojima Abalaka


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Las Naciones Unidas proclamaron el 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, con la finalidad de promover un cambio positivo en los viajes en relación con la inclusión social, la protección ambiental y la igualdad económica.
Pero ¿eso qué significa para el viajero común y corriente que está planeando sus vacaciones de verano? Que hay que hacer tarea. Aunque este año la ONU tienen una lista de foros, charlas y conferencias sobre turismo sostenible, serán los viajeros quienes tendrán que decidir entre las buenas y malas prácticas, si ser indiferentes o absolutamente cínicos.
“El problema con los consejos de viajes es que requieren un poco de trabajo”, comentó Martha Honey, directora ejecutiva de Center for Responsible Travel (Crest), una organización sin fines de lucro en Washington. “No hay una página web única y confiable que lo abarque todo. Se requiere algo de investigación, pero eso puede ayudar a enriquecer el viaje porque aprendemos sobre el destino a medida que investigamos”.

Transporte 
La sostenibilidad es un término de amplio espectro que está relacionado con la economía, las comunidades y el medio ambiente. Al hacer planes hay que pensar en estos tres aspectos.
Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, el transporte representa el 27 por ciento de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero, que son los que atrapan el calor y calientan al planeta. El transporte, que incluye todo desde el traslado de alimentos hasta los viajes compartidos en automóvil, ocupa el segundo lugar de esas emisiones, solo por debajo de la producción de electricidad.
El remedio no es dejar de viajar sino “hacerlo de forma más inteligente”, comentó Honey. “Hay que buscar máquinas más grandes y que usen el combustible de manera más eficiente. Traten de viajar sin hacer escalas. Subir y bajar genera más emisiones. Además, hay alternativas como los trenes y autobuses por las que pueden optar. Traten de no tomar vuelos para recorridos cortos”.
Algunas líneas aéreas como United Airlines y compañías que organizan travesías como AdventureSmith Explorations ofrecen calculadoras de huellas de carbono en sus sitios web que permiten a los viajeros determinar el impacto de su viaje y hacer una donación proporcional en sus páginas web para los proyectos de reducción de carbono, como la agricultura eólica y la reforestación. La compañía turística británica Wild Frontiers ya incluye una cuota para compensar las emisiones de carbono en sus tarifas aéreas.
Los costos dependen de los programas que apoyan. En United, el viaje redondo de casi 7300 kilómetros entre Buenos Aires y Ciudad de México puede compensarse actualmente con una donación de 16,62 dólares a un proyecto de agricultura eólica, o 19,94 para ayudar a proteger un bosque en Perú.
Natural Habitat Adventures, que se especializa en excursiones en entornos naturales, incluye en sus precios el costo de compensar las emisiones de carbono del viaje por tierra —desde transferencias del aeropuerto hasta la electricidad utilizada en el hotel—. Se invita a compensar las emisiones del transporte aéreo, pero esto es opcional.
“La compensación de las emisiones de carbono es una forma creativa de impulsar el financiamiento a los grandes proyectos de conservación que ayudan a la Tierra”, explicó Ted Martens, vicepresidente de mercadotecnia y sustentabilidad de Natural Habitat.

