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The New York Times | OPINIÓN | COMENTARIO: Una reforma que despierta los fantasmas militares de Argentina | Por JORDANA TIMERMAN 2 de agosto de 2018


El presidente de Argentina Mauricio Macri anunció el 23 de julio de 2018, en Campo de Mayo, la reforma que modificará el rol de las Fuerzas Armadas Argentinas. 
Agence France-Presse — Getty Images
    
BUENOS AIRES — El 24 de julio, el presidente Mauricio Macri anunció una reforma a las Fuerzas Armadas Argentinas. Los cambios, justificó el gobierno, se debían a la necesidad de modernizar el ejército para atender los desafíos actuales —las amenazas del terrorismo y el narcotráfico—, pero también permitirán la intervención militar en la seguridad interna. Con un decreto, Macri revirtió un consenso político que se había instaurado en la Argentina desde que volvió la democracia hace más de treinta años.
Oscar Aguad, ministro de Defensa de Macri, se apresuró a aclarar que la reforma no implica la intervención militar en las protestas sociales ni que comenzarían a patrullar las calles. Los militares, en cambio, estarán para defender las fronteras y custodiar “objetivos estratégicos”. Suena, en apariencia, razonable. Pero en el caso de la Argentina no lo es.
En un país donde de 1976 a 1983 gobernó una dictadura militar, el papel del ejército es un asunto sensible. Según el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, la junta militar hizo de la desaparición, la tortura y el exterminio un modo de gobierno. Organizaciones de derechos humanos estiman que el Estado militar fue responsable de asesinar a aproximadamente 30.000 personas.
Una vez que regresó la democracia, desprestigiadas por su historia sangrienta en el poder y sin perspectivas de guerras externas, las fuerzas armadas entraron en decadencia.El papel del ejército es un tema medular en la vida democrática del país. Argentina ha hecho más que sus vecinos para castigar los crímenes cometidos durante su gobierno militar: desde 2006, 856 personas fueron condenadas por crímenes de lesa humanidad y hasta el año pasado había 2480 imputados. Quizás el centro de detención más emblemático de las atrocidades de esa Argentina militar, la Escuela Superior de Mecánica de la Armada —en donde unas 5000 personas fueron secuestradas y torturadas—, se convirtió en un museo de la memoria pensado en promover y preservar los derechos humanos.
En buena medida, el debate actual sobre el ejército se debe a hundimiento, en noviembre de 2017, del ARA San Juan, uno de los tres submarinos de la mermada Marina argentina. La tragedia, en la que murieron 44 personas, puso en evidencia la falta de recursos de las fuerzas armadas y la ausencia de una función concreta. Para algunos se trataba de una señal inequívoca para aumentar el presupuesto del ejército y expandir sus funciones; para otros, era buen momento para discutir su utilidad e incluso plantear la posibilidad de eliminarlas por completo.
Sin duda la Argentina se enfrenta en los últimos años a desafíos regionales complejos —la creciente influencia del narcotráfico y la violencia que genera—, pero la carga histórica de las fuerzas armadas en el país hace que el decreto presidencial de Macri sea un mal cálculo político: como Alemania, que sigue cargando con su pasado nazi, la Argentina no puede eludir sus fantasmas militares y autoritarios que legaron uno de los episodios más funestos de América Latina en el siglo XX.
Cuando en 1984 regresó la democracia al país, la intención de los nuevos gobiernos era separar a las fuerzas armadas del resto de la vida política. Así se forjó uno de los consensos multipartidistas más importantes de la Argentina contemporánea. En este periodo, los derechos humanos —y no la modernización de las fuerzas armadas— han sido un eje central de la discusión pública.
El año pasado, la decisión de la Corte Suprema de Justicia de reducir la sentencia de un militar condenado por crímenes de lesa humanidad provocó protestas masivas. El fallo, llamado 2×1 —que habría sentado un precedente para reducir las sentencias a cientos de militares implicados en violaciones de los derechos humanos durante la dictadura— fue revertido solo unos días después por el Congreso.
En el país no hay muchos consensos, pero el costo político de ir contra los derechos humanos puede ser alto. A solo tres días del decreto, la oposición convocó para el 8 de agosto a una sesión especial en la Cámara de Diputados que podría rechazar el plan de reforma y alrededor de 50.000 personasmarcharon para protestar contra la reforma.
La marcha es un elemento esencial en la vida política argentina y uno de los mecanismos civiles más efectivos. Los argentinos marchamos todo el tiempo, siempre con una amplia agenda de reclamos, la convicción absoluta de que la calle es de los ciudadanos y la certeza de que a través de la protesta se logran cambios políticos. Mientras que en México se desconoce el paradero de más de 30.000 personas, la desaparición de una persona desató una crisis política el año pasado en Argentina: “¿Dónde está Santiago Maldonado?”. El activista que fue encontrado sin vida casi tres meses después de su desaparición, se convirtió en un lamento masivo que llenó las calles y redes sociales.
La reestructuración de las fuerzas armadas de la semana pasada cambia una reglamentación de 2006 que limitaba la acción del ejercito a la defensa del país frente agresiones externas perpetuadas por otros Estados. El cambio apunta a que ahora puedan participar en operaciones contra organizaciones criminales transnacionales. Pero que su misión sea intervenir en cuestiones tan etéreas como “objetivos estratégicos” y combatir “agresiones externas” genera inquietud sobre la forma en que se definirán esos objetivos y esas agresiones, como advirtió un grupo de expertos del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). El temor es que se podrían interpretar algunas protestas civiles como “agresiones” o los reclamos sociales del momento —por ejemplo, los de las comunidades indígenas en zonas de yacimientos hidrocarburíferos— como “objetivos estratégicos”.
Por si fuera poco, la reforma se da en un momento en el que la militarización de la seguridad interna está cada vez mas desacreditada en América Latina. Poco más de una década de utilizar al ejército para combatir a los carteles de narcotráfico en México ha generado más de 10.000 denuncias de violaciones a los derechos humanos por parte de la población, incluidos casos de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, tortura y abuso sexual.
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Durante una protesta en la Plaza de Mayo el 26 de julio de 2018, una mujer sostiene un cartel con la frase emblemática de la Argentina posdictadura: "Nunca más". CreditMarcos Brindicci/Reuters
La reforma que revaloriza el papel de las fuerzas armadas no tiene como propósito reinstaurar una dictadura y posiblemente tampoco busque reprimir las protestas sociales que tanto valoramos los argentinos. Pero las reservas sobre el decreto no son “prejuicios paranoicos propios de vetustas concepciones ideológicas de la izquierda vernácula”, como advierte un editorial del diario argentino La Nación.
De 1930 hasta la década de los ochenta el ejército tomó a la fuerza el poder seis veces e impuso la violencia como método para perpetuarse en el gobierno. El activismo por los derechos humanos desde que se recuperó la democracia fue la característica distintiva de Argentina respecto de otras naciones con pasados totalitarios, como Brasil, Chile y Uruguay. Por eso es comprensible que seamos renuentes a la participación de los militares en ámbitos más amplios de la vida pública. Si algo sabemos los argentinos es que el ejército puede desbordar sus límites con facilidad.
En plena represión, mientras la dictadura argentina lanzaba una campañaque decía que “los argentinos somos derechos y humanos”, secuestraba, torturaba y ejecutaba miles de opositores. Cuando la junta militar dejó el poder, la frase “Nunca más” fue un grito para la nueva Argentina que se alejaba del autoritarismo y empezaba a investigar los crímenes de la dictadura. El gobierno de Mauricio Macri no debe olvidar que nunca más realmente es nunca más.




