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CUBADEBATE | Mendicidad sin fronteras (+ Video) | Por: José Manzaneda 2 marzo, 2017


En este artículo: CubaEl PaísMedios de ComunicaciónSalud

Una doctora atiende a una embarazada en Cuba, donde la Revolución lleva décadas impulsando la igualdad de género.
Foto: Archivo.
Antes, la prensa internacional silenciaba declaraciones, informes o estadísticas de Naciones Unidas que respaldaran los logros de Cuba en materia de salud (1), educación (2), nutrición (3) o desarrollo humano (4).
Pero ahora hay medios que se atreven… a desmentirlos.
“¿Cómo consigue Cuba una sanidad con índices de un país rico?”: leíamos este sugerente título en el diario español El País, que parecía anticipar un reconocimiento al exitoso sistema de salud cubano (5).
Pero no. El reportaje tenía como objetivo, justamente, el contrario: su descrédito.
El texto reconocía, ciertamente: que “el sistema médico cubano está situado a la vanguardia de América y muy por encima de la media mundial”; que la inversión en salud, en relación al PIB, es superior a la de EE UU o Alemania; o que la Isla ha sido “el primer país (…) en eliminar la transmisión materno-infantil del VIH”.
Sin embargo, lo relevante para El País no es cómo ha conseguido esto un país bloqueado del Tercer Mundo, sino las supuestas “sombras” de su sistema de salud, que describía como “dividido en dos: uno (…) para los cubanos y otro para los extranjeros”, con “clínicas exclusivas para turistas, gobernantes o altos mandatarios”, “mientras desatiende (…) al cubano de a pie”.
Todo un sistema compuesto por 12.000 consultorios, policlínicos, hospitales y otros centros (6), quedaba reducido así a una estampa grotesca, para magnificar la existencia de unas pocas clínicas internacionales, también propiedad del Estado cubano que, lejos de enriquecer a nadie, destinan sus ingresos a financiar –precisamente- el sistema público gratuito nacional (7).
Y algo que no cuadra: ¿cómo un sistema de salud con “instalaciones en ruinas” –tal como se lee en el reportaje- consigue “unos indicadores sanitarios elogiados por la directora de la Organización Mundial de la Salud”, (…) quien “estimó al sistema de salud cubano como ejemplo a seguir” –algo que también se lee en el texto-?
Esta contradicción informativa tiene fácil explicación: la fuente que informaba de las supuestas “sombras” del sistema cubano es una organización llamada “Solidaridad sin Fronteras”, cuyo director era presentado en el texto como un indefenso “médico cubano exiliado en Miami” (8).
Pero El País se callaba casi todo sobre esta supuesta ONG. Por ejemplo, que desde 2006 ha trabajado mano a mano con el Departamento de Estado en el llamado “Cuban Medical Professional Parole” (CMPP) (9). Este programa, eliminado en sus últimos días de mandato por Barack Obama, tuvo por objetivo destruir la cooperación médica cubana en el mundo, mediante el ofrecimiento de asilo político a todo cooperante sanitario que lo solicitara (10).
En su web, “Solidaridad sin Fronteras” afirma que está trabajando “arduamente junto a nuestros congresistas cubano–americanos (…) Mario Díaz-Ballart, Ileana Ros-Lethinen y Carlos Curbelo y el senador Marco Rubio (…) para el pronto restablecimiento del CMPP con la nueva administración del presidente Donald Trump”. Todo ello antes de acabar con un “que Dios Bendiga a los Estados Unidos de América” (11).
Es decir, la opinión “experta” que emplea El País para explicar las “sombras” sanitarias de Cuba es una organización de la Mafia de ultraderecha de Miami y cuya misión es despojar, a millones de seres humanos de África, Asia y América Latina, de su única posibilidad de asistencia médica gratuita: la de las brigadas cubanas (12). Pero este escándalo moral era presentado en el reportaje como un inocente “programa de visado especial (…) para asistir a trabajadores (cubanos) de la salud”.
La solidaridad médica de Cuba, una de cuyas experiencias, la Brigada “Henry Reeve”,  recibía en enero el Premio de Salud Pública de la OMS (13), era calificada en el reportaje como “una lucrativa herramienta diplomática” y un gran “negocio” para el Estado cubano. Otra reducción grotesca. Recordemos que, de los 66 países en los que está presente, en los 40 más pobres Cuba asume todos los gastos (14). En los 26 restantes, se comparten con el país receptor, o bien –en unos pocos con recursos, como Sudáfrica o Qatar- estos abonan los servicios (15). En cualquier caso, dichos ingresos no benefician a ningún magnate sanitario, sino que sirven para financiar el sistema de salud gratuito de la Isla.
El País sostiene, además, que “es tan grande el negocio (de la cooperación médica) que ha dejado a los hospitales y policlínicas (de la Isla) bajo mínimos en personal”. Cierto es que tener 50.000 profesionales sanitarios en el exterior, la mitad médicos, tiene un  impacto en el sistema nacional. Pero, incluso así, descontando el personal cooperante, Cuba sigue teniendo una cifra casi record en el mundo de médicos por cada mil habitantes: 5,4 (16).
Por cierto, este reportaje fue publicado en “Planeta futuro” (17), sección de El País que es patrocinada por la Fundación Bill y Melinda Gates (18). Algo que puede explicar semejante retrato de la asistencia médica solidaria de Cuba. Gratuita y vinculada al fortalecimiento del sistema público de salud de los países receptores, contrasta demasiado con las iniciativas sufragadas por Bill Gates, basadas en “franquicias sociales”, consultas médicas previo pago o “telemedicina” (19). Un modelo de supuesta “solidaridad” denunciado en excelentes investigaciones periodísticas que –gracias a la “libertad de prensa” que disfrutamos- jamás leeremos en las páginas de El País.