Operaciones amigables con el ambiente

Al igual que Natural Habitat, la compañía de recorridos Intrepid Travel también compensa las emisiones de carbono de sus operaciones tanto en los viajes como en sus oficinas. Sin embargo, en el caso de viajeros en solitario, seleccionar hospedaje y actividades sostenibles sigue siendo una tarea que va más allá de los certificados y la evaluación de promesas ecológicas.
Costa Rica y Australia se encuentran entre los países que certifican cuán ecológicos son sus hoteles y atracciones turísticas.
Costa Rica, por ejemplo, le otorga una hoja verde, el reconocimiento mínimo, a un programa de natación con delfines, y cinco, el premio máximo, al operador ecológico de recorridos Osa Wild.
Para evaluar un programa de certificación, asegúrate si ya lo revisó el Consejo Mundial de Turismo Sostenible, un organismo independiente sin fines de lucro que estableció las normas para la sustentabilidad en los viajes. “Son como una especie de policías de la industria del turismo sostenible”, explicó Honey.
Responsible Travel, una agencia británica que se especializa en las vacaciones sostenibles, otorga los Premios de Turismo Responsable con el Mundo que son otra buena fuente para descubrir operadores ecológicos.
Al buscar un hotel, los viajeros deben preguntar sobre prácticas ambientales. Alila Hotels & Resorts en Bali se propone estar libre de desechos para julio. Inkaterra compensa el impacto de sus hoteles en Perú al invertir en la protección de 16,9 hectáreas de bosque, entre otros programas. Cayuga Collection, que administra ocho hoteles en Costa Rica y Nicaragua, ofrece recorridos de sostenibilidad por la trastienda, una zona del hotel que los huéspedes no suelen ver. En Lapa Rios de Costa Rica, alimentan a cerdos con los restos del restaurante y producen biogás, que se utiliza en algunas de las estufas de la cocina.
“Reciclar es el último recurso, y se hace únicamente si la generación de desechos fue inevitable,” dijo Hans Pfister, uno de los propietarios de Cayuga Collection, que prohíbe las botellas de plástico y los popotes en sus propiedades. “Los lugares remotos no son capaces de lidiar con la basura plástica porque no cuentan con la infraestructura”.

Impacto social

Los operadores de turismo ecológico se interesan cada vez más en el factor humano o el impacto en los residentes del lugar. ¿Los lugareños trabajan en la compañía de viajes? ¿El hotel es de propiedad local y por lo tanto el dinero que produce se queda en la comunidad en lugar de enviarse a oficinas centrales en el extranjero? ¿Los negocios turísticos apoyan proyectos ambientales o educativos? ¿Los empleados tienen un sueldo decente? ¿Qué pueden aprender los viajeros de los residentes y viceversa?
“Estamos acostumbrados a hablar sobre cuál es nuestra huella de carbono, pero ¿cuál es la huella que dejamos nosotros?”, preguntó Pfister. “La huella que dejamos es pasar dos horas interactuando con una comunidad o comprando arte directamente a la persona que lo produce, no en una tienda de regalos que tiene un tucán tallado hecho en China. Tu huella puede ser tomar un recorrido de pesca local o dejar una buena impresión. Todo tiene que ver con crear relaciones”.
Desde la perspectiva social, los operadores de ecoturismo esperan que los viajeros regresen a casa no solo con fotografías maravillosas, sino también con nuevas prácticas de reducción de desechos, el fervor por la conservación que pueden compartir con sus amigos y la determinación de apoyar a organizaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza.
“Nuestra mayor oportunidad es poder influir en los viajeros y usar esas experiencias para inspirarlos”, comentó Martens de Natural Habitat Adventures.
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The New York Times | VIAJES > Valle de Guadalupe, el paraíso vitivinícola en México | Por SHEILA MARIKAR 25 abril 2017


El hotel Bruma CreditOriana Koren para The New York Times


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Cerca de la Ruta 1, al sur de la frontera entre California y México y al lado de vistas al mar que parecen salidas de una postal, se encuentra Valle de Guadalupe, con sus peñascos y vastas franjas de tierra cobriza y un lugar donde se cultiva vino de la mejor calidad.
Valle de Guadalupe no es una región vinícola nueva —algunos viñedos datan de 1920—, pero está atrayendo a los milenials estadounidenses con sus bodegas modernas, con diseño y un carácter que no se encuentra en regiones cercanas como Napa o Sonoma, en California. Valle de Guadalupe es más barato que esas regiones y no está tan lleno de camiones llenos de turistas que quieren catar. Es relativamente fácil llegar a esta zona; además, han aumentado los servicios para permitir a los visitantes beber sin preocuparse sobre conducir. El Club Tengo Hambre y Turista Libre ofrecen recorridos guiados para degustar alimentos y vinos; Uber Valle permite a los usuarios de Uber contratar a un chofer de la región vitivinícola por día.
El estacionamiento de Lomita, una bodega de vinos de moda con murales del artista de Ciudad de México Jorge Tellaeche y adornos poco convencionales, habitualmente está lleno. El propietario, Fernando Pérez, de 39 años, encaja a la perfección con su clientela a la moda, cubierta de tatuajes. La propiedad primero fue la casa de retiro de sus padres; él abrió la bodega en 2009, enamorado de una mujer (ahora es su esposa) que vivía cerca, por lo que estaba en busca de un pretexto para quedarse.

