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RED VOLTAIRE | ¿Qué planea Israel en Argentina? | por Thierry Meyssan, 12 diciembre 2017






¿Qué planea Israel en Argentina?

Las autoridades argentinas ven con inquietud la compra masiva de tierras en la Patagonia por parte de un multimillonario británico y las «vacaciones» de decenas de miles de soldados israelíes en las propiedades de ese acaudalado personaje.

 | BEIRUT (LÍBANO)  

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Dueño de 175 empresas, entre las que se cuentan varias cadenas de restaurantes y el club de futbol británico de Tottenham –autoproclamado «Ejército de los Yid»– el discreto multimillonario Joe Lewis se dedica a la especulación en el mercado cambiario, junto a su amigo George Soros.
En el siglo XIX, el gobierno británico estuvo indeciso entre crear Israel en la actual Uganda, en Argentina o en Palestina. Argentina estaba entonces bajo control del Reino Unido y, por iniciativa del barón francés Maurice de Hirsch, se convirtió en aquel momento en tierra de asilo para los judíos que huían de los pogromos desatados en Europa central.
En el siglo XX, después del golpe de Estado militar que derrocó al general Juan Domingo Perón, presidente democráticamente electo de Argentina, una corriente antisemita se desarrolló en las fuerzas armadas de ese país. Esa corriente distribuyó un folleto donde se acusaba al nuevo Estado de Israel de estar preparando el «Plan Andinia», para invadir la Patagonia.
Hoy resulta que, si bien la extrema derecha argentina exageró los hechos en los años 1970, realmente existía un proyecto, que no era de invasión sino de implantación en la Patagonia.
Todo cambió con la guerra de las Malvinas, en 1982. En ese año, la junta militar argentina en el poder trata de recuperar los archipiélagos de las Malvinas y las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, denunciando su ocupación por la Gran Bretaña desde hace siglo y medio. La ONU reconoce que la reclamación argentina es legítima, pero el Consejo de Seguridad condena el uso de la fuerza para recuperar esos territorios en disputa. Hay de por medio un botín considerable ya que las aguas territoriales de esos archipiélagos dan acceso a las riquezas del continente antártico.
Al final de la guerra de las Malvinas, que oficialmente dejó más de mil muertos –aunque las cifras oficiales británicas en realidad minimizan las pérdidas humanas–, Londres impone a Buenos Aires un Tratado de Paz particularmente duro, que limita las fuerzas armadas de la República Argentina a su más simple expresión. Incluso se priva a Argentina del control del espacio aéreo del sur de su territorio continental, a favor de la Royal Air Force británica, y se impone a la República Argentina la obligación de informar previamente al Reino Unido de todas sus operaciones.
En 1992 y 1994, dos atentados extraordinariamente devastadores y sangrientos destruyen sucesivamente la embajada de Israel en Buenos Aires y la sede de la asociación israelita AMIA en la misma ciudad. El primer atentado ocurre en momentos en que los jefes de la inteligencia israelí en Latinoamérica acababan de salir del edificio. El segundo atentado, perpetrado contra la sede de AMIA, tiene lugar durante los trabajos conjuntos de Egipto y Argentina sobre los misiles balísticos Cóndor. Durante el mismo periodo estalla la principal fábrica de misiles Cóndor y tanto el hijo mayor del presidente argentino Carlos Saúl Menem como el hijo mayor del presidente de Siria Haffez al-Assad mueren en sendos accidentes. Las investigaciones sobre todos esos hechos son objeto de numerosas manipulaciones.
Después de haber designado a Siria como responsable de los atentados contra la embajada de Israel y la sede de la AMIA en la capital argentina, el fiscal Alberto Nisman se vuelve contra Irán, acusándolo de haber ordenado ambos atentados, y contra el Hezbollah, atribuyendo a esa organización libanesa la realización de estos. La hoy ex presidente Cristina Kirchner es acusada de haber negociado la interrupción de los procedimientos legales contra Irán a cambio de un precio ventajoso para las compras de petróleo. Más tarde, el fiscal Nisman es hallado muerto en su apartamento y Cristina Kirchner es inculpada por alta traición. Pero la semana pasada, como en una obra de teatro, se vino abajo todo lo que hasta ahora se daba por sabido: el FBI entregó análisis de ADN que demuestran que el presunto terrorista no está entre los muertos así como la presencia de un cuerpo no identificado. Conclusión: al cabo de 25 años, no se sabe absolutamente nada sobre los atentados de Buenos Aires.
En el siglo XXI, explotando las ventajas obtenidas en el Tratado impuesto a Argentina después de la guerra de las Malvinas, el Reino Unido e Israel emprenden un nuevo proyecto en la Patagonia.
El multimillonario británico Joe Lewis adquiere inmensos territorios en el sur de Argentina y en el vecino Chile. La extensión de sus tierras allí cubre varias veces la extensión territorial de todo el Estado de Israel. Esas tierras se hallan en el extremo sur del continente, en la Tierra del Fuego. Incluso rodean el Lago Escondido, impidiendo el acceso al lago [1] a pesar de una decisión de la justicia argentina.
El multimillonario británico ha construido en esas tierras un aeropuerto privado, con una pista de aterrizaje de 2 kilómetros, capaz de recibir grandes aviones de transporte, tanto civiles como militares.
Desde el fin de la guerra de las Malvinas, el ejército de Israel organiza para sus soldados «campamentos de vacaciones» en la Patagonia. Cada año, entre 8 000 y 10 000 soldados israelíes pasan 2 semanas de “vacaciones” en las tierras del multimillonario Joe Lewis.
Si en los años 1970, el ejército argentino señaló la construcción de 25 000 alojamientos –vacíos–, dando lugar al mito del plan Andinia, hoy parece que se han construido cientos de miles más. Es incluso imposible verificar el estado de realización de esos trabajos, por tratarse de tierras privadas y porque Google Earth neutraliza las imágenes satelitales de esa zona, procediendo así exactamente como lo hace con las instalaciones militares de la OTAN.
Mientras tanto, el vecino Chile ha cedido a Israel parte de una base militar que posee en la zona. Allí se han cavado túneles para facilitar la vida ante los rigores del invierno polar.
Por su parte, los indios mapuches que pueblan la Patagonia, tanto en Argentina como en Chile, quedaron sorprendidos con la noticia de la reactivación, en Londres, de la “Resistencia Ancestral Mapuche” (RAM), una misteriosa organización que reclama la independencia. Inicialmente acusada de ser una vieja asociación recuperada por los servicios secretos argentinos, la RAM es vista hoy por la izquierda como un movimiento secesionista legítimo, pero los líderes mapuches la denuncian como un ente financiado por George Soros.
El 15 de noviembre de 2017, la marina de guerra argentina perdió todo contacto con su submarino ARA San Juan, finalmente declarado como hundido con toda su tripulación. El ARA San Juan era uno de los 2 submarinos de propulsión diesel-eléctrica que constituían el orgullo de la pequeña marina de guerra argentina. La Comisión Preparatoria de la CTBTO (Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, siglas en inglés) anunció haber registrado un fenómeno acústico inhabitual en Atlántico, cerca de la zona desde donde procedía la última señal recibida del ARA San Juan. El gobierno argentino reconoció finalmente que el submarino perdido estaba realizando una «misión secreta», cuya naturaleza no se precisó y sobre la cual se había informado a Londres. El Pentágono estaba participando en la búsqueda y la marina de guerra rusa contribuyó con el envío de un drone submarino capaz de explorar el fondo marino a 6 000 metros de profundidad, sin encontrar nada. Todo parece indicar que el ARA San Juan estalló bajo el agua. La prensa argentina está convencida de que chocó con una mina o fue destruido por un torpedo enemigo.
Por el momento, es imposible determinar si Israel está implicado en un programa de explotación del continente antártico o si está construyendo una base para el repliegue en caso de derrota en Palestina.


La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

América Latina 8K | 18 noviembre 2017




Patagonia 8K explores the beautiful and rough landscapes of southern Chile and Argentina. Shot in 8K resolution on a medium format camera it's aimed to deliver the most realistic experience.

Shot in 6 weeks, travelling over 7500km from Santiago to Punta Arenas we captured roughly 100.000 still frames that combine into this timelapse video.

FACEBOOK: https://www.facebook.com/TimestormFilms | TWITTER: https://twitter.com/martinheck
WEBSITE: http://www.timestormfilms.com/

Vimeo Version: https://vimeo.com/134530201
Soundtrack: Finale - John Paesano

Diario UChile | Historias se entrelazan en el Gran Lago. Evocaciones de la Carretera Austral: ¿Qué se teje en Puerto Guadal? | 10 febrero 2017




Hace 100 años embrujó a los que apostaron por sus alrededores, los que partieron con la tarea y gracias a cuyo esfuerzo hoy acá estamos, formando pueblos y comunidades presentes y extintas. Habrá sido su clima templado por el caudal ingente, el mineral de sus suelos, el camino formado por sus olas o la simple belleza que brota en cada tramo de esta Patagonia.


Historias se entrelazan en el Gran Lago.
De las no comprobadas, de seres de otros mundos que cada cierto tiempo regresan en ánimo de reconocimiento.  De energías que sanan la materia y el espíritu.  De luces asombrosas que emergen de sus profundidades. Algo de verdad debe haber en aquello.
También hay de las otras. De las colmadas de certeza.  De aguas congeladas que miles de años ha cubrieron sus alturas.  De vidas convertidas en roca que alguna vez se sumergieron en océanos y mares por sobre sus montañas.  De familias de antaño que en esta comarca encontraron refugio y alimento, heredándonos en paredones y aleros sus historias.  Algo de ficción, también, debe haber ahí.
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El General Carrera y su imponencia (mal que mal, es el segundo más extenso de Sudamérica) ha conjurado desde siempre grande atención.
Sorprendió a los originarios aonikenk, que los que saben hoy nos dicen lo llamaron Ingewtaik gego-gunu-munee, “esa es mi tierra, el lago Gego está ahí”.  Aunque su nombre más generalizado es Chelenko, “agua de temporales”.
Hace 100 años embrujó a los que apostaron por sus alrededores, los que partieron con la tarea y gracias a cuyo esfuerzo hoy acá estamos, formando pueblos y comunidades presentes y extintas.  Habrá sido su clima templado por el caudal ingente, el mineral de sus suelos, el camino formado por sus olas o la simple belleza que brota en cada tramo de esta Patagonia.  No es seguro.  Lo cierto es que se desperdigan por sus orillas poblados con nombres de puertos, bahías, ríos, mallines, penínsulas, cual crisol que anuncia el profundo vínculo entre sus orígenes, su geografía y el agua.  Puerto Ibáñez, Bahía Murta, Puerto Tranquilo, Puerto Guadal, Mallín Grande, Península Levicán, Bahía Jara, Puerto Sánchez, Puerto Cristal.
Junto a Fachinal, excepción es Chile Chico, cabecera comunal y provincial, única que arrastra, en Aysén, su batalla personal.  La Guerra de Chile Chico.  O los Sucesos del Lago Buenos Aires, nombre con el que más allá del alambre denominan a este ¿accidente? hidrográfico.
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En el extremo sur, en el sector conocido originalmente como La Península -hoy Bahía Catalina- confluye la coincidencia.  O quizás uno anda más atento.  La vida en el campo detiene el tiempo, cede terreno a la reflexión, a la contemplación.  Invita a maravillarse con los vínculos de la diversidad.  A buscar sentido en lo que aparece desconectado.
Doscientos sesenta y cinco son los kilómetros que se requieren para llegar, desde Coyhaique, hasta este lugar.  Donde desde hace más de un año pasamos nuestros días.   Un palmo más allá del puente del desagüe del Chelenko. Ese cordón de agua que, administrativamente, da vida al calipso/esmeralda lago Bertrand. El que luego se transforma –también por arte de la burocracia- en el río Baker.
La naturaleza no sabe de decisiones humanas, el agua es la misma.  Hace poco me preguntaron por qué el Bertrand tiene un nombre oficial distinto al General Carrera.   Debe ser tal disquisición de hidrólogos, funcionarios y pobladores, respondí.
Vivir junto a la tierra enseña, en un doctorado vivencial.  Aprendes que la lluvia no cae hoy para estropear la jornada outdoor del visitante, es la savia que permite la magia de la existencia así como los colores de la Patagonia.  La nieve que colma las montañas, es nuestro seguro hídrico –cual batería ambiental- para los más áridos días.   Saber aquello quizás no hará que el desprevenido no se moje o pase menos frío, pero puede nutrir la percepción y, por cierto, la experiencia.
Son lecciones que la ciudad, muchas veces, no entrega.  Que llaman a relacionarse de una forma distinta con lo que está allá fuera. Y con quienes nos encontramos en este tránsito vital.
Doscientos sesenta y cinco es el nombre de la ruta que une Chile Chico con el Camino Longitudinal Austral (conocido en genérico como Carretera Austral).  La que cotidianamente como familia recorremos para llegar a Guadal, distante a 15 kilómetros de nuestro hogar. A este aguadal, como nos alertan lo pensaron los ancestros.  Para comprar provisiones, para cargar combustible, para acceder a teléfono e internet.  Y para conversar, para visitar a los amigos, para conocer.
Para participar en la Asociación de Turismo, Cultura y Artesanía recién formada, o en la de pirquineros y orfebres que por estos días concluye un taller para aprovechar las variadas y abundantes piedrecillas que cobijan las costas del Gran Lago.  El mismo que día a día ofrenda retazos madera y materialidad pulida por el oleaje, que a las artesanas de ArteChelenko inspira tanta manualidad.guadal4
Un pueblo particular es la Perla del Lago, como le bautizaron los primeros.  De pausado e iluminado estar, convergen en él variopintos derroteros.  Vida y cultura campesina, horticultura, vacas, ovejas y cabras, fogones y relatos, forman parte de su historia, en mezcla con el turismo que emerge como una posibilidad de seguir siendo lo que se es. Sin perderse en el camino.  Sin cambiarse en el intento.
Un turismo que ayude a cuidar.  A proteger los fósiles marinos, por ejemplo, que se han transformado en uno de sus principales atractivos.  Un turismo que reparta, porque no puede existir sustentabilidad sin equidad.  Un turismo que ayude a reflexionar sobre la relevancia de los ecosistemas y la geodiversidad, esa partitura donde se compone día a día, desde hace milenios y sin nuestra ayuda, la hermosa melodía que es la existencia.  Que es la vida.
Doscientos sesenta y cinco es el número de nuestra casa en Coyhaique, la que poco más de un año quedó un paso más atrás.  La que paulatinamente tenemos menos tiempo de visitar.  Cero dos seis cinco, en realidad.  Pero las coincidencias perfectas no existen, me digo.
El futuro no está escrito en piedra.  El nuestro tampoco.  Menos aún en esas hermosas piedras que abundan en la cuenca del Chelenko y que desde sus múltiples rincones se está intentando rescatar.
Hoy habitamos su extremo sur, sumándonos a muchos hombres y mujeres que nos precedieron.  Nos sentimos alumnos privilegiados, de enseñanzas sin matrícula ni arancel.  Donde los profesores son las bandurrias, los zorros y los carpinteros, los coigües, los ñires y los maquis, el agua que baja de las cascadas, el sol que se sumerge temprano en invierno, los ciclos de la vida y la naturaleza que ya no son inconvenientes como tanto nos han enseñado, son posibilidades.  Consejeros son también los amigos entrañables, que han abierto sus puertas y corazones a estos citadinos –ni tanto, quizás, solo somos de Coyhaique- que quieren aprender.  Callampas secas de boletos del bosque, golillas de cámaras en desuso, manillas de pecotras, trabas confeccionadas con ramas caídas, habas monumentales de la huerta orgánica son los exámenes dados en las asignaturas de reciclaje, recolección sustentable, trueque, soberanía energética, responsabilidad alimentaria, conocimiento libre y compartido con los demás.
Guías existen muchas.  Y los atractivos naturales de esta y otras tierras ya están –afortunadamente- lo suficientemente anunciados para abundar en ellos en estas pocas líneas.  Para eso existen Turistel y Sernatur.  E internet.  Quien quiera recurrir a ellos una buena opción es visitar www.chilechico.cl.
Porque otras historias y experiencias son las que se urden en Puerto Guadal. Solo se precisa aprender a observar.  Esas que se tejen en la vejez, esa que entrega sabiduría, paz y esparcimiento natural.
Estado con el que, a orillas del Chelenko, siempre es posible tropezar.
*Por El Divisadero