CUBADEBATE | The New York Times: “Presidente Trump, Aprendiz de la Casa Blanca” 18 febrero 2017


Foto: Gawker.
El diario The New York Times calificó de aprendiz de la Casa Blanca al presidente estadounidense, Donald Trump, bajo el argumento de que los fiascos de sus primeras cuatro semanas de gestión parecen dirigir el país hacia un desastre.
“Con señales de desespero, el presidente Trump insiste por estos días en que él es el jefe ejecutivo que Washington necesita, el negociador clave que, como aseguró durante su campaña, puede arreglar las cosas. Pero lo que Estados Unidos ha visto hasta ahora es una inepta Casa Blanca liderada por un célebre aprendiz”, se lee en el editorial del medio.
Según el influyente periódico, el magnate inmobiliario no heredó de Barack Obama “el desastre” que suele decir, sino una nación recuperada de la recesión económica y con fuertes aliados en el exterior.
El señor Trump va en camino de crear su propio desastre, debilitando la seguridad nacional e incluso poniendo en riesgo el funcionamiento básico del gobierno”, precisa.
Para The New York Times, resulta preocupante que miles de puestos de alto rango en su administración permanezcan vacantes y que lo servidores públicos de carrera tengan que chocar con equipos de avanzada, designados por la Casa Blanca para dirigir las agencias federales hasta que lleguen los funcionarios permanentes.
Asimismo, señala las tempranas bajas de su gestión, como la del ahora exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, y los roces con México, Australia y la familia real británica.
El diario cita al historiador presidencial Douglas Brinkley, quien acusa al nuevo gobierno de hacerlo todo mal y a Trump de dedicarse a lanzar comentarios, tweets y políticas temerarias.
De acuerdo con The New York Times, las cosas en Estados Unidos irán muy mal, a menos que el 45 presidente logre incorporar algo de orden a su estilo de trabajo.

(Con información de Prensa Latina)

CUBADEBATE | Expertos estadounidenses debaten sobre salud mental del presidente Trump 19 febrero 2017


Foto: EFE/Archivo.

Un numeroso grupo de expertos en salud mental está lanzando la voz de alarma sobre la posibilidad de que el presidente estadounidense, Donald Trump, tenga algún trastorno de personalidad, rompiendo así con una norma ética de décadas que prohíbe diagnosticar a personalidades públicas sin consentimiento.
Un grupo de 35 psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales envió el martes una carta al periódico “The New York Times” en la que mostraba su preocupación por “la inestabilidad emocional” de Trump, lo que, en su opinión, lo “incapacita para servir de manera segura como presidente”.
“Sus palabras y su comportamiento sugieren una profunda incapacidad para empatizar. Individuos con este tipo de rasgos distorsionan la realidad, para que se adapte a su estado psicológico, y atacan los hechos y a quienes los transmiten, como periodistas y científicos”, aseguran.
En noviembre pasado, el psicólogo Nigel Barber aventuraba en el diario digital “Huffington Post” que Trump tiene rasgos que apuntan a que sufre un trastorno narcisista de la personalidad, lo que le llevaría a comportarse con falta de empatía, grandiosidad, autoritarismo y necesidad de admiración constante.
La Asociación Psicológica Americana (APA), que representa a personal relacionado con la psicología en Estados Unidos, mantiene desde 1973 la “Norma Goldwater”, por la cual pide a todos los psicólogos del país que no aventuren diagnósticos de personalidades públicas sin tratarlos personalmente y bajo su consentimiento.
La norma tiene su origen en la campaña presidencial fallida de 1964 del senador republicano Barry Goldwater, que fue tachado de “paranoico” y “megalómano” por psicólogos en un artículo de una revista.
Goldwater posteriormente demandó al medio que publicó estas opiniones y el escándalo obligó a la APA a emitir una norma que varios psicólogos han pedido este año que se deje atrás para alertar de los peligros de tener a Trump en el Despacho Oval.
Legisladores demócratas se están sumando a la teoría de los trastornos mentales de Trump para atacar al nuevo presidente e incluso barajar la posibilidad de que se le inhabilite, utilizando una enmienda de la Constitución que permite deponer a un mandatario por incapacidad si se obtiene consentimiento de miembros del Ejecutivo y los votos de dos tercios del Legislativo.
La congresista californiana Jackie Speier criticó este jueves la “desquiciada” rueda de prensa de Trump, en la que durante más de una hora lanzó ataques contra los periodistas, insistió en que el margen de su victoria fue histórico pese a no serlo y aseguró que “las filtraciones (a los medios) son reales, pero las noticias son falsas, porque gran parte de las noticias son falsas”.
Speier no es la primera legisladora de la oposición que sugiere que Trump puede no ser apto para la Presidencia por un supuesto trastorno.
El fin de semana pasado, el senador demócrata Al Franken aseguró que algunos de sus colegas republicanos están preocupados por el estado mental de Trump, derivado de la creencia de que “miente mucho”.
El congresista demócrata de Oregón Earl Blumenauer pidió esta semana en el Capitolio que se “clarifiquen” las posibilidades legales de la Enmienda 25 de la Constitución, que contempla el procedimiento para destituir a un presidente por incapacidad, algo de lo que no se hablaba desde el tiroteo que acabó con la vida de John F. Kennedy en 1963.
Blumenauer aseguró que el “errático” comportamiento de Trump requiere una revisión porque la enmienda constitucional “tiene lagunas en el caso de incapacidad mental o emocional”.
La semana pasada, el congresista demócrata Ted Lieu afirmó que el comportamiento de Trump es “increíblemente” preocupante y que está considerando presentar un proyecto de ley para incluir un psiquiatra en la Casa Blanca.
El profesor de psiquiatría clínica de la Universidad Weill Cornell Richard A. Friedman escribió una columna de opinión este viernes en “The New York Times” en la que llamó a la cautela a la hora de establecer relaciones de incapacidad con diagnósticos psicológicos apresurados.
Según Friedman, un diagnóstico sobre la salud mental de Trump requiere un gran número de sesiones cara a cara.
Además, apuntó el profesor, en algunos casos se puede tener una enfermedad y ser totalmente competente, a excepción de estados más graves como psicosis o demencia.
No obstante, recordó Friedman, diferentes historiadores han concluido que algunos presidentes han dirigido el país, pese a sufrir trastornos: Abraham Lincoln padecía depresión severa, Theodore Roosevelt posiblemente era bipolar y Ulysses S. Grant era alcohólico.
(Con información de EFE)