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La gastroneta Adobe CreditOriana Koren para The New York Times

“Hace diez años, no había caminos”, dijo. “Pensé: ‘¿Cómo hago un lugar donde quiera estar, donde me sienta bien, donde la gente piense como yo?’. Lo que ocurrió es que vino mucha gente de mi edad. No crean que hice grupos para estudios de mercado”. Las luces en el parque de barricas son de neón rojo; el restaurante exterior sirve tacos de pescado bajo la sombra.
Una de las cosas más cautivadoras de esta región vitivinícola es que no se toma muy en serio a sí misma. “Vas a probar una tanda que no salió buena”, bromeó Phil Gregory, propietario de Vena Cava, mientras llenaba copas de vino espumoso color melón.
“Lo que pasaba en esta parte del mundo es que nadie tenía nada que hacer y ahora todos tienen citas cada hora”, dijo Gregory (quien es originario de Manchester, Inglaterra, y tenía un estudio de grabación en Los Ángeles). Él y su esposa, Eileen, llegaron a Valle de Guadalupe para probar el restaurante Laja. Cuatro semanas más tarde, compraron una propiedad en la ladera que se transformó en bodega de vinos, hotel pequeño y en el restaurante Corazón de Tierra; puedes probar el menú de degustación del campo, con un costo de unos 50 dólares por persona. Hay que reservar con tiempo.


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Algunos de los platillos del restaurante la Cocina de Doña Esthela CreditSandy Huffaker para The New York Times

No todas las delicias culinarias de Valle de Guadalupe exigen reservación. La Cocina de Dona Esthela sirve cenas abundantes que curan resacas, con platillos como machaca con huevo (huevos revueltos con carne seca de res, cebolla y chile verde), chilaquiles y tacos de cordero. La mayoría de las entradas cuestan menos de 100 pesos (unos 5 dólares), y el café con canela, que se sirve bien caliente en tarros de cerámica, sabe a gloria.
Las gastronetas llegaron a Valle de Guadalupe para quedarse. La que está estacionada en Adobe Guadalupe, una bodega tipo hacienda que cría caballos y cultiva uvas, es una gastroneta que incluso acepta reservaciones porque el cebiche, las tortas de pato y los hongos marinados son platillos que demuestran que lo que se cocina sobre cuatro ruedas puede ser espectacular. Los platos se pueden disfrutar en una de las doce mesas ubicadas en un patio pintoresco al lado de la camioneta.


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El viñedo de Vena Cava CreditSandy Huffaker para The New York Times

Aquí domina lo rudimentario. “Solía tener un olor fuerte, muy peculiar. El vino era muy malo”, comentó Hans Backhoff, fundador de Monte Xanic, una bodega enorme que abrió en 1988. “Eso era parte del reto”. Ahora, dijo, cada año llegan más visitantes que el anterior, muchos de los cuales solían asociar México únicamente con playas y cocteles con adornos. “Ha sido una lucha constante contra la ignorancia”, explicó Backhoff.
La vida nocturna en Valle de Guadalupe consiste en observar el mar de estrellas por la noche, que se pueden ver a simple vista debido a que no hay farolas ni rascacielos. Encuentro Guadalupe, una colección de suites de forma cúbica y estilo modernista construidas sobre peñascos, ofrece decenas de miradores, algunos con telescopios.

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