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The New York Times | OPINIÓN | COMENTARIO: Una reforma que despierta los fantasmas militares de Argentina | Por JORDANA TIMERMAN 2 de agosto de 2018


El presidente de Argentina Mauricio Macri anunció el 23 de julio de 2018, en Campo de Mayo, la reforma que modificará el rol de las Fuerzas Armadas Argentinas. 
Agence France-Presse — Getty Images
    
BUENOS AIRES — El 24 de julio, el presidente Mauricio Macri anunció una reforma a las Fuerzas Armadas Argentinas. Los cambios, justificó el gobierno, se debían a la necesidad de modernizar el ejército para atender los desafíos actuales —las amenazas del terrorismo y el narcotráfico—, pero también permitirán la intervención militar en la seguridad interna. Con un decreto, Macri revirtió un consenso político que se había instaurado en la Argentina desde que volvió la democracia hace más de treinta años.
Oscar Aguad, ministro de Defensa de Macri, se apresuró a aclarar que la reforma no implica la intervención militar en las protestas sociales ni que comenzarían a patrullar las calles. Los militares, en cambio, estarán para defender las fronteras y custodiar “objetivos estratégicos”. Suena, en apariencia, razonable. Pero en el caso de la Argentina no lo es.
En un país donde de 1976 a 1983 gobernó una dictadura militar, el papel del ejército es un asunto sensible. Según el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, la junta militar hizo de la desaparición, la tortura y el exterminio un modo de gobierno. Organizaciones de derechos humanos estiman que el Estado militar fue responsable de asesinar a aproximadamente 30.000 personas.
Una vez que regresó la democracia, desprestigiadas por su historia sangrienta en el poder y sin perspectivas de guerras externas, las fuerzas armadas entraron en decadencia.El papel del ejército es un tema medular en la vida democrática del país. Argentina ha hecho más que sus vecinos para castigar los crímenes cometidos durante su gobierno militar: desde 2006, 856 personas fueron condenadas por crímenes de lesa humanidad y hasta el año pasado había 2480 imputados. Quizás el centro de detención más emblemático de las atrocidades de esa Argentina militar, la Escuela Superior de Mecánica de la Armada —en donde unas 5000 personas fueron secuestradas y torturadas—, se convirtió en un museo de la memoria pensado en promover y preservar los derechos humanos.
En buena medida, el debate actual sobre el ejército se debe a hundimiento, en noviembre de 2017, del ARA San Juan, uno de los tres submarinos de la mermada Marina argentina. La tragedia, en la que murieron 44 personas, puso en evidencia la falta de recursos de las fuerzas armadas y la ausencia de una función concreta. Para algunos se trataba de una señal inequívoca para aumentar el presupuesto del ejército y expandir sus funciones; para otros, era buen momento para discutir su utilidad e incluso plantear la posibilidad de eliminarlas por completo.
Sin duda la Argentina se enfrenta en los últimos años a desafíos regionales complejos —la creciente influencia del narcotráfico y la violencia que genera—, pero la carga histórica de las fuerzas armadas en el país hace que el decreto presidencial de Macri sea un mal cálculo político: como Alemania, que sigue cargando con su pasado nazi, la Argentina no puede eludir sus fantasmas militares y autoritarios que legaron uno de los episodios más funestos de América Latina en el siglo XX.
Cuando en 1984 regresó la democracia al país, la intención de los nuevos gobiernos era separar a las fuerzas armadas del resto de la vida política. Así se forjó uno de los consensos multipartidistas más importantes de la Argentina contemporánea. En este periodo, los derechos humanos —y no la modernización de las fuerzas armadas— han sido un eje central de la discusión pública.
El año pasado, la decisión de la Corte Suprema de Justicia de reducir la sentencia de un militar condenado por crímenes de lesa humanidad provocó protestas masivas. El fallo, llamado 2×1 —que habría sentado un precedente para reducir las sentencias a cientos de militares implicados en violaciones de los derechos humanos durante la dictadura— fue revertido solo unos días después por el Congreso.
En el país no hay muchos consensos, pero el costo político de ir contra los derechos humanos puede ser alto. A solo tres días del decreto, la oposición convocó para el 8 de agosto a una sesión especial en la Cámara de Diputados que podría rechazar el plan de reforma y alrededor de 50.000 personasmarcharon para protestar contra la reforma.
La marcha es un elemento esencial en la vida política argentina y uno de los mecanismos civiles más efectivos. Los argentinos marchamos todo el tiempo, siempre con una amplia agenda de reclamos, la convicción absoluta de que la calle es de los ciudadanos y la certeza de que a través de la protesta se logran cambios políticos. Mientras que en México se desconoce el paradero de más de 30.000 personas, la desaparición de una persona desató una crisis política el año pasado en Argentina: “¿Dónde está Santiago Maldonado?”. El activista que fue encontrado sin vida casi tres meses después de su desaparición, se convirtió en un lamento masivo que llenó las calles y redes sociales.
La reestructuración de las fuerzas armadas de la semana pasada cambia una reglamentación de 2006 que limitaba la acción del ejercito a la defensa del país frente agresiones externas perpetuadas por otros Estados. El cambio apunta a que ahora puedan participar en operaciones contra organizaciones criminales transnacionales. Pero que su misión sea intervenir en cuestiones tan etéreas como “objetivos estratégicos” y combatir “agresiones externas” genera inquietud sobre la forma en que se definirán esos objetivos y esas agresiones, como advirtió un grupo de expertos del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). El temor es que se podrían interpretar algunas protestas civiles como “agresiones” o los reclamos sociales del momento —por ejemplo, los de las comunidades indígenas en zonas de yacimientos hidrocarburíferos— como “objetivos estratégicos”.
Por si fuera poco, la reforma se da en un momento en el que la militarización de la seguridad interna está cada vez mas desacreditada en América Latina. Poco más de una década de utilizar al ejército para combatir a los carteles de narcotráfico en México ha generado más de 10.000 denuncias de violaciones a los derechos humanos por parte de la población, incluidos casos de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, tortura y abuso sexual.
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Durante una protesta en la Plaza de Mayo el 26 de julio de 2018, una mujer sostiene un cartel con la frase emblemática de la Argentina posdictadura: "Nunca más". CreditMarcos Brindicci/Reuters
La reforma que revaloriza el papel de las fuerzas armadas no tiene como propósito reinstaurar una dictadura y posiblemente tampoco busque reprimir las protestas sociales que tanto valoramos los argentinos. Pero las reservas sobre el decreto no son “prejuicios paranoicos propios de vetustas concepciones ideológicas de la izquierda vernácula”, como advierte un editorial del diario argentino La Nación.
De 1930 hasta la década de los ochenta el ejército tomó a la fuerza el poder seis veces e impuso la violencia como método para perpetuarse en el gobierno. El activismo por los derechos humanos desde que se recuperó la democracia fue la característica distintiva de Argentina respecto de otras naciones con pasados totalitarios, como Brasil, Chile y Uruguay. Por eso es comprensible que seamos renuentes a la participación de los militares en ámbitos más amplios de la vida pública. Si algo sabemos los argentinos es que el ejército puede desbordar sus límites con facilidad.
En plena represión, mientras la dictadura argentina lanzaba una campañaque decía que “los argentinos somos derechos y humanos”, secuestraba, torturaba y ejecutaba miles de opositores. Cuando la junta militar dejó el poder, la frase “Nunca más” fue un grito para la nueva Argentina que se alejaba del autoritarismo y empezaba a investigar los crímenes de la dictadura. El gobierno de Mauricio Macri no debe olvidar que nunca más realmente es nunca más.




RED VOLTAIRE | ¿Qué planea Israel en Argentina? | por Thierry Meyssan, 12 diciembre 2017






¿Qué planea Israel en Argentina?

Las autoridades argentinas ven con inquietud la compra masiva de tierras en la Patagonia por parte de un multimillonario británico y las «vacaciones» de decenas de miles de soldados israelíes en las propiedades de ese acaudalado personaje.

 | BEIRUT (LÍBANO)  

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Dueño de 175 empresas, entre las que se cuentan varias cadenas de restaurantes y el club de futbol británico de Tottenham –autoproclamado «Ejército de los Yid»– el discreto multimillonario Joe Lewis se dedica a la especulación en el mercado cambiario, junto a su amigo George Soros.
En el siglo XIX, el gobierno británico estuvo indeciso entre crear Israel en la actual Uganda, en Argentina o en Palestina. Argentina estaba entonces bajo control del Reino Unido y, por iniciativa del barón francés Maurice de Hirsch, se convirtió en aquel momento en tierra de asilo para los judíos que huían de los pogromos desatados en Europa central.
En el siglo XX, después del golpe de Estado militar que derrocó al general Juan Domingo Perón, presidente democráticamente electo de Argentina, una corriente antisemita se desarrolló en las fuerzas armadas de ese país. Esa corriente distribuyó un folleto donde se acusaba al nuevo Estado de Israel de estar preparando el «Plan Andinia», para invadir la Patagonia.
Hoy resulta que, si bien la extrema derecha argentina exageró los hechos en los años 1970, realmente existía un proyecto, que no era de invasión sino de implantación en la Patagonia.
Todo cambió con la guerra de las Malvinas, en 1982. En ese año, la junta militar argentina en el poder trata de recuperar los archipiélagos de las Malvinas y las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, denunciando su ocupación por la Gran Bretaña desde hace siglo y medio. La ONU reconoce que la reclamación argentina es legítima, pero el Consejo de Seguridad condena el uso de la fuerza para recuperar esos territorios en disputa. Hay de por medio un botín considerable ya que las aguas territoriales de esos archipiélagos dan acceso a las riquezas del continente antártico.
Al final de la guerra de las Malvinas, que oficialmente dejó más de mil muertos –aunque las cifras oficiales británicas en realidad minimizan las pérdidas humanas–, Londres impone a Buenos Aires un Tratado de Paz particularmente duro, que limita las fuerzas armadas de la República Argentina a su más simple expresión. Incluso se priva a Argentina del control del espacio aéreo del sur de su territorio continental, a favor de la Royal Air Force británica, y se impone a la República Argentina la obligación de informar previamente al Reino Unido de todas sus operaciones.
En 1992 y 1994, dos atentados extraordinariamente devastadores y sangrientos destruyen sucesivamente la embajada de Israel en Buenos Aires y la sede de la asociación israelita AMIA en la misma ciudad. El primer atentado ocurre en momentos en que los jefes de la inteligencia israelí en Latinoamérica acababan de salir del edificio. El segundo atentado, perpetrado contra la sede de AMIA, tiene lugar durante los trabajos conjuntos de Egipto y Argentina sobre los misiles balísticos Cóndor. Durante el mismo periodo estalla la principal fábrica de misiles Cóndor y tanto el hijo mayor del presidente argentino Carlos Saúl Menem como el hijo mayor del presidente de Siria Haffez al-Assad mueren en sendos accidentes. Las investigaciones sobre todos esos hechos son objeto de numerosas manipulaciones.
Después de haber designado a Siria como responsable de los atentados contra la embajada de Israel y la sede de la AMIA en la capital argentina, el fiscal Alberto Nisman se vuelve contra Irán, acusándolo de haber ordenado ambos atentados, y contra el Hezbollah, atribuyendo a esa organización libanesa la realización de estos. La hoy ex presidente Cristina Kirchner es acusada de haber negociado la interrupción de los procedimientos legales contra Irán a cambio de un precio ventajoso para las compras de petróleo. Más tarde, el fiscal Nisman es hallado muerto en su apartamento y Cristina Kirchner es inculpada por alta traición. Pero la semana pasada, como en una obra de teatro, se vino abajo todo lo que hasta ahora se daba por sabido: el FBI entregó análisis de ADN que demuestran que el presunto terrorista no está entre los muertos así como la presencia de un cuerpo no identificado. Conclusión: al cabo de 25 años, no se sabe absolutamente nada sobre los atentados de Buenos Aires.
En el siglo XXI, explotando las ventajas obtenidas en el Tratado impuesto a Argentina después de la guerra de las Malvinas, el Reino Unido e Israel emprenden un nuevo proyecto en la Patagonia.
El multimillonario británico Joe Lewis adquiere inmensos territorios en el sur de Argentina y en el vecino Chile. La extensión de sus tierras allí cubre varias veces la extensión territorial de todo el Estado de Israel. Esas tierras se hallan en el extremo sur del continente, en la Tierra del Fuego. Incluso rodean el Lago Escondido, impidiendo el acceso al lago [1] a pesar de una decisión de la justicia argentina.
El multimillonario británico ha construido en esas tierras un aeropuerto privado, con una pista de aterrizaje de 2 kilómetros, capaz de recibir grandes aviones de transporte, tanto civiles como militares.
Desde el fin de la guerra de las Malvinas, el ejército de Israel organiza para sus soldados «campamentos de vacaciones» en la Patagonia. Cada año, entre 8 000 y 10 000 soldados israelíes pasan 2 semanas de “vacaciones” en las tierras del multimillonario Joe Lewis.
Si en los años 1970, el ejército argentino señaló la construcción de 25 000 alojamientos –vacíos–, dando lugar al mito del plan Andinia, hoy parece que se han construido cientos de miles más. Es incluso imposible verificar el estado de realización de esos trabajos, por tratarse de tierras privadas y porque Google Earth neutraliza las imágenes satelitales de esa zona, procediendo así exactamente como lo hace con las instalaciones militares de la OTAN.
Mientras tanto, el vecino Chile ha cedido a Israel parte de una base militar que posee en la zona. Allí se han cavado túneles para facilitar la vida ante los rigores del invierno polar.
Por su parte, los indios mapuches que pueblan la Patagonia, tanto en Argentina como en Chile, quedaron sorprendidos con la noticia de la reactivación, en Londres, de la “Resistencia Ancestral Mapuche” (RAM), una misteriosa organización que reclama la independencia. Inicialmente acusada de ser una vieja asociación recuperada por los servicios secretos argentinos, la RAM es vista hoy por la izquierda como un movimiento secesionista legítimo, pero los líderes mapuches la denuncian como un ente financiado por George Soros.
El 15 de noviembre de 2017, la marina de guerra argentina perdió todo contacto con su submarino ARA San Juan, finalmente declarado como hundido con toda su tripulación. El ARA San Juan era uno de los 2 submarinos de propulsión diesel-eléctrica que constituían el orgullo de la pequeña marina de guerra argentina. La Comisión Preparatoria de la CTBTO (Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, siglas en inglés) anunció haber registrado un fenómeno acústico inhabitual en Atlántico, cerca de la zona desde donde procedía la última señal recibida del ARA San Juan. El gobierno argentino reconoció finalmente que el submarino perdido estaba realizando una «misión secreta», cuya naturaleza no se precisó y sobre la cual se había informado a Londres. El Pentágono estaba participando en la búsqueda y la marina de guerra rusa contribuyó con el envío de un drone submarino capaz de explorar el fondo marino a 6 000 metros de profundidad, sin encontrar nada. Todo parece indicar que el ARA San Juan estalló bajo el agua. La prensa argentina está convencida de que chocó con una mina o fue destruido por un torpedo enemigo.
Por el momento, es imposible determinar si Israel está implicado en un programa de explotación del continente antártico o si está construyendo una base para el repliegue en caso de derrota en Palestina.


La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

The New York Times | ARGENTINA >> Se detectan señales del submarino argentino desaparecido | Por DANIEL POLITI 19 de noviembre de 2017

The Protector, un buque inglés, fue enviado para ayudar en la búsqueda. CreditMinistry of Defense, vía Associated Press


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BUENOS AIRES — El Ministerio de Defensa de Argentina dijo este sábado que había detectado siete intentos de comunicación en el transcurso del día provenientes de un submarino de la Armada con 44 tripulantes a bordo que está extraviado desde el miércoles.
“Recibimos siete señales de llamadas satelitales que provendrían del submarino San Juan”, escribió Oscar Aguad, ministro de Defensa de Argentina, en Twitter. “Estamos trabajando arduamente para localizarlo y transmitimos la esperanza a las familias de los 44 tripulantes: que en breve puedan tenerlos en sus hogares”.
El Ministerio de Defensa dijo que está trabajando con una compañía estadounidense que se especializa en comunicaciones satelitales para determinar la ubicación exacta de las señales.
“Esto cambia todo”, dijo Fernando Morales, un experto naval y vicepresidente de la Liga Naval Argentina. “Es una señal que da mucha esperanza porque indica que por lo menos varios tripulantes están vivos”.
Para realizar el intento de comunicación, el submarino tendría que estar lo suficientemente cerca de la superficie del agua para sacar su antena, explicó Morales.
Una aeronave de la Marina de Estados Unidos, un avión de la NASA y un buque de la Marina Real Británica se unieron el sábado a la búsqueda del submarino, el ARA San Juan.“Debería moverse relativamente rápido ahora”, dijo, calificando los intentos de comunicación como la primera buena noticia desde que los reportes del submarino desaparecido empezaron a conmocionar a Argentina el viernes por la mañana.
La búsqueda se vio obstaculizada por los fuertes vientos en aguas más allá de la Patagonia, donde se cree que el submarino está varado, afirman funcionarios. Un día después de evaluar la gravedad de la situación, funcionarios de Argentina dieron a conocer el sábado su creciente preocupación a medida que daban la bienvenida a toda la ayuda internacional.
La detección ha probado ser difícil a pesar del número de embarcaciones y aeronaves, dijo el sábado en una entrevista televisada Enrique Balbi, un vocero de la Armada Argentina. “Las olas son de aproximadamente seis metros, lo que lo hace mucho más difícil”.
La Armada Argentina está “aceptando toda la ayuda posible o necesaria” para “no descartar ninguna hipótesis”, dijo Balbi e indicó que los equipos de búsqueda han registrado exhaustivamente alrededor de la mitad del área donde creen que se encuentra el submarino.
El presidente argentino Mauricio Macri escribió en Twitter la noche del viernes que él y su gobierno están “comprometidos a utilizar todos los recursos nacionales e internacionales que sean necesarios para hallar al submarino ARA San Juan lo antes posible”
Macri también dijo que su gobierno estaba en contacto con los familiares de la tripulación. “Compartimos su preocupación y la de todos los argentinos”, escribió.
El papa Francisco, que es argentino, agregó sus “oraciones fervientes” en un telegrama el sábado.
La ayuda de la Marina Real Británica fue notable teniendo en cuenta la guerra entre Reino Unido y Argentina en 1982 por las islas Malvinas, que Argentina ha declarado desde hace mucho tiempo como su territorio soberano. Ambas armadas perdieron embarcaciones y cerca de mil efectivos militares murieron durante las 10 semanas del conflicto.
En febrero, a The Protector, el buque británico enviado ahora para ayudar con la búsqueda, le fue negado el permiso para atracar en Buenos Aires, reportaron medios argentinos.
Los funcionarios británicos también pusieron a disposición un avión Hércules C-130 que está en espera, estacionado en las islas.
También se une a la búsqueda un avión P-8A Poseidon de la Marina de Estados Unidos, el cual fue sacado de una misión antidrogas en El Salvador.
En un comunicado, la milicia estadounidense dijo que el avión, la aeronave más moderna de reconocimiento y patrullaje marítimo de la Marina, posee “sensores y equipo de comunicación de alta tecnología, que le permite realizar un amplio espectro de misiones sobre grandes extensiones de agua, incluidas operaciones de búsqueda y rescate bajo la superficie”.
Un avión de investigación de la NASA fue enviado la noche del jueves para asistir en la búsqueda, dijo la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. Chile envió un avión. Brasil, Uruguay, Perú y Sudáfrica también han ofrecido ayuda.
El submarino desaparecido estaba a 240 millas náuticas de la costa cuando fue detectado por última vez. Viajaba de la ciudad de Ushuaia en la Patagonia a Mar del Plata, en la provincia de Buenos Aires, para efectuar un patrullaje de seguridad de rutina. Los tres submarinos de Argentina son generalmente desplegados para combatir la pesca ilegal.
El submarino partió de Ushuaia el 8 de noviembre y su arribo a Mar del Plata estaba programado el domingo, según la Armada.

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The New York Times | El camino de Santiago Maldonado | Por DANIEL WIZENBERG y PABLO LINIETSKY 27 de octubre de 2017


Una manifestación reunió a miles de ciudadanos argentinos el 1 de septiembre en la Plaza de Mayo en Buenos Aires, 
cuando se cumplía un mes de la desaparición de Santiago Maldonado. CreditNatacha Pisarenko/Associated Press

ESQUEL, Argentina — El martes 17 de octubre, 79 días después de la última vez que Santiago Maldonado fue visto con vida, bomberos, prefectos y perros llegaron al predio que ocupa la comunidad mapuche “Pu Lof” en Cushamen, un departamento al pie de los Andes en la Patagonia argentina, para hacer el cuarto rastrillaje en busca del joven desaparecido.
Faltaban cuatro días para las elecciones legislativas en Argentina y el deshielo fluía fuerte sobre el río Chubut. El prefecto Leandro Ruata, quien había coordinado las búsquedas anteriores, le había sugerido al juez de la causa —caratulada como “desaparición forzada”— hacer un rastrillaje más “debido a las características que presenta el curso de agua”.
Antes de las 13:30 horas, en un codo del río, a unos cincuenta metros de donde habría sido visto por última vez, un buzo se topó con un cuerpo que no se avistaba desde la orilla: estaba en posición fetal atascado entre las ramas. Cuando lo revisaron tenía una cachiporra en un bolsillo y el Documento de Identidad de Santiago Maldonado en el otro. Sergio Maldonado —hermano de Santiago— y su mujer, Andrea Antico, permanecieron en el lugar mientras duró el trabajo de los peritos. Velaron el cuerpo desde la orilla durante siete horas: “No confiamos en nadie”, diría más tarde Antico en la conferencia de prensa.

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En la autopsia, que se hizo dos días después en la morgue judicial de la ciudad de Buenos Aires, Sergio Maldonado reconoció el cuerpo: identificó a Santiago por los tatuajes. El juez federal a cargo de la causa, Guillermo Lleral, aseguró más tarde que el cadáver no mostraba lesiones. El cuerpo se encontraba relativamente bien conservado pese a los más de dos meses desaparecido.

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Personal forense ingresa a la morgue judicial de Buenos Aires el 19 de octubre con el cuerpo encontrado en el río Chubut dos días antes, que sería identificado como Santiago Maldonado.CreditHugo Villalobos/Agence France-Presse — Getty Images

La noticia respondía a la pregunta que movilizó dos veces a miles de argentinos hacia la Plaza de Mayo: “¿Dónde está Santiago Maldonado?”. Sin embargo, las circunstancias de la aparición del cuerpo abrieron nuevas interrogantes. La hipótesis de que se ahogó, en vez de librar de responsabilidad a las fuerzas de seguridad, potenciaba la incertidumbre: ¿Por qué se lanzaría a un río correntoso una persona que le temía al agua y no sabía nadar?

‘Queremos tierras productivas’

Santiago Maldonado era muy alto y muy flaco, tenía 28 años, la barba a la deriva y el pelo crespo del que salían cuatro rastas. Era muralista y tatuador. Desde abril dormía en una biblioteca comunitaria de El Bolsón, un pueblo patagónico emblema de los artesanos y los neorurales: los que dejan la ciudad para instalarse en el campo. Había nacido en la ciudad de 25 de Mayo, en la provincia de Buenos Aires, y hacía meses peregrinaba de un lado a otro de la cordillera.
“Estaba ahorrando para viajar a España”, dijo Marcos Ampuero, un tatuador chileno que trabajó con él, en una entrevista radial. Ampuero recordó que Maldonado “defendía causas que le parecían justas: en Chile, por ejemplo, hubo una protesta de pesqueros y él se sumó”.
En El Bolsón se hizo amigo de algunos mapuches y les prometió ir a apoyarlos en el reclamo por la liberación de su lonko —cacique—, Facundo Jones Huala, quien está en prisión preventiva desde el 27 de junio, el mismo día en que los presidentes Mauricio Macri y Michelle Bachelet se reunieron en Santiago de Chile. Huala, de 31 años, no tenía ninguna causa en su contra en Argentina, sino un pedido de extradición de Chile tras el incendio de una finca en enero de 2013. El pedido, sin embargo, fue declarado nulo por la Corte Suprema Argentina, tras comprobarse que un testigo declaró bajo tortura en contra de Huala.

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Miembros de la comunidad mapuche Pu Lof se abrazan después de confirmarse el hallazgo de un cuerpo en las inmediaciones, en el río Chubut, durante el cuarto rastrillaje en busca de Santiago Maldonado, el 17 de octubre.CreditAlejandra Bartoliche/European Pressphoto Agency

La comunidad Pu Lof nació en marzo de 2015 cuando, de la mano de la familia Jones Huala, un grupo de activistas mapuches ocupó parte de un predio comprado por la familia Benetton. Allí habitan unas cien personas, casi todos menores de 40 años. Algunos viven de lo que producen, otros salen a trabajar y estudiar en las ciudades cercanas, donde se criaron.
La Argentina es mestiza de nacimiento: la mitad de la población tiene ancestros indígenas de diferentes etnias. Unos 200.000 argentinos se reconocen mapuches y algunos ocupan lotes pequeños de la Patagonia norte. Quedaron en medio de estancias gigantes tras el reparto de tierras que hizo el Estado cuando colonizó la región en el siglo XIX. La mayoría de los mapuches emigró hacia las ciudades. Desde 1994, la Constitución reconoce el derecho de tierras “aptas y suficientes para el desarrollo humano” a los pueblos indígenas, pero hay más de 200 comunidades nativas que mantienen conflictos territoriales con el Estado.
La Pu Lof no quiere ser una más de esas comunidades. Matías Santana, con 20 años uno de los referentes más jóvenes de ese grupo mapuche, quien participó del reclamo donde estuvo Santiago Maldonado y es un testigo clave en la causa por su desaparición, lo explica así: “Nos cansamos de ser ‘indios buenos’, el capitalismo se reservó siempre las mejores tierras y a los mapuches no nos dieron nada, nos dieron tierras improductivas o nos usaron como mano de obra barata. Queremos que Benetton se vaya, queremos tierras productivas y vivir en armonía con el territorio”.
Un par de kilómetros antes de la tranquera de la Pu Lof está el casco de estancia de los dueños: la Compañía de Tierras del Sud Argentino, de la familia italiana Benetton. Algunos de sus trabajadores tienen origen mapuche. Hasta ahí llega el buen estado del pavimento de la ruta 40 en dirección a Esquel. Según una investigación del historiador Ramon Minieri plasmada en el libro Ese Ajeno Sur, la compañía adquirió en 1991, por 50 millones de dólares, unas 900.000 hectáreas (45 veces el tamaño de la Ciudad de Buenos Aires), en donde crían más de 280.000 ovejas que producen 1,3 millones de kilos de lana por año. Sus proyectos incluyen minas de oro y plata, y leguas de pinos forestados con subsidios estatales.
En un contexto económico en el que el gobierno de Mauricio Macri busca una “lluvia de inversiones”, la compañía condiciona la llegada de capitales a una solución al conflicto con los mapuches. En enero pasado, un operativo represivo de la Policía de Chubut en la comunidad Pu Lof terminó con un mapuche en terapia intensiva y otro con la mandíbula fracturada. Cuando fueron consultados por el diario El País respecto del conflicto con los mapuches, fuentes de la compañía parecieron avalar el accionar del gobierno: “Estamos en una situación de violencia reiterada, sin límite, no hay forma de frenarlos y se sienten orgullosos de la violencia”, dijeron.
El 31 de julio, tal como había prometido, Santiago Maldonado fue a cortar la ruta 40 con la Pu Lof durante todo el día y se quedó a dormir en el puesto de guardia de la comunidad: un rancho improvisado cerca de la ruta, de unos ocho metros cuadrados, construido con troncos de pino. Durante todo ese día hubo tensión entre gendarmes enviados a despejar la ruta y mapuches hasta que, a las 3:30 de la madrugada, los manifestantes levantaron el corte “porque no pasaba ningún auto”, según explicaron.
Esa noche, durante la cena, Maldonado pidió que le sacaran el pollo a su plato de guiso porque era vegano, comió y se acostó sobre una manta en la parte cerrada del puesto. Estaba preparado para afrontar el frío seco de la noche austral: llevaba un pantalón para la nieve, otro de polar abajo, un pañuelo estampado con calaveras, un pullover de lana y otro de fibra: la vestimenta que 81 días después pesaría treinta kilos, todavía húmeda, en la balanza de la morgue.

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Una mujer enciende una vela cerca de una foto de Santiago Maldonado en un memorial improvisado por la gente frente a la morgue judicial de Buenos Aires, Argentina, el sábado 21 de octubre de 2017.CreditNatacha Pisarenko/Associated Press

El día cero

El 1 de agosto por la mañana el sol asomaba de a ratos y el viento era constante. Los manifestantes volvieron a cortar la ruta desde el mediodía. Los siete mapuches a los que Santiago acompañaba acusan a los tres escuadrones de gendarmes de avanzar sobre el predio ocupado por la comunidad bajo el grito de “¡fuego!”.
La Gendarmería tenía la orden de un juez federal que limitaba el accionar de las fuerzas a mantener despejada la ruta, pero no los autorizaba para allanar el predio. Los gendarmes se ampararon en una figura legal promovida por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, la “flagrancia”, que los habilita a proceder sin orden judicial si consideran que están presenciando un delito.
Los mapuches aseguran que los gendarmes los persiguieron usando balas de plomo; la ministra Bullrich declaró ante el Senado que usaron balas “antitumulto”. Su secretario de Seguridad Interior, Gerardo Milman, afirmó que “se hizo una persecución de quienes se resistían a la autoridad, encapuchados y con piedras”. Un día después del operativo de Gendarmería, el jefe de gabinete de Bullrich, Pablo Noceti, dijo en una entrevista radial que estuvo en la zona coordinando “las fuerzas federales y provinciales para detener y judicializar a los integrantes de la RAM”.
Para el Ministerio de Seguridad, los miembros de la Pu Lof pertenecen a la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), a la que se le adjudican robos de ganado, incendios y amenazas a terratenientes. Elvira Gauna, integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Esquel, lo desmiente: “la RAM es una entelequia”, dijo.
Con la Gendarmería encima, contó Matías Santana, los varones de la Pu Lof salieron corriendo, cada uno en una dirección diferente. Con una mano abrían paso por el monte, con la otra sostenían las lanzaderas de piedras tejidas a mano por sus mujeres. Maldonado iba hacia un lugar desconocido: nunca había ido más allá del puesto de guardia.
El joven artesano corrió demorado hacia el río, dijo Santana. Había muchas ramas de sauce dentro del agua y él no sabía nadar; le tenía fobia al agua. Un miembro de la comunidad —que declaró como testigo reservado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y pidió mantener el anonimato—  contó que Maldonado intentó sumergirse pero se detuvo y le dijo: “Siga, yo no puedo más, me vuelvo”. Fue la última persona que lo habría visto con vida.
Matías Santana testificó en la causa que, desde el otro lado del cauce, pudo observar con binoculares como “tres gendarmes forcejearon con Santiago, lo arrastraron hacia una camioneta y luego lo trasladaron a otra que partió hacia el sur”.
Los forenses que intervinieron en la autopsia evitan hacer declaraciones. Prefieren esperar los resultados de las pruebas de laboratorio, que podrían demorarse una o dos semanas. Intentan determinar si hubo un “ahogamiento por sumersión” y cuánto tiempo estuvo Santiago en el río. Además estudiarán por qué tenía una cachiporra en el bolsillo.Continue reading the main story
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Sergio Maldonado, hermano de Santiago, durante una conferencia de prensa en Montevideo, donde acudió para las sesiones de la CIDH, el 26 de octubre de 2017. CreditRaul Martinez/European Pressphoto Agency

Aunque algunos especialistas sugieren que el cuerpo no llevaba más de una semana muerto, otros sostienen que una temperatura de entre -2 y 4 grados Celsius, como la que tiene el río Chubut en estos meses, alcanza para ayudar a conservarlo, y que la crecida provocada por el deshielo podría haberlo sacado del fondo en el que habría estado atascado.
Soraya Maicoño, vocera de la comunidad Pu Lof, está segura de que el cuerpo de Santiago Maldonado fue “plantado”: “Si hubiera estado desde un principio en el río los animales carroñeros lo habrían detectado, como pasa con las ovejas perdidas”, dijo. El secretario de Seguridad Interior Milman concluye: “Nunca descartamos ninguna hipótesis, solo no hemos convalidado posiciones que tenían un solo objetivo (político) sin pruebas”.
El tiempo y la justicia determinarán si la Gendarmería nacional tuvo algo que ver con la muerte y la aparición del cuerpo de Santiago Maldonado, cuya desaparición ocurrió en el marco de un operativo de esa fuerza.
Las divisiones dentro de la sociedad argentina quedaron expuestas durante el desarrollo del caso, que se saturó de lecturas políticas y acusaciones cruzadas en el contexto electoral. Pero hay alguien que nunca lo vivió como un “caso”, y su necesidad de respuestas se mantiene intacta: el peritaje de una línea telefónica de Santiago Maldonado registró 107 llamados poco antes y después de su desaparición, 105 de los cuales eran de Stella, su mamá.