Familiares de personas que desaparecieron durante la dictadura militar argentina hicieron acto de presencia durante la sentencia en Buenos Aires, el miércoles. Javier González Toledo / Agence France-Presse - Getty Images
BUENOS AIRES — Los jueces a cargo de la causa de derechos humanos más importante de Argentina condenaron a cadena perpetua a 29 de los acusados, en un juicio que documentó la práctica generalizada de la última dictadura militar de matar a civiles arrojándolos de aviones en pleno vuelo.
“Este es un momento feliz en la larga lucha por la justicia que se ha mantenido durante décadas”, dijo Víctor Basterra, de 73 años y quien fuera un preso político que estuvo confinado en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), eje central del caso. “Siempre es satisfactorio verlos sentenciados a cadenas perpetuas”.
La sentencia coronó el esfuerzo más ambicioso hasta la fecha para responsabilizar a los exlíderes militares por los abusos cometidos durante los años setenta y ochenta, cuando varios países latinoamericanos fueron gobernados por juntas militares derechistas. Los fiscales juzgaron a 54 militares argentinos por la muerte o desaparición forzada de 789 personas y presentaron los testimonios de más de 800 testigos.
El tribunal absolvió a seis acusados, incluidos un par de pilotos, y condenó al resto a penas de prisión que oscilaron entre los ocho y veinticinco años. Cuando concluyó la audiencia, que duró cuatro horas, los acusados evitaron mirar a quienes fueron presos políticos y familiares de los asesinados, que estaban parados al fondo de la sala. Algunas personas presentes en el tribunal portaban fotografías de sus seres queridos. “Asesinos, violadores”, gritaban las víctimas, tocando un panel de vidrio que los separaba de los acusados. “¡Vas a ir a la cárcel!”, exclamó triunfante una mujer mayor.
El juicio de cinco años puso de relieve la tortura sistemática y el asesinato de miles de personas sospechadas de oponerse al gobierno militar. Fueron recluidos en un centro clandestino de detención ubicado en una base naval de Buenos Aires por orden de la junta militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983.
En una serie de audiencias, los testigos relataron con detalles escalofriantes cómo los ciudadanos fueron drogados, cargados en aviones y arrojados a las aguas frente a la costa de Buenos Aires. Si bien esta práctica se conoce desde hace mucho tiempo, los fiscales lograron hacer una referencia cruzada de testimonios y documentos para detallar cómo se realizó una de las tácticas más atroces de la dictadura argentina.
Los exoficiales navales Jorge Eduardo Acosta, a la izquierda, y Alfredo Astiz, segundo desde la izquierda, durante su sentencia que fue emitida el miércoles. CreditVictor R. Caivano / Associated Press
El juicio también esclareció la complicidad de la Iglesia católica en los crímenes de la junta. Ningún miembro del clero fue acusado en el juicio, pero los fiscales alegaron que los religiosos fueron cómplices en la ocultación de los detenidos ante la presencia de los inspectores internacionales de derechos humanos.
“Estamos muy satisfechos con el veredicto”, dijo Abel Córdoba, un fiscal. “Creemos que esta es una decisión justa que demostró la metodología de los vuelos de la muerte como una forma de exterminio”.
De todos los centros secretos de detención que por ese entonces existían en Argentina, el más infame estaba ubicado en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, conocida como la ESMA. Según los testimonios, unas 5000 personas fueron detenidas y torturadas en la base, que ahora es un monumento a los derechos humanos.
Algunos de los acusados en el caso eran los exoficiales navales Alfredo Astiz, Ricardo Cavallo y Jorge Acosta, quienes ya cumplían sentencias por condenas anteriores.
El veredicto se produjo cuando las organizaciones de derechos humanos argentinas cuestionan el compromiso del presidente Mauricio Macri con el ajuste de cuentas legal por los abusos contra los derechos humanos cometidos durante la dictadura, un esfuerzo defendido por su predecesora, Cristina Fernández de Kirchner.
Macri se ha esforzado por enfatizar su apoyo a los casos judiciales. Sin embargo, los activistas dicen que su gobierno ha enviado señales contradictorias al desmantelar los departamentos de derechos humanos de los ministerios; cuestionar la estimación del número de víctimas de la dictadura, y enfatizar en la necesidad de que Argentina pase la página de ese capítulo de su historia.
Córdoba dijo que confiaba en que la política cambiante del país no obstaculizará la búsqueda de justicia en muchos casos aún pendientes por violaciones a los derechos humanos. “Creemos que es importante que los tribunales continúen enviando un mensaje sobre los crímenes de lesa humanidad”, dijo el miércoles por la noche.
Argentina ha hecho más que cualquiera de sus vecinos para castigar a los responsables por los crímenes cometidos durante el gobierno militar. Hasta el mes pasado, 818 personas habían sido condenadas y 754 acusados estaban siendo enjuiciados en casos en el país, según la oficina del fiscal general.
Durante mucho tiempo, la junta argentina ha sido considerada como la más despiadada de la época, ya que detuvo, torturó y asesinó a unas 30.000 personas que calificó de “subversivas”. Además de asesinar a personas sospechosas de ser disidentes, los oficiales militares secuestraron a cientos de bebés que fueron criados por familias leales al gobierno.
Derechos de autor de la imagenLA NACIÒNImage captionEn la madrugada del día después de las elecciones Fernández anunció que había ganado. Ahora la justicia le dio la razón.
Era el primer enfrentamiento en las urnas entre el partido de gobierno (Cambiemos) y el de Cristina Fernández de Kirchner (Unidad Ciudadana) desde que la exmandataria dejó el poder en 2015.
Si bien se trataba de elecciones legislativas, y primarias, en lo simbólico era una lucha de titanes: ¿quién ganaría la provincia de Buenos Aires, el principal bastión electoral de Argentina y "la madre de todas las batallas"?
Los comicios se realizaron con normalidad el pasado domingo 13 de agosto.
La concurrencia a las urnas fue alta y más alta aún era la expectativa sobre lo que iba a pasar.
¿Podrían los resultados acaso marcar el regreso político del kirchnerismo, la fuerza que gobernó Argentina durante 12 años y fue vencida por escaso margen en 2015 por Mauricio Macri?
Varias encuestas y analistas habían anticipado el triunfo de la lista encabezada por Fernández de Kirchner, quien se postuló como senadora.
Incluso los mercados se hicieron eco de esa anunciada victoria y el dólar registró fuertes alzas en los días previos a la elección.
Pero en la noche del 13 de agosto llegó la sorpresa: a medida que se realizaba el recuento provisorio de votos, las cifras iban mostrando una fuerte ventaja de Cambiemos, el partido de Macri.
Derechos de autor de la imagenLA NACIONImage captionTras los comicios el presidente Macri celebró los buenos resultados en todo el país, incluyendo la provincia de Buenos Aires.
Contra todos los pronósticos, durante un par de horas la brecha que separaba a los candidatos de Cambiemos -encabezados por el exministro de Educación Esteban Bullrich- de la lista kirchnerista se fue agrandando y agrandando.
Y pasadas las 22 horas, cuando muchos argentinos ya se comían las uñas esperando saber el resultado, el oficialismo salió de su búnker y habló con la prensa, en medio de una fiesta.
"Qué día lindo en la historia de nuestro país, un día muy importante. Tengo mucha emoción", dijo el presidente Macri, quien encabezó las celebraciones.
En ese momento, el recuento parcial mostraba una victoria del macrismo en los principales distritos del país, incluyendo en la estratégica provincia de Buenos Aires, la más poblada de Argentina, donde el oficialismo registraba una ventaja de varios puntos.
La gobernadora macrista de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, también celebró los resultados.
"Un gracias grande como esta provincia a los que nos votaron, a los que nos acompañaron, a los que nos creyeron. Hemos hecho una gran elección", dijo.
Derechos de autor de la imagenLA NACIONImage captionAunque el rival directo de Fernández es Bullrich (atrás), muchos consideran que la verdadera contienda es con la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, de Cambiemos.
Todas las pantallas de televisión mostraban la enorme ventaja que llevaba Cambiemos en la estratégica batalla Bullrich-Fernández: casi 37% para el macrista contra los 31,5% de la líder kirchnerista.
Apenas se había contabilizado el 20% de las mesas pero varios analistas aseguraban que era una tendencia irreversible.
Y tras los festejos oficialistas todo el mundo se quedó esperando la reacción del "búnker K".
"¿Qué dirá Cristina?", se preguntaban todos.
La respuesta de Cristina
La gran incógnita en esos momentos era si la exmandataria, famosa por no reconocer errores, admitiría la victoria de su rival, como ya había hecho el candidato que estaba tercero, Sergio Massa.
Pero nada. Fernández no habló. La jornada electoral llegó a su fin y muchos argentinos se fueron a dormir festejando o lamentando el triunfo del oficialismo.
Eran casi las 4 de la mañana del día siguiente cuando Cristina Fernández de Kirchner finalmente tomó el micrófono y se pronunció.
"Hemos ganado en la provincia de Buenos Aires", sentenció.
Derechos de autor de la imagenLA NACIONImage captionLa exmandataria acusó al gobierno de manipular los datos provisorios para mostrar una ventaja enorme que al final no existió.
El escrutinio provisional ya se había frenado. La última cifra (con el 95% de las mesas contabilizadas) mostraba un "empate técnico": 34,19 para Cambiemos contra 34,11 de Unidad Ciudadana.
Pero Fernández se mostró segura de su triunfo y acusó al gobierno de manipular el recuento provisorio para poder "montar un show para que salga en el prime time de la televisión".
"Es una ofensa a los ciudadanos que hoy fueron a votar", acusó, tildando de "bochorno" la demora en los resultados provisorios.
Y 16 días después, la Justicia electoral le dio la razón: confirmó que ganó, aunque negó que hubiera habido manipulación de los datos provisorios.
A través de su cuenta en Twitter la Cámara Nacional Electoral informó que, efectivamente, la exmandataria salió primera en la carrera electoral.
En declaraciones a una emisora local, el director nacional electoral Fernando Álvarez dijo que Fernández de Kirchner venció a Bullrich con una diferencia del 0,2% de los votos.
"Es una diferencia muy pequeña, una diferencia mínima, una diferencia sin precedente", destacó Álvarez en Radio Mitre.
Los datos finales del recuento definitivo de votos -el único con validez legal- muestran que la candidata de Unidad Ciudadana se impuso con el 34,27% de los votos contra el 34,06% de Cambiemos.
Es decir, solo 20.324 votos separaron a un partido del otro.
Derechos de autor de la imagenLA NACIONImage captionLa polémica elección primaria en Buenos Aires muestra cuán profunda sigue siendo “La Grieta” entre kirchneristas y antikirchneristas en Argentina.
Victoria simbólica
En la batalla simbólica entre el macrismo y el kirchnerismo, este pequeño guarismo se torna gigante.
En Argentina pocos miran el detalle de los resultados… ya sea que se hable de elecciones o de fútbol, lo único que importa es quién ganó.
Y este exitismo es aún más pronunciado cuando se da en el contexto de "La Grieta", como se llama en el país a la polarización entre kirchneristas y antikirchneristas.
¿Pero qué significado real tiene este triunfo?
"Tendrá un impacto mediático y será una herramienta más de campaña, pero lo que cuenta es lo que ocurrirá en las elecciones generales del 22 de octubre", señaló el analista político y profesor de la Universidad de Buenos Aires Miguel De Luca.
De Luca dijo a BBC Mundo que los resultados de las primarias harán que muchos electores "repiensen su voto" de cara a octubre.
"Se llaman votantes estratégicos y en elecciones pasadas representaron a cerca del 3-4% del electorado", explicó.
Se trata de votantes que en las primarias no optaron ni por el macrismo ni por el kirchnerismo pero que dado el escenario de las primarias ahora elegirán a una de esas dos fuerzas.
Y esta polarización definirá al ganador o la ganadora, ya que -se espera- romperá la actual paridad entre los candidatos.
Derechos de autor de la imagenLA NACIONImage captionEl escrutinio definitivo de votos tardó 16 días.
Todos festejan
Mientras tanto, desde ambos lados de La Grieta festejan los resultados oficiales de las primarias.
Fernández convocó para este miércoles un acto en un estadio en La Plata -la capital provincial, donde se realizó el recuento definitivo- en el que celebrará junto con los intendentes de su partido la victoria que se le negó el pasado 13.
Se anticipa que no ahorrará críticas hacia el gobierno, al que acusa de haber jugado sucio.
Sin embargo el macrismo también buscará darle un sesgo positivo a los resultados electorales.
Ya la gobernadora Vidal -quien negó haberse adjudicado la victoria en Buenos Aires- había adelantado que el recuento final daría una diferencia menor a un punto, lo que consideró un "empate técnico".
"A lo mejor la expresidente está decepcionada porque esperaba sacar más votos", aguijoneó en una entrevista con radio Mitre, sobre el enojo de Fernández.
Derechos de autor de la imagenREUTERSImage captionDesde el gobierno buscan minimizar el impacto del triunfo de la exmandataria pero lo cierto es que el anuncio le da un fuerte impulso mediático a la campaña del kirchnerismo.
Los simpatizantes del gobierno resaltan que Cambiemos ganó las elecciones primarias por diputados en Buenos Aires.
Y en cuanto a la polémica competencia por senadores, señalan que aunque Fernández haya ganado, ese 34% de los votos que obtuvo son "un papelón" si se considera que cuando fue reelegida presidenta, en 2011, había sido votada por cerca del 56% de los bonaerenses.
Los partidarios del gobierno buscan, además, poner el foco en otro lado: resaltando que, a pesar de los problemas económicos, lograron imponerse en los principales distritos electorales del país, incluyendo exbastiones peronistas.
Pero a pesar de sus mejores esfuerzos, lo cierto es que en el país del exitismo esta semana la ganadora es una sola y nadie podrá quitarle su triunfo a Cristina Fernández de Kirchner.
SANTIAGO — Quizá la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, es la que más se regocijó con el hito.
Durante unos cuantos años, ella y otras dirigentes presidieron gran parte de América del Sur y representaban a más de la mitad de la población del continente. Sus presidencias —en Brasil, Argentina y Chile— convirtieron a la región en un ejemplo de la búsqueda global por lograr un lugar más equitativo para las mujeres en la política.
Sin embargo, con la destitución de una de ellas —la brasileña Dilma Rousseff— y la batalla para defenderse de los cargosde corrupción que ha entablado la otra —Cristina Fernández de Kirchner de Argentina—, Bachelet se encuentra en una posición inquietante: es la única mujer que lidera un país en toda América.
Y en unos meses dejará de serlo.
Cuando termine su mandato el próximo año, no se espera que haya una presidenta en ninguno de los países del norte, centro o sur del continente ni del Caribe, lo que constituye un notable revés en una parte del mundo donde, hasta hace poco, se habían elegido mujeres para liderar a las democracias más influyentes.
El fin de la era Bachelet está despertando cuestionamientos incómodos entre los defensores de los derechos de las mujeres que tenían la esperanