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The New York Times | INTERNACIONAL >> Cómo un caso de asesinato quedó impune en India | Por ELLEN BARRY 23 de agosto de 2017


Jahiruddin Mewati, el jefe de Peepli Khera, una pequeña población de Uttar Pradesh donde recientemente se cometió un asesinato. CreditAndrea Bruce para The New York Times

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PEEPLI KHERA, India — Durante mi última semana en India, fui a despedirme de Jahiruddin Mewati, el jefe de una pequeña población. No éramos precisamente amigos pero a lo largo de los años habíamos pasado varias horas charlando sobre política local.
Me parecía un hombre sin escrúpulos pero sincero. Él sospechaba de mis motivos pero yo lo entretenía. Jahiruddin era un político veterano que acababa de ganar una reñida elección local; hablaba con franqueza sobre el lado sucio de su trabajo. Ocupaba un puesto reservado para mujeres de castas inferiores, pero todo el mundo sabía que aquello era una farsa; el nombre de su esposa había aparecido en la boleta electoral, pero fue el rostro de Jahiruddin el que apareció en el póster de la campaña.
Casi todo lo que hacía en el gobierno local era transaccional, para asegurar los votos de pequeños grupos de castas y familias. Parecía funcionarle bastante bien.
Entre su electorado favorito se encontraba una comunidad de antiguos pordioseros, de las personas más pobres que conocí en India. Los había visitado con regularidad a lo largo de dos años y sus vidas habían mejorado de manera sorprendente, en algunos casos gracias a la intervención de Jahiruddin.
Jahiruddin parecía inquieto por la noticia de mi partida y, tal vez dando por hecho que no tendría otra oportunidad, me acribilló con preguntas durante los siguientes 45 minutos: “¿Por qué los británicos se fueron de India?”; “Si los británicos se fueron, ¿por qué sigues aquí?”; “¿Qué es lo que a ustedes más les gusta comer?”; “¿Crees que hago preguntas tontas?”; “En Estados Unidos, si tú me gustas y te robo, ¿tu padre me mataría?”; “¿Qué ganas con las historias que escribes desde aquí?”; “¿Cuánto dinero tienes en el banco?”; “¿Es verdad que los blancos no son honestos?”.Había convencido —es decir, sobornado— a líderes de castas para que le permitieran a sus mujeres trabajar como jornaleras, y el aumento en sus ingresos se reflejó en las casas de ladrillo y los niños bien alimentados. Gracias a un nuevo subsidio, las mujeres habían recibido estufas de gas, lo que las había liberado de la agobiante tarea de buscar leña. Este cambio me pareció una revolución discreta.
Le prometí seguir en contacto y nos despedimos de manera amistosa. Poco tiempo después, alguien me habló de un asesinato en Peepli Khera y me di cuenta de que debía visitarlo una vez más.Continue reading the main story
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Anjum dijo que vio cuando Geeta fue asesinada por su esposo. CreditAndrea Bruce para The New York Times

Jueves: un rumor funesto

Cuando escribía reportajes en Peepli Khera, solía instalarme en casa de una mujer llamada Anjum, que vivía al lado de una bomba manual de agua que era un gran centro de rumores. Estaba ahí cuando escuché que una mujer había sido asesinada el año pasado, apaleada hasta la muerte por su marido frente a por lo menos una decena de personas.
Anjum me contó que los gritos de la mujer la habían despertado, por lo que se fue dando traspiés en la oscuridad a la casa de la vecina, a unos seis metros de la suya. La mujer, Geeta, estaba acurrucada en el baño de sus vecinos mientras su marido la golpeaba con una vara de bambú, una y otra vez.
“La saqué de ahí a rastras para tratar de protegerla”, le contó Anjum a mi colega Suhasini, quien traducía. “Nadie la protegía. Todos se quedaron mirando”.
Pero cuando Anjum se alejó, el marido de Geeta —un hombre llamado Mukesh— se paró por encima de Geeta, que se había desplomado en la esquina de un catre de cuerdas, y la golpeó con la vara en la cabeza varias veces más. Ella murió en el lugar.
Anjum dijo que habían llamado a la policía por el asesinato pero los funcionarios cerraron la investigación casi de inmediato, dejando libre a Mukesh tras unas cuantas horas.
De hecho, un día antes de mi visita, Mukesh se había vuelto a casar con una mujer más alta y de piel más blanca que la difunta, y ahora se pavoneaba en su motocicleta con su nueva esposa sentada en el asiento trasero. El hermano de Mukesh, Bablu, se encontraba cerca de la casa de Anjum, y nos dijo que su hermano había sorprendido a Geeta engañándolo y por eso la había matado.
“Estaba triste”, dijo Bablu refiriéndose a su hermano. “Pero ayer se consiguió otra esposa, así que, ¿por qué tendría que estar triste?”.
En la estación de policía más cercana, a unos cuantos kilómetros, enviaron a un joven agente, Jahangir Khan, a hablar con nosotros. Llevaba un rifle cuya cacha estaba amarrada con un alambre; él calculaba que era de “los tiempos de Hitler”.
Esta es una versión resumida de nuestra conversación:
Policía: Ella estaba dormida en la terraza; se levantó a orinar. Había una escalera de madera, una escalera de bambú. Se resbaló cuando iba bajando la escalera y se pegó en la cabeza.
Reportera: ¿Pero sus lesiones no sugerían algo más violento?
Policía: Si te pegan con una vara, basta con que te peguen en un lugar en la cabeza para que te mueras. Pero cuando te caes de una escalera, no solo te pegas en la cabeza. Ella tenía siete u ocho marcas en el cuerpo, lo que quiere decir que no la golpearon con una vara, sino que rodó escaleras abajo.
Reportera: Parece poco probable que una se haga ese tipo de herida en la cabeza al caerse de las escaleras. Sería más probable romperse el cuello.
Policía: Cuando uno se cae de las escaleras, le salen moretones por todas partes.
Reportera: ¿Pero acaso los vecinos no le dijeron que la golpearon?
Policía: Algunos de los vecinos dijeron que el marido la había matado. Pero la esposa estaba bien. Se veía fuerte, bien alimentada y contenta, y tenía dos niños. Estaba saludable, rolliza como tú.
Después de un rato, el agente me indicó que no tenía más tiempo para hablar del caso. Mientras se alejaba, me dijo: “Esta es la artimaña que usan los países extranjeros. Vas a escribir algo. Van a leer lo que escribiste y dirán: ‘Ese país no progresará sino hasta dentro de cien años’”.

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Un retrato familiar de Mukesh y Geeta

Viernes: Visitando al asesino

No pude más que estar de acuerdo con lo último que dijo el agente. En la última década, tanto en Rusia como en la India, cientos de veces me habían hecho esa misma pregunta de distintas formas: “¿Quién eres tú para venir a decirnos qué está mal de nuestro sistema?”. Y es cierto, la corresponsalía en el extranjero tiene, en general, un tufo a colonialismo.
Me preocupaba, como sugirió el agente, escribir demasiado sobre la violencia.En India, donde millones de personas salen de la pobreza extrema cada año, hay muchas cosas que motivan y dan esperanza: he escrito sobre la transformación que han causado los teléfonos celulares y el acceso a internet, o sobre el momento en que las jóvenes reciben su sueldo por primera vez, o incluso sobre lo que significa para una familia tener un aire acondicionado.
Sin embargo, la transición de la pobreza extrema a la pobreza común es sutil y difícil de describir. La violencia se escribe sola.
Hablé con dos mujeres que vivían en el patio donde Mukesh mató a su mujer. Un día después limpiaron con sus propias manos la sangre que estaba en el piso. Después cubrieron todo el patio con una fina capa de estiércol de vaca, que al secarse se endurece como si fuera yeso.
Las nuevas esposas se encuentran en el escalón más bajo de la jerarquía familiar, lo que quiere decir que cuando la comida escasea, las mujeres jóvenes no comen, incluso si están embarazadas. Las reglas de castas les prohíben sentarse en sillas o catres si hay alguien de mayor jerarquía presente, lo cual ocurre casi todo el tiempo, así que las entrevisté sentada en un catre, mientras ellas me miraban desde el suelo.
Cuando les pregunté sobre la muerte de Geeta, la mujer de mayor edad contestó en voz apenas audible, porque su respuesta era distinta al consenso del pueblo. “Estuvo mal”, dijo. “¿Qué va a pasar ahora si mi marido me golpea?”.
Cuando hablamos con Mukesh, se encontraba en su terraza acompañado por su nueva esposa. Cuando le preguntamos si había matado a su anterior esposa, nos relató con lujo de detalles cómo lo había hecho. La nueva consorte dijo que creía que Geeta se merecía que la mataran y que Mukesh no debería preocuparse por eso.
La esposa actual estaba emocionada porque cocinaba en una estufa de gas, la que Geeta había recibido antes de su muerte. Nos dijo que le complacía usar las joyas y el maquillaje de Geeta.
Solo parecía que le molestaba una cosa, y era que sus parientes políticos le habían dicho que de ahora en adelante se llamaría de otro modo: ahora se llamaba Geeta.Continue reading the main story
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Jahangir Khan, el joven policía que propagó la versión oficial que calificaba el asesinato de Geeta como un accidente.CreditAndrea Bruce para The New York Times

Sábado: Otra conversación con la policía

Al día siguiente, volvimos a hablar con el agente y le llevamos una grabación de la confesión de Mukesh que había guardado en mi teléfono. El policía parecía un poco intranquilo. Dijo que no quería hablar con nosotros en la estación y nos invitó a un puesto de té que queda cruzando la calle.
Pero como en el local había media decena de policías con uniformes color caqui que estaban en su descanso, nos llevó a un cuchitril que era un taller mecánico de tractores y ahí nos sentamos frente a frente; él en una silla de jardín y yo en un catre.
“Cuando tenemos información de cualquier tipo”, dijo, “hay que ir e investigar. Cada historia tiene dos lados. Tenemos que dar por hecho que ambos lados están diciendo la verdad. Mukesh nos dijo que ella se cayó de las escaleras. Nosotros hablamos con la familia de la chica. La madre nos dijo por escrito que su hija se cayó de las escaleras”.
Si me hubieran preguntado en aquel momento, habría tenido problemas para explicar por qué la verdad importa, ya que ninguna de las personas con las que había hablado parecía interesada en reabrir el caso. Pero seguí cuestionándolo y él siguió mintiendo hasta que ambos nos cansamos.
Nos quedamos sentados sin decir nada después de agotar todas las formas de reformular nuestra postura, mientras él miraba hacia la pared del fondo del taller y, totalmente de la nada, dijo algo sobre Mahatma Gandhi.
“Aquí la gente cuelga el retrato de Gandhi en las paredes”, contó, “pero no siguen las reglas de Gandhi”. Le pregunté si le gustaba ser policía y negó con la cabeza.
Después nos pidió que lo lleváramos a su casa. Me pregunté si únicamente le interesaba subirse a una camioneta con aire acondicionado, pero tan pronto como emprendimos la marcha, comenzó a hablar, sin mirarnos, con la vista fija al frente. “Se lo diré, fue un asesinato”, exclamó.
Nos contó que los familiares de Mukesh habían sobornado a los oficiales de alto rango en la estación de policía, pero que eso no podría haber pasado sin los enormes esfuerzos del jefe del poblado, Jahiruddin Mewati, para convencer a la madre de Geeta de que retirara la denuncia de asesinato.
Repudiaba todo el asunto. “Me siento mal por esto”, dijo. “Esa es la razón por la que quiero dejar este empleo. El 99 por ciento de los casos se manejan así. Me molesta mucho. Soy un hombre honesto. Les puedo mostrar a cuatro hombres aquí que pueden violar a una mujer tan fácil como quitarle un dulce a un niño, pero nunca los van a arrestar”.
Dijo que quería convertirse en chofer y me preguntó si podía ayudarle a conseguir una visa para Estados Unidos. Me preguntó qué edad tenían mis padres y dónde vivían, y si era cierto que mucha gente padecía diabetes en Estados Unidos. Le respondí que era cierto y mirándome con extrañeza contestó: “¿Por qué querría vivir en un lugar como ese?”.Continue reading the main story
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El lugar donde Geeta fue asesinada por su esposo. CreditAndrea Bruce para The New York Times

Domingo: Las explicaciones del jefe

Así que volví al patio de Jahiruddin, pero armada con un expediente lleno de pruebas de que había violado la ley. Fue un cambio en la dinámica de nuestra relación. Puse el teléfono sobre la mesa, justo frente a él, para que pudiera ver que estaba grabando. Hubo un momento, mientras nos escuchaba hablar, en el que su hijo trató de advertirle que se estaba incriminando, pero a Jahiruddin no le importó en lo más mínimo. Dijo que se sentía orgulloso de haber cerrado el caso.
No era porque pensara que Geeta merecía morir ni porque su marido mereciera escapar al castigo. Se trataba de una cuestión más práctica. La familia extendida de Mukesh controlaba 150 votos; Jahiruddin había ganado su última elección con 91. Un caso de asesinato habría manchado su casta y, al negociar el encubrimiento, había rendido un valioso servicio a un banco de votos clave. Podrían ayudarlo a reelegirse.
“En la India, no se vota en nombre del desarrollo”, dijo. “En la India, no se vota para hacer algo bueno. Se vota en aras de la casta, la familia, la comunidad. Y así el diez por ciento de la gente dirá: “Hizo algo bueno por mí’”.
No había sido fácil, dijo. La policía había exigido un soborno considerable a la familia de Mukesh. Explicó que la parte más difícil fue convencer a la madre de la víctima de retirar la denuncia.
La madre era jornalera, una mujer menudita de piel oscura que trabajaba en una construcción, acarreando la mezcla de cemento todo el día en una cesta sobre la cabeza. Nunca había hablado con un policía hasta el día de la muerte de su hija, mucho menos con el jefe del pueblo. Pero al ver el estado del cuerpo de su hija se enfureció. Mukesh la había golpeado tan fuerte, dijeron sus parientes, que se podía ver el cráneo a través de la piel abierta de su cuero cabelludo.
Jahiruddin dijo que se había tardado cinco horas en convencer a la madre hasta que cedió. “Estaban firmes. Ellos dijeron: ‘No permitiremos que ocurra’. No querían ceder. Querían que a la chica le hicieran la autopsia”, dijo.
La igualdad en India es igualdad entre grupos. La justicia es la justicia colectiva. El sentimiento de triunfo que me había inspirado interrogar al agente había desaparecido por completo. Igual que mi simpatía por el jefe del poblado, quien se percató de ello.
“No soy codicioso. No tengo ni un ápice de codicia. Es un servicio. Tal vez pienses que lo que me motiva son los votos de los pobladores”. Cuando mi semblante cambió dejó de intentar convencerme y se animó.
“Tú estás aquí por una especie de codicia”, sentenció. “Andas en busca de noticias. ¿Pero yo que obtengo a cambio? Ya te di dos horas de mi tiempo. ¿Eso qué significa para ti?”.
De regreso a Delhi, nos detuvimos en el pueblo donde vivía la madre de la difunta, pero ya no esperaba mucho interés en nuestra investigación. La madre de la mujer había aceptado lo que el jefe del poblado le había dicho, que echar por tierra el caso de asesinato era lo mejor para los cuatro hijos de Geeta. Que las consecuencias de provocar un conflicto entre clanes relacionados habrían acarreado graves consecuencias para ella. Era lo mejor, dijo. Me di cuenta de que no veía la hora de que nos fuéramos, pero no se atrevía a decirlo.
A su lado, con las rodillas a la altura de su mentón, estaba un niño de unos 8 años, que había escuchado toda la conversación. Resultó ser el hijo de Geeta. Echaba chispas por los ojos, pero no decía nada, y cuando le pregunté qué pensaba de toda esta situación dijo que su padre era un bueno para nada.
“Mi padre no quería a mi madre”, dijo tan bajito que tuve que inclinarme hacia él para escucharlo. Su abuela lo miró con cariño y dijo: “Tal vez se vengará cuando crezca”.


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The New York Times | BRASIL >> El congreso brasileño bloquea la investigación por sobornos contra Temer | Por ERNESTO LONDOÑO 2 de agosto de 2017


Michel Temer dictó un discurso en Brasilia después de la votación en la Cámara de Diputados, donde 263 lo respaldaron y 227 avalaron los cargos penales en su contra. CreditJoedson Alves/European Pressphoto Agency

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CURITIBA, Brasil — Los diputados brasileños votaron el miércoles para evitar que el presidente Michel Temer sea investigado por acusaciones de corrupción. La votación mantiene así en el poder a un líder impopular, con el aparente objetivo de evitar profundizar la agitación política.
Temer necesitaba que al menos 172 diputados lo respaldaran o se abstuvieran de votar para evitar un enjuiciamiento y alcanzó ese umbral –al final 263 lo respaldaron y 227 votaron en su contra– durante una maratónica sesión del congreso que volvió a resaltar la profunda polarización política en Brasil.
Varios legisladores que lo apoyaron no dijeron nada sobre las acusaciones, justificando sus votos diciendo que Brasil no podía permitirse más crisis políticas. Pero los opositores dijeron que permitir que el presidente permanezca en el cargo es como un respaldo a la cultura de la impunidad.
Los enfrentamientos en la Cámara Baja del congreso empezaron horas antes de la votación. Los legisladores críticos al presidente lanzaron billetes falsos al aire para denunciar lo que califican como la descarada corrupción de la política brasileña.
Cuando el procurador general Rodrigo Janot acusó a Temer en junio de aceptar un soborno de 152.000 dólares de un magnate de la industria alimentaria, los brasileños enfrentaron la posibilidad de perder a otro presidente en tan solo dos años.La votación ocurrió casi un año después de que el congreso destituyeraa la expresidenta Dilma Rousseff en un juicio político, acusada de desviar dinero de los bancos estatales para ocultar los déficit presupuestarios en el periodo previo a su reelección en 2014.
Para poder procesar a un presidente en funciones en Brasil, se requiere que dos tercios de la Cámara Baja del congreso envíen formalmente el caso al Supremo Tribunal Federal. Si hubiesen votado suficientes legisladores, Temer habría sido suspendido por 180 días y podría haber sido enjuiciado.
Pero muchos legisladores, entre ellos algunos que también están siendo investigados por corrupción, dicen que el país y su economía necesitan estabilidad, no más turbulencia política.
Temer también ha repartido millones de dólares en dinero federal a los principales distritos del congreso en las últimas semanas, en lo que algunos críticos definen como un esfuerzo para influir en los legisladores.
Según Contas Abertas, un grupo que monitorea las decisiones del gobierno, en junio y julio se otorgaron más de 1,3 mil millones de dólares en fondos discrecionales para los distritos. Es una cantidad inusualmente alta, particularmente en una era de austeridad durante la cual los hospitales, universidades y departamentos de policía han tenido que reducir sus presupuestos.
Más del 80 por ciento de los brasileños quiere suspender a Temer y someterlo a juicio, según una encuesta realizada a finales de julio; un 73 por ciento de los encuestados dijo que cualquier legislador que bloquee los cargos no merece ser reelegido.
El índice de aprobación de Temer descendió hasta el 5 por ciento el mes pasado, según el mismo sondeo, realizado por la empresa de investigación IBOPE. Eso lo convierte en una figura menos popular que Rousseff cuando esta alcanzó su punto más bajo a fines de 2015: solo el 9 por ciento de los brasileños la apoyaban.

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Algunos diputados de oposición llegaron a la sala con carteles exigiendo la salida de Temer.CreditEraldo Peres/Associated Press

“Hay una metáfora en Brasil; cuando dos hombres se están ahogando, se abrazan”, dijo Ilona Szabó de Carvalho, fundadora de Agora!, un movimiento cívico que busca que el sistema político brasileño sea más accesible y rinda cuentas a los ciudadanos. “Esta es la imagen de nuestra legislatura hoy”.
La mayoría de los casos de corrupción en Brasil han surgido de una investigación que, en sus inicios, parecía ser rutinaria; sobre lavado de dinero en una gasolinera en Brasilia. Los cargos, en tanto, han socavado la cultura de impunidad en el país. Decenas de empresarios de alto nivel y varios políticos de alto rango han sido enjuiciados.
Sin embargo, con la Operación Lava Jato en su cuarto año, muchos políticos todavía se sienten por encima de la ley, de acuerdo con Deltan Dallagnol, uno de los procuradores encargado de los casos.
“Es una regla que estas personas todavía no creen que serán castigadas en Brasil”, dijo Dallagnol. “La evidencia de esto es que, en 2017, tres años después de que empezó Lava Jato, la gente que disfruta de la impunidad que está en el poder y protegida de ir a prisión, sigue cometiendo delitos”.
En los últimos días, Temer intentó presentarse como un líder indispensable que guiará a Brasil para dejar atrás la recesión de hace varios años. Su abogado pronunció una defensa apasionada el miércoles temprano cuando empezaba la sesión en la cámara baja en la que dijo que había señas de que la economía iba en recuperación, con una menor inflación, gracias a Temer.
“En este momento esas mejoras están en riesgo”, dijo el abogado, Cláudio Mariz de Oliveira. Dijo que los cargos contra Temer eran “frutos de la ficción”.
Los problemas legales de Temer todavía podrían ser revividos. Janot, el procurador, podría presentar nuevos cargos contra el presidente y la Cámara de Diputados tendría que celebrar otro voto sobre si permitir que esos casos también avancen al Supremo Tribunal.
Mientras la destitución de Rousseff desencadenó manifestaciones masivas callejeras tanto a favor como en contra, el ambiente entre los brasileños respecto al futuro de Temer ha sido uno de resignación más que de indignación, según analistas.
“Hay mucho desgaste a nivel individual entre la gente que vive en Brasil, por esta crisis política sin fin”, dijo Marcelo Issa, director de la consultora política Pulso Público.
Antonio Alcantaro Lima, jubilado de Río de Janeiro, dijo que los brasileños ahora son muy cínicos de cara a una élite política corrupta intrincada.
“No veo luz alguna a final del túnel”, dijo. “Todos los candidatos son los mismos. Lo veo como telenovela, en la que cambia el guión pero los actores son los mismos. No tengo esperanzas”.

CUBADEBATE | Perú: Expresidentes Humala y Fujimori se reencuentran… pero en prisión | 15 julio 2017


En este artículo: Alberto FujimoricárcelCorrupciónOllanta HumalaPerúPolíticaPrisión

El expresidente de Perú, Ollanta Humala, es arrestado por la policía de su país. Foto: EFE.
El expresidente de Perú, Ollanta Humala, es arrestado por la policía de su país. Foto: EFE.
Los expresidentes Ollanta Humala y Alberto Fujimori, antes acérrimos enemigos, podrían encontrarse cara a cara, pero en una prisión de Perú. Las autoridades penitenciarias decidieron el viernes que, Humala, acusado de blanqueo de activos, cumplirá su detención preventiva de 18 meses en una base policial de Lima, donde también está recluido Fujimori por una condena de 25 años por crímenes contra los derechos humanos.
Imágenes de televisión mostraron cuando Humala, de 55 años, llegó en un helicóptero a la base de la Dirección de Operaciones Especiales (Diroes) de la policía, en el distrito de Ate en el este de Lima, en medio de extremas medidas de seguridad.
Un juez peruano ordenó el arresto de Humala -un militar retirado que gobernó entre 2011 y 2016- mientras un fiscal lo investiga.
Fujimori, de 78 años, era hasta ahora el único reo de la prisión de la base policial, construida especialmente para la seguridad del exmandatario antes de su extradición desde Chile y previo a su juicio y condena. Allí tiene una celda con dormitorio, baño, un estudio y acceso a un patio donde cuida de un jardín, según el Instituto Nacional Penitenciario (INPE).
“Van a tener ambientes separados, porque tienen regímenes distintos (…) como el uso de su patio independizado de uno y otro”, afirmó a periodistas el jefe del INPE, Carlos Vásquez.
En abril, la ministra de Justicia, Marisol Pérez, dijo que se estaban construyendo celdas adicionales en la base policial, pero no precisó para quienes serían. La justicia local también ha ordenado el arresto preventivo del expresidente Alejandro Toledo, quien ha sido visto en Estados Unidos.
“Es un terrible momento para la democracia peruana, de los últimos cinco expresidentes, uno está condenado (Fujimori), uno en prisión preventiva (Humala), uno con orden de detención provisional (Toledo) y otro investigado (Alan García)” por casos vinculados a corrupción, dijo el analista Víctor Andrés Ponce.

Una Larga Enemistad

Alberto Fujimori cumple una condena de 25 años y pudiera encontrarse con Humala en la prisión. Foto: EFE.
Alberto Fujimori cumple una condena de 25 años y pudiera encontrarse con Humala en la prisión. Foto: EFE.
El abogado de los Humala, Julio César Espinoza, afirmó que en los próximos días presentarán la apelación al arresto de su cliente y confía en que la justicia revertirá su decisión.
Según una encuesta de la firma Ipsos Perú del último trimestre del año pasado, un 83 por ciento de los peruanos desconfía de los políticos y solo 14 por ciento cree en ellos.
Humala saltó a la fama en octubre del 2000, cuando el entonces comandante del Ejército junto con un grupo de soldados se alzó en armas contra el gobierno de Fujimori, que tambaleaba en medio de un gran escándalo de corrupción.
Tras unos días de rebelión en el sur de Perú y la huida de Fujimori del país, Humala se entregó a las autoridades al considerar que había cumplido su objetivo.
Casi una década después, Humala postuló por segunda vez a la presidencia y derrotó a la hija mayor del exmandatario, Keiko Fujimori, que desde el Congreso fue su rival política.
Fujimori fue condenado por la matanza de 25 civiles sospechosos de pertenecer al grupo guerrillero Sendero Luminoso, ejecutada por un grupo de las fuerzas de seguridad que actuaba bajo la sombra y con conocimiento del entonces mandatario.
En 2013, Humala rechazó una petición de indulto para Fujimori.
(Con información de Reuters)

(Tomado de CUBADEBATE)