The New York Times | ARGENTINA >> Veintinueve argentinos fueron condenados a cadena perpetua en el juicio por los ‘vuelos de la muerte’ | Por DANIEL POLITI y ERNESTO LONDOÑO 29 de noviembre de 2017


     Familiares de personas que desaparecieron durante la dictadura militar argentina hicieron acto de presencia           durante la sentencia en Buenos Aires, el miércoles.   Javier González Toledo / Agence France-Presse - Getty Images

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BUENOS AIRES — Los jueces a cargo de la causa de derechos humanos más importante de Argentina condenaron a cadena perpetua a 29 de los acusados, en un juicio que documentó la práctica generalizada de la última dictadura militar de matar a civiles arrojándolos de aviones en pleno vuelo.
“Este es un momento feliz en la larga lucha por la justicia que se ha mantenido durante décadas”, dijo Víctor Basterra, de 73 años y quien fuera un preso político que estuvo confinado en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), eje central del caso. “Siempre es satisfactorio verlos sentenciados a cadenas perpetuas”.
La sentencia coronó el esfuerzo más ambicioso hasta la fecha para responsabilizar a los exlíderes militares por los abusos cometidos durante los años setenta y ochenta, cuando varios países latinoamericanos fueron gobernados por juntas militares derechistas. Los fiscales juzgaron a 54 militares argentinos por la muerte o desaparición forzada de 789 personas y presentaron los testimonios de más de 800 testigos.
El tribunal absolvió a seis acusados, incluidos un par de pilotos, y condenó al resto a penas de prisión que oscilaron entre los ocho y veinticinco años. Cuando concluyó la audiencia, que duró cuatro horas, los acusados evitaron mirar a quienes fueron presos políticos y familiares de los asesinados, que estaban parados al fondo de la sala.

Algunas personas presentes en el tribunal portaban fotografías de sus seres queridos. “Asesinos, violadores”, gritaban las víctimas, tocando un panel de vidrio que los separaba de los acusados. “¡Vas a ir a la cárcel!”, exclamó triunfante una mujer mayor.
El juicio de cinco años puso de relieve la tortura sistemática y el asesinato de miles de personas sospechadas de oponerse al gobierno militar. Fueron recluidos en un centro clandestino de detención ubicado en una base naval de Buenos Aires por orden de la junta militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983.
En una serie de audiencias, los testigos relataron con detalles escalofriantes cómo los ciudadanos fueron drogados, cargados en aviones y arrojados a las aguas frente a la costa de Buenos Aires. Si bien esta práctica se conoce desde hace mucho tiempo, los fiscales lograron hacer una referencia cruzada de testimonios y documentos para detallar cómo se realizó una de las tácticas más atroces de la dictadura argentina.

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Los exoficiales navales Jorge Eduardo Acosta, a la izquierda, y Alfredo Astiz, segundo desde la izquierda, durante su sentencia que fue emitida el miércoles. CreditVictor R. Caivano / Associated Press

El juicio también esclareció la complicidad de la Iglesia católica en los crímenes de la junta. Ningún miembro del clero fue acusado en el juicio, pero los fiscales alegaron que los religiosos fueron cómplices en la ocultación de los detenidos ante la presencia de los inspectores internacionales de derechos humanos.
“Estamos muy satisfechos con el veredicto”, dijo Abel Córdoba, un fiscal. “Creemos que esta es una decisión justa que demostró la metodología de los vuelos de la muerte como una forma de exterminio”.
De todos los centros secretos de detención que por ese entonces existían en Argentina, el más infame estaba ubicado en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, conocida como la ESMA. Según los testimonios, unas 5000 personas fueron detenidas y torturadas en la base, que ahora es un monumento a los derechos humanos.
Algunos de los acusados ​​en el caso eran los exoficiales navales Alfredo Astiz, Ricardo Cavallo y Jorge Acosta, quienes ya cumplían sentencias por condenas anteriores.
El veredicto se produjo cuando las organizaciones de derechos humanos argentinas cuestionan el compromiso del presidente Mauricio Macri con el ajuste de cuentas legal por los abusos contra los derechos humanos cometidos durante la dictadura, un esfuerzo defendido por su predecesora, Cristina Fernández de Kirchner.
Macri se ha esforzado por enfatizar su apoyo a los casos judiciales. Sin embargo, los activistas dicen que su gobierno ha enviado señales contradictorias al desmantelar los departamentos de derechos humanos de los ministerios; cuestionar la estimación del número de víctimas de la dictadura, y enfatizar en la necesidad de que Argentina pase la página de ese capítulo de su historia.
Córdoba dijo que confiaba en que la política cambiante del país no obstaculizará la búsqueda de justicia en muchos casos aún pendientes por violaciones a los derechos humanos. “Creemos que es importante que los tribunales continúen enviando un mensaje sobre los crímenes de lesa humanidad”, dijo el miércoles por la noche.
Argentina ha hecho más que cualquiera de sus vecinos para castigar a los responsables por los crímenes cometidos durante el gobierno militar. Hasta el mes pasado, 818 personas habían sido condenadas y 754 acusados estaban siendo enjuiciados en casos en el país, según la oficina del fiscal general.
Durante mucho tiempo, la junta argentina ha sido considerada como la más despiadada de la época, ya que detuvo, torturó y asesinó a unas 30.000 personas que calificó de “subversivas”. Además de asesinar a personas sospechosas de ser disidentes, los oficiales militares secuestraron a cientos de bebés que fueron criados por familias leales al gobierno.

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RT | Milagro Sala, trasladada a su residencia para cumplir arresto domiciliario (Video) | 31 agosto 2017

Las medidas de seguridad en los alrededores de su domicilio son extremas.


Finalmente, la dirigente política Milagro Sala fue trasladada desde el penal Alto Comedero a su residencia, ubicada a unos 30 kilómetros del centro de la ciudad San Salvador de Jujuy (Argentina), para cumplir con el arresto domiciliario, informó el sitio Todo Jujuy.
La salida del penal fue registrada en video y en él se observa un amplio operativo de seguridad, en el que las autoridades policiales emplearon varios vehículos para movilizar a Sala y a los agentes del orden.
La seguridad
El tribunal que ordenó el arresto domiciliario agregó una serie de medidas para custodiar a la diputada del Parlamento del Mercosur.
Las medidas incluyen el uso de una tobillera electrónica, el levantamiento de una cerca perimetral, un contenedor que funcionará como estación policial, varias garitas de vigilancia, baños químicos en el exterior del domicilio, cámaras de seguridad con visión de 360°, y además se informó que la Policía de la provincia de Jujuy estará a cargo del control en las calles y rutas adyacentes al domicilio. 




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15 gendarmes, alambrado perimetral, cámaras, dos tobilleras, visitas restringidas. Así será la prisión "domiciliaria" de Milagro Sala.
Milagro Sala, considerada por organizaciones sociales como presa política del gobierno de Mauricio Macri, había cumplido 593 días de prisión, luego que dos jueces distintos le dictaran tres medidas de prisión preventiva.
Sala fue detenida en enero del 2016 por las fuerzas de seguridad provinciales de Jujuy por un acampe que su agrupación, Tupac Amaru, realizaba en la plaza de la capital. 
El traslado a su residencia llega un mes después de la solicitud de esa medida por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).



(Tomado de RT)





Página|12 | Pence elogió las reformas de Macri >> El amigo americano 15 agosto 2017

"Estados Unidos está con usted", le dijo el vicepresidente de ese país a Macri y señaló que el gobierno de Donald Trump se siente "muy alentado" por la cambios que puso en marcha. El Presidente afirmó que compartieron la "preocupación" por la situación en Venezuela.

Mauricio Macri recibió a Mike Pence en Olivos.
Mauricio Macri recibió a Mike Pence en Olivos. 

Imagen: Télam


|  El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, consideró hoy que las reformas económicas del gobierno de Mauricio Macri "van a mejorar" el mercado bilateral agrícola y que generarán "más inversiones" de parte de empresas estadounidenses.

"Esperamos que con la energía que tenemos ambos gobiernos vamos a aumentar las relaciones comerciales, especialmente en temas agrícolas. Nos sentimos muy alentados por la reformas económicas que está ejecutando Macri", sostuvo, en conferencia de prensa en la Residencia de Olivos. 

Pence ratificó el apoyo del presidente Donald Trump a su viejo amigo Macri: "Estoy aquí para decirle en nombre del presidente Trump que Estados Unidos está con ustedes". El vice norteamericano calificó a la Argentina de "fruto próspero" y señaló: "Aplaudimos sus reformas económicas". También dijo que EEUU "apoya el ingreso" de nuestro país a la OCDE. 

En una declaración conjunta que hicieron ante la prensa en Olivos tras la reunión, Macri afirmó que la visita de Pence al país "ratifica el nivel de interés y el entusiasmo que hay" por la Argentina, y dijo que “son muy bienvenidas todas las empresas” norteamericanas que buscan invertir en el país, ya que se necesita “generar empleo, única solución a la pobreza“.

Otro tema central de la conversación entre ambos líderes fue la situación en Venezuela. Macri afirmó que ambos países comparten "la preocupación por lo que están sufriendo los venezolanos", y reiteró la exigencia a Nicolás Maduro de un "cronograma electoral, respeto a las libertades, que libere presos políticos y que respete la independencia de poderes". 

Pence, en tanto, sostuvo que Venezuela “está poco a poco yendo hacia la dictadura” y dijo que el presidente Trump “quiere trabajar con sus aliados de la región para una solución pacífica a la crisis que enfrenta” ese país. "Lo que estamos viendo en Venezuela es la tragedia de la tiranía", advirtió. 

“Estados Unidos tiene muchas opciones a su disposición para Venezuela, pero el presidente Trump está trabajando con los aliados de la región una solución pacifica a la crisis que está enfrentando Venezuela”, dijo Pence y remarcó también “las declaraciones audaces” de Macri en relación al tema, quien sin embargo no hizo mención a la situación de Milagro Sala, detenida en Jujuy y considerada una presa política, y tampoco de la desaparición forzada de Santiago Maldonado. 

Pence, quien llegó ayer al país, comenzó la jornada de hoy rindiendo un homenaje al General José de San Martín ante el mausoleo que guarda sus restos en la Catedral metropolitana, luego se dirigió a la residencia de Olivos, y almorzará este mediodía con la vicepresidenta Gabriela Michetti en Casa de Gobierno, tras lo cual se dirigirá a la Bolsa de Comercio.

(Tomado de Página|12)



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