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The New York Times | BRASIL >> El congreso brasileño bloquea la investigación por sobornos contra Temer | Por ERNESTO LONDOÑO 2 de agosto de 2017


Michel Temer dictó un discurso en Brasilia después de la votación en la Cámara de Diputados, donde 263 lo respaldaron y 227 avalaron los cargos penales en su contra. CreditJoedson Alves/European Pressphoto Agency

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CURITIBA, Brasil — Los diputados brasileños votaron el miércoles para evitar que el presidente Michel Temer sea investigado por acusaciones de corrupción. La votación mantiene así en el poder a un líder impopular, con el aparente objetivo de evitar profundizar la agitación política.
Temer necesitaba que al menos 172 diputados lo respaldaran o se abstuvieran de votar para evitar un enjuiciamiento y alcanzó ese umbral –al final 263 lo respaldaron y 227 votaron en su contra– durante una maratónica sesión del congreso que volvió a resaltar la profunda polarización política en Brasil.
Varios legisladores que lo apoyaron no dijeron nada sobre las acusaciones, justificando sus votos diciendo que Brasil no podía permitirse más crisis políticas. Pero los opositores dijeron que permitir que el presidente permanezca en el cargo es como un respaldo a la cultura de la impunidad.
Los enfrentamientos en la Cámara Baja del congreso empezaron horas antes de la votación. Los legisladores críticos al presidente lanzaron billetes falsos al aire para denunciar lo que califican como la descarada corrupción de la política brasileña.
Cuando el procurador general Rodrigo Janot acusó a Temer en junio de aceptar un soborno de 152.000 dólares de un magnate de la industria alimentaria, los brasileños enfrentaron la posibilidad de perder a otro presidente en tan solo dos años.La votación ocurrió casi un año después de que el congreso destituyeraa la expresidenta Dilma Rousseff en un juicio político, acusada de desviar dinero de los bancos estatales para ocultar los déficit presupuestarios en el periodo previo a su reelección en 2014.
Para poder procesar a un presidente en funciones en Brasil, se requiere que dos tercios de la Cámara Baja del congreso envíen formalmente el caso al Supremo Tribunal Federal. Si hubiesen votado suficientes legisladores, Temer habría sido suspendido por 180 días y podría haber sido enjuiciado.
Pero muchos legisladores, entre ellos algunos que también están siendo investigados por corrupción, dicen que el país y su economía necesitan estabilidad, no más turbulencia política.
Temer también ha repartido millones de dólares en dinero federal a los principales distritos del congreso en las últimas semanas, en lo que algunos críticos definen como un esfuerzo para influir en los legisladores.
Según Contas Abertas, un grupo que monitorea las decisiones del gobierno, en junio y julio se otorgaron más de 1,3 mil millones de dólares en fondos discrecionales para los distritos. Es una cantidad inusualmente alta, particularmente en una era de austeridad durante la cual los hospitales, universidades y departamentos de policía han tenido que reducir sus presupuestos.
Más del 80 por ciento de los brasileños quiere suspender a Temer y someterlo a juicio, según una encuesta realizada a finales de julio; un 73 por ciento de los encuestados dijo que cualquier legislador que bloquee los cargos no merece ser reelegido.
El índice de aprobación de Temer descendió hasta el 5 por ciento el mes pasado, según el mismo sondeo, realizado por la empresa de investigación IBOPE. Eso lo convierte en una figura menos popular que Rousseff cuando esta alcanzó su punto más bajo a fines de 2015: solo el 9 por ciento de los brasileños la apoyaban.

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Algunos diputados de oposición llegaron a la sala con carteles exigiendo la salida de Temer.CreditEraldo Peres/Associated Press

“Hay una metáfora en Brasil; cuando dos hombres se están ahogando, se abrazan”, dijo Ilona Szabó de Carvalho, fundadora de Agora!, un movimiento cívico que busca que el sistema político brasileño sea más accesible y rinda cuentas a los ciudadanos. “Esta es la imagen de nuestra legislatura hoy”.
La mayoría de los casos de corrupción en Brasil han surgido de una investigación que, en sus inicios, parecía ser rutinaria; sobre lavado de dinero en una gasolinera en Brasilia. Los cargos, en tanto, han socavado la cultura de impunidad en el país. Decenas de empresarios de alto nivel y varios políticos de alto rango han sido enjuiciados.
Sin embargo, con la Operación Lava Jato en su cuarto año, muchos políticos todavía se sienten por encima de la ley, de acuerdo con Deltan Dallagnol, uno de los procuradores encargado de los casos.
“Es una regla que estas personas todavía no creen que serán castigadas en Brasil”, dijo Dallagnol. “La evidencia de esto es que, en 2017, tres años después de que empezó Lava Jato, la gente que disfruta de la impunidad que está en el poder y protegida de ir a prisión, sigue cometiendo delitos”.
En los últimos días, Temer intentó presentarse como un líder indispensable que guiará a Brasil para dejar atrás la recesión de hace varios años. Su abogado pronunció una defensa apasionada el miércoles temprano cuando empezaba la sesión en la cámara baja en la que dijo que había señas de que la economía iba en recuperación, con una menor inflación, gracias a Temer.
“En este momento esas mejoras están en riesgo”, dijo el abogado, Cláudio Mariz de Oliveira. Dijo que los cargos contra Temer eran “frutos de la ficción”.
Los problemas legales de Temer todavía podrían ser revividos. Janot, el procurador, podría presentar nuevos cargos contra el presidente y la Cámara de Diputados tendría que celebrar otro voto sobre si permitir que esos casos también avancen al Supremo Tribunal.
Mientras la destitución de Rousseff desencadenó manifestaciones masivas callejeras tanto a favor como en contra, el ambiente entre los brasileños respecto al futuro de Temer ha sido uno de resignación más que de indignación, según analistas.
“Hay mucho desgaste a nivel individual entre la gente que vive en Brasil, por esta crisis política sin fin”, dijo Marcelo Issa, director de la consultora política Pulso Público.
Antonio Alcantaro Lima, jubilado de Río de Janeiro, dijo que los brasileños ahora son muy cínicos de cara a una élite política corrupta intrincada.
“No veo luz alguna a final del túnel”, dijo. “Todos los candidatos son los mismos. Lo veo como telenovela, en la que cambia el guión pero los actores son los mismos. No tengo esperanzas”.

The New York Times | Brasil desmantela la unidad especial anticorrupción Lava Jato | Por ERNESTO LONDOÑO 8 de julio de 2017


El presidente brasileño Michel Temer durante la cumbre del G20 en Hamburgo, el 7 de julioCreditMarkus Schreiber/Associated Press


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RÍO DE JANEIRO – La Policía Federal de Brasil anunció el cierre de una unidad especial anticorrupción, una medida que fue criticada por los procuradores porque eso podría afectar las investigaciones que han expuesto la corrupción sistémica entre las élites políticas y empresariales del país.
La decisión fue anunciada en momentos en que el presidente Michel Temer, acusado recientemente por el procurador general de corrupción tras las indagatorias de esa unidad, busca obtener el apoyo de los diputados para evitar ser imputado.
Si tres cuartos de los 513 integrantes de la Cámara de Representantes de Brasil vota a favor de aceptar los cargos contra Temer, este sería removido de la presidencia y enjuiciado por el Supremo Tribunal Federal.
La Policía Federal dio a conocer el desmantelamiento del equipo de Lava Jato, o lavado de autos, el jueves. En un comunicado, el organismo indicó que la decisión fue tomada “para priorizar más investigaciones” y mejorar la efectividad.
Según el comunicado, los integrantes de Lava Jato serán integrados a la división principal anticorrupción “para incrementar los efectivos especializados en el combate contra la corrupción y lavado de dinero y facilitar el intercambio de información”.
Según los procuradores que conforman la unidad especial, la decisión es “un claro revés” para el equipo, que todavía está en proceso de revisar evidencias y conseguir posibles pistas.Los integrantes del equipo, así como la asociación nacional de procuradores y la federación de oficiales de la Policía Federal, criticaron la justificación.
Desde que fue establecido en 2014, el grupo establecido en la ciudad sureña de Curitiba, ha operado con considerable autonomía al revelar un sistema de sobornos y clientelismo utilizado por todas las clases empresariales y todos los colores partidistas. Las investigaciones han tenido efecto más allá de Brasil, pues la evidencia y los testigos han revelado sistemas similares en empresas brasileñas que tienen proyectos en prácticamente toda América Latina.
La investigación empezó como una indagatoria rutinaria de lavado de dinero en una gasolinera, pero en la actualidad ha afectado a Petrobras, la paraestatal petrolera y más de 280 personas, incluidos decenas de legisladores y algunos de los magnates más acaudalados de Brasil. Cientos más están bajo investigación.
Los integrantes de Lava Jato también han recuperado más de 3000 millones de dólares y dicen que podrían regresar millardos más a la tesorería brasileña si se les otorgan los recursos y el tiempo necesarios.
Leonardo Coimbra, director de la Policía Federal desde 2011, le ha dado mucha independencia a la unidad de Lava Jato cuyo trabajo ha desembocado en las detenciones de figuras poderosas como el expresidente de la cámara Eduardo Cunha, condenado a 15 años de prisión en marzo pasado.
En mayo, Temer nombró a Torquato Jardim, su aliado político, como Ministro de Justicia; esa cartera supervisa a la Policía Federal. Un mes después, Temer –quien llegó al poder tras un juicio político a Dilma Rousseff cuyo resultado habría sido influenciado por las revelaciones del caso Petrobras– fue acusado de aceptar un soborno de 152.000 dólares de un empresario de la industria cárnica.
Los procuradores han dicho que podrían presentar cargos adicionales contra el presidente en las siguientes semanas.
Eloísa Machado de Almeida, profesora de Derecho en la Universidad de la Fundación Getulio Vargas, en São Paulo, dijo que desmantelar la unidad de Lava Jato tiene la clara intención de debilitar las investigaciones que podrían afectar a los hombres más poderosos del país.
“Si Lava Jato no puede hacer que la clase política rinda cuentas, especialmente los que están en el poder actualmente, solo habrá servido para pasarle el poder de una clase política a otra sin haber conseguido las reformas institucionales que esperábamos de este tipo de investigación”, dijo.
Un portavoz de Temer dijo que el presidente no interfiere con “asuntos internos” de la Policía Federal, pero no dijo si estaba al tanto de los cambios.
El sindicato de la Policía Federal, la Federación Nacional de Oficiales se mostró preocupado por el desmantelamiento de la unidad, a la cual calificó en un comunicado de “la operación más exitosa” de ese cuerpo policial.
Según el documento, al absorber a los investigadores de Lava Jato en el aparato general del organismo, serán sometidos a “procedimientos excesivamente burocráticos” que habían podido sortear hasta la fecha. “¡No cambias a un equipo cuando está ganando!”, dijo el sindicato.

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The New York Times | BRASIL Acusado de corrupción, el futuro de Michel Temer está en manos del Congreso de Brasil | Por DOM PHILLIPS 27 de junio de 2017


Michel Temer, presidente de Brasil, fue acusado de recibir un soborno de 152.000 dólares.CreditEvaristo Sa/Agence France-Presse-Getty Images



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RÍO DE JANEIRO — Este lunes, el presidente Michel Temer fue acusado de corrupción por el fiscal general de Brasil, Rodrigo Janot. El funcionario acusó a Temer de recibir un soborno de 152.000 dólares a través de un intermediario, un acto con el que “ayudó a comprometer la imagen de la República Federativa de Brasil”.
Varios días después de que una encuesta mostrara que sus niveles de aprobación eran de apenas un 7 por ciento —los más bajos de cualquier presidente en casi 30 años—, esta acusación aumenta la presión sobre la frágil presidencia de Temer, que está envuelto en una crisis política desde que se divulgaron unos audios en los que aparentemente avalaba los esfuerzos por obstruir investigaciones de corrupción y el pago de sobornos para acallar a posibles testigos durante un encuentro con Joesley Batista, un acaudalado hombre de negocios cuya familia controla un gigantesco conglomerado de alimentos.
Janot dijo que Temer aceptó un pago de 152.000 dólares a cambio de ayudar a resolver un problema que una empresa de Batista tenía con una planta de energía. También dijo que Temer debería pagar 3 millones de dólares en daños morales.
Ahora el destino de Temer está en manos del Congreso de Brasil. Si dos tercios de la Cámara de Diputados vota por aceptar los cargos de corrupción o cualquier otra acusación que pueda surgir, y si el Supremo Tribunal Federal está de acuerdo, el mandatario será suspendido hasta por 180 días y podrá ser juzgado.Según la acusación, les prometieron otros 11 millones de dólares en sobornos futuros a Temer y Rodrigo Rocha Loures, un cercano colaborador del presidente que fue filmado durante la entrega de una maleta que, según las autoridades, contenía el pago. Luego fue arrestado.
Los analistas creen que, por ahora, el presidente tiene apoyo suficiente en el congreso para sobrevivir a la votación. Las elecciones del próximo año están cerca, y muchos legisladores enfrentan sus propias investigaciones de corrupción. Ellos pueden sentirse seguros con el gobierno, incluso con uno tan débil como el de Temer, dijo Marcus Melo, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Federal de Pernambuco.
“Por increíble que parezca, él puede contar con esa base porque ellos también están implicados en muchas cosas”, dijo Melo.
Pero si el fiscal general presenta cargos separados contra Temer, cada uno tendrá que ser votado por separado, dijo Roberto Dias, profesor de Derecho Constitucional en la Fundación Getulio Vargas en São Paulo. “La tendencia es que cada vez que se presente una acusación, se reduzca el apoyo político que tiene Temer”, dijo.
Nada de esto es un buen augurio para la agenda legislativa del presidente, un ambicioso paquete de medidas de austeridad que, según él, es necesario para revivir la economía brasileña.
Esas medidas —que incluyen una controversial revisión del generoso sistema de pensiones de Brasil— son vistas por los mercados financieros como cruciales para restaurar la maltrecha credibilidad fiscal del país.
Temer piensa lo mismo, como dejó claro el lunes, antes de que los cargos fueran anunciados. “No hay un plan b. Tenemos que seguir adelante”, dijo. “Nada nos destruirá. Ni a mí ni a nuestros ministros”. Ha negado con vehemencia todas las acusaciones y a menudo sostiene que Batista recibió un generoso convenio a cambio de cooperar con los fiscales.
El mandatario no hizo comentarios sobre los cargos. Sin embargo, el flujo constante de denuncias ha dificultado que el gobierno opere, y mucho menos que pueda ejecutar sus planes de largo alcance.
El lunes, un reporte de la policía federal señaló que hay indicios de que Temer obstruyó la justicia al alentar a Batista a seguir haciéndole pagos a Eduardo Cunha, el expresidente de la Cámara de Diputados que fue encarcelado en otro caso de corrupción. Esto podría significar otro cargo contra el mandatario.
Los ejecutivos de JBS, la empresa de Batista, testificaron que Temer había negociado millones de dólares en donaciones ilegales de campaña para el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, su agrupación política. En otro caso se enfrenta a una investigación que lo acusa de negociar un soborno de 40 millones de dólares para el partido en 2010.
Pero hasta ahora, Temer ha podido eludir esas acusaciones. Ahora necesita que 172 diputados federales se abstengan de votar o voten en contra de aceptar la acusación presentada por Janot.
Sylvio Costa, fundador de Congresso em Foco, un sitio de monitoreo independiente, dijo que el apoyo del presidente se está debilitando. Asegura que podría verse más comprometido si hubiera más revelaciones, o cualquier señal de que la economía de Brasil, que ha estado mostrando algunos signos de recuperación, vuelva a verse afectada.
Temer puede contar con alrededor de 200 a 250 de los 512 diputados en el congreso, en comparación con los 400 que tenía hace un año, dijo Costa.
Una encuesta divulgada el pasado fin de semana reveló que el 7 por ciento de los brasileños aprobaba el gobierno de Temer, mientras que un 76 por ciento pensaba que debía renunciar y un 47 por ciento se sentía avergonzado de ser brasileño.
Datafolha, la empresa encuestadora, entrevistó a 2771 personas en 194 ciudades del 21 al 23 de junio. La encuesta tenía un margen de error de más o menos dos puntos porcentuales.
La visita de Temer a Rusia y Noruega la semana pasada, destinada a distraerlo de los problemas que enfrenta, parece que los empeoró. Primero, su itinerario anunciaba que visitaría la Unión Soviética. Luego el primer ministro noruego, Erna Solberg, le dijo que Brasil necesitaba resolver su problema de corrupción, y Noruega redujo a la mitad su contribución para un fondo dedicado a la selva tropical de la Amazonía porque la deforestación está aumentando.
Algunos legisladores del Partido de la Socialdemocracia Brasileña, un aliado clave del gobierno, le propusieron a Temer “que medite un gesto de grandeza” y acelere el fin de su mandato. El lunes, Fernando Henrique Cardoso, expresidente y máximo líder del partido, dijo en una columna de opinión que Temer debería hacer un “gran gesto” y acortar su mandato.
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CUBADEBATE | Presidente brasileño admite que juicio político a Dilma Rousseff fue por venganza | 19 abril 2017


En este artículo: BrasilCorrupciónDilma RousseffJuicio PolíticoMichel Temer

A un año de la tumultuosa sesión de la Cámara de Diputados de Brasil que dio curso al juicio político de Dilma Rousseff, el presidente Michel Temer admitió que el impeachment fue motivado por un chantaje de su aliado, el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, hoy detenido en la Operación Lava Jato.
Una porción de diputados que votaban “contra la corrupción” para destituir a Rousseff por maniobras presupuestarias y en nombre de Dios y la familia en muchos casos hoy están incluidos en la lista de investigados del Supremo Tribunal Federal (STF) a causa de que la emprasa Odebrecht delató que les dio dinero en forma ilegal, sea como coima o para financiar campañas.
En ese marco, la revelación que hizo Temer el domingo al canal Bandeirantes vuelve a abrir aquel episodio en medio de la parálisis política que generó la delación de Odebrecht.
Dijo Temer que Eduardo Cunha, del Partido del Movimiento de la Democracia del Brasil (PMDB) abrió el juicio político contra Rousseff cuando el Partido de los Trabajadores (PT) se negó a protegerlo en el comité de ética de la Cámara de Diputados por haber escondido cuatro cuentas en Suiza.
Rousseff anunció que acudirá a la corte, nuevamente, para intentar demostrar que el juicio político fue “desvío de poder” para favorecer a la sobrevida de Cunha, detenido y procesado por el juez Sergio Moro en Curitiba, tras haber sido destituido por falta de decoro luego de haber completado su obra, la destitución de la mandataria.
Rousseff fue suspendida el 12 de mayo al aceptar el Senado el proceso abierto por Diputados y luego destituida el 31 de agosto. En ese marco, la defensa de Rousseff insistió ante el Supremo Tribunal Federal que el delito -violación de la ley de responsabilidad fiscal- no era un crimen de responsabilidad contra la Constitución y que el proceso fue abierto por Cunha para intentar escapar de las investigaciones.
Ahora, el caso vuelve debido a que Temer, el domingo a la noche, reveló que Cunha le dio curso desde la presidencia de Diputados a un pedido de juicio político contra Rousseff porque el Partido de los Trabajadores (PT) no lo había protegido en la comisión de ética.
“La prueba de que fue una venganza la ha dado Temer, por eso acudiremos nuevamente al Supremo Tribunal Federal. Eduardo Cunha aceptó el proceso luego de fallar en chantajear al gobierno de Dilma. Los derrotados en las elecciones no lograron vencer en las urnas e intentaron la conspiración vía impeachment”, dijo el abogado de Rousseff y ex ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo.
El juicio político acusaba a Rousseff de haber violado la ley de responsabilidad fiscal al haber alterado las partidas presupuestarios, usando créditos de bancos públicos, para cumplir con los programas sociales, como el plan de agricultura familiar.
(Tomado de Russia Today)
Fuente: CUBADEBATE

The New York Times | Los líderes en Brasil promueven la austeridad… pero no para ellos | Por SIMON ROMERO 6 marzo, 2017

Bomberos de Río de Janeiro corean consignas en contra de las medidas de austeridad, en diciembre.
Credit Yasuyoshi Chiba/Agence France-Presse — Getty Images
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SAO PAULO, Brasil — La debilitada economía brasileña está sufriendo una hemorragia en la que se pierden miles de trabajos al día: los estados hacen malabares para pagar a la policía y a los maestros y el dinero para el subsidio de comidas es tan escaso que un legislador sugirió que los pobres podrían “no comer todos los días”.
Pero no todos están sufriendo. Los funcionarios civiles de la rama judicial disfrutan de un aumento de 41 por ciento de su sueldo. Los legisladores de São Paulo, la ciudad más grande de Brasil, votaron para incrementarse el salario en más de 26 por ciento. Y el congreso, el cual está preparando un recorte de los beneficios para la jubilación en todo el país, ahora está permitiendo que sus miembros se retiren con pensiones vitalicias después de haber ocupado sus escaños tan solo durante dos años.
Brasil está luchando para salir de su peor crisis económica en décadas, y el presidente Michel Temer dice que para lograrlo, el país necesita contener el gasto público.
No obstante, la desastrosa popularidad del presidente no mejoró en lo absoluto con el ostentoso banquete pagado con dinero de los contribuyentes —donde 300 invitados disfrutaron de camarones y filetes mignon—, que ofreció para persuadir a los miembros del congreso de que aprobaran sus recortes.
“Este gobierno habla de austeridad para todos pero, claro, impone el costo a las personas más vulnerables de la sociedad”, opinó Giovana Santos Pereira, una profesora de 25 años. “Es tan ridículo que es trágico”.
Gran parte de la frustración tiene que ver con la principal medida de austeridad que busca impulsar Temer: convencer a un congreso plagado de escándalos de que imponga un límite al gasto federal durante los próximos 20 años.
Temer, que llegó al poder el año pasado después de apoyar el juicio político contra su predecesora, Dilma Rousseff, señala que el límite es necesario para reducir los déficits de un presupuesto elevado, y que con esta medida detendrían el aumento del gasto, el cual va al ritmo de la inflación.
Los inversionistas han aplaudido la medida y la han llamado un punto de inflexión para la economía más grande de América Latina. Sin embargo, las críticas aumentan, pues varios dicen que podría afectar a los más pobres durante décadas, en especial en áreas como la educación. Philip Alston, el Relator Especial de la Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, señaló que el límite en el gasto pondría a Brasil “en una categoría única de regresión social”.
El debate es aún más delicado porque el gobierno de Temer se resiste a elevar los impuestos a los brasileños más ricos, que siguen disfrutando de lo que algunos economistas describen como uno de los sistemas tributarios más generosos para los adinerados entre las economías más grandes del mundo.




‘El sistema está diseñado para perpetuar la desigualdad, y Temer está insistiendo en que Brasil necesita medidas de austeridad como las de Grecia’.
PEDRO PAULO ZAHLUTH BASTOS, ECONOMISTA

Los brasileños, por ejemplo, están exentos de pagar impuestos sobre los dividendos de sus participaciones accionarias y pueden usar vacíos legales con facilidad para reducir de manera importante el pago de impuestos en otras fuentes de ingresos.
Los economistas del Instituto de Investigación de Economía Aplicada, una instancia gubernamental, aseguran que un estudio de 2016 reveló que un impuesto del 15 por ciento a los dividendos podría generar casi 17 mil millones de dólares al año en recaudo, pero estas propuestas no han logrado insertarse en un gobierno que ha estado virando hacia la derecha.
“El sistema está diseñado para perpetuar la desigualdad, y Temer está insistiendo en que Brasil necesita medidas de austeridad como las de Grecia”, dijo Pedro Paulo Zahluth Bastos, economista de la Universidad de Campinas, al trazar un paralelismo entre la recesión que ha sufrido Brasil durante años y la crisis económica aparentemente interminable de los griegos.
Temer no ha sido un presidente popular y su índice de aprobación está apenas debajo del 10 por ciento. Pero sus simpatizantes señalan que su predecesora, Rousseff, buscó aplicar sus propias medidas de austeridad antes de que la destituyeran el año pasado. También mencionan que el gobierno de Temer ha prometido mantener algunos de los programas más populares antipobreza que hace algunos años desarrolló el partido de Rousseff, de tendencias de izquierda.
Y es posible ver algunas señales prometedoras de recuperación. Ha aumentado la inversión extranjera y, después de un pésimo desempeño, la bolsa de valores de Brasil fue una de las mejores en el mundo durante 2016, lo cual creó un beneficio imprevisto para los brasileños relativamente prósperos que pusieron su dinero en participaciones accionarias. Temer es especialmente optimista, pues predijo que la economía crecería 3 por ciento el próximo año.
Pero las condiciones en las calles de las ciudades a lo largo y ancho de Brasil cuentan una historia diferente: una de retos estructurales, complejos y terribles que permiten que millones de brasileños caigan en la pobreza.
Río de Janeiro, anfitrión de los juegos olímpicos en agosto de 2016, es una vitrina de las complejidades que enfrentan los estados en Brasil. En un esfuerzo desesperado por cortar de tajo los déficits, las autoridades de Río están cerrando cafeterias que daban comidas subsidiadas a la gente pobre, están aumentando los impuestos en el servicio eléctrico residencial y están eliminando programas de asistencia social para los residentes más pobres del estado.
No obstante, el gobernador de Río, como sus homólogos de otros estados brasileños, disfruta de volar por todo el país en un jet privado. Y los jueces de Río, los cuales de por sí tienen un buen salario, planeaban gastar millones de dólares en la contratación de nuevo personal para sus despachos, hasta que el público se enteró del plan. La indignación obligó a los jueces a desechar la idea.



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El presidente Michel Temer busca contener el gasto público en Brasil durante los próximos 20 años. 
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Andressa Anholete/Agence France-Presse — Getty Images

Mientras muchas de las personas más pobres y de clase media de Brasil absorben el embate de las políticas de austeridad, la prolongada desaceleración económica y un despliegue vertiginoso de escándalos de corrupción están alimentando un sentimiento en contra del sistema de cara a las elecciones presidenciales de 2018, lo cual allana el camino para el surgimiento de personajes no convencionales.
Hay algunos políticos que están inquietos porque Jair Bolsonaro, un representante ultranacionalista del congreso que lanza vituperios en contra de los inmigrantes y defiende la tortura a los narcotraficantes, tiene mucho mejor desempeño en las encuestas que contendientes tradicionales como Aécio Neves, un senador del Partido de la Socialdemocracia Brasileña.
Según un sondeo del mes pasado que realizó MDA, una empresa encuestadora, solo 1 por ciento de los encuestados respondió que votaría por Temer, lo cual refleja la pésima posición en la que se encuentra el presidente actual. Y tal vez ni siquiera importe, ya que la acusación de que Temer rebasó los límites del presupuesto de campaña podría inhabilitarlo para ser candidato. Su popularidad sufrió un nuevo revés en días recientes después de que su gobierno gastara miles de dólares en la renovación de la lujosa residencia presidencial, solo para que Temer se mudara con su familia a otro palacio de gobierno en Brasilia.
La encuesta se realizó del 8 al 11 de febrero por medio de entrevistas a 2002 personas, con un margen de error de más o menos 2,2 puntos porcentuales. También mostró que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva podría tener éxito como candidato.
No obstante da Silva, un político de izquierda que ha reprobado las medidas de austeridad de Temer, también podría ser inelegible si lo condenan por cargos de corrupción relacionados a sus lazos con las empresas constructoras que obtuvieron beneficios en los contratos públicos.
Con el volátil panorama político y la economía debilitada, la desesperanza se siente entre muchos brasileños.
En diciembre, Ana Cristina Silva, de 49 años, perdió el trabajo que tenía en una empresa que ensambla mobiliario ubicada en Porto Alegre, al sur de Brasil.
“Solo piensan en ellos mismos”, sentenció Silva al referirse al gobierno de Temer y expresó su indignación por el aumento de salario de algunos servidores públicos mientras la gran mayoría del país no tiene futuro certero. “Es absurdo. El aumento va para quien no lo necesita”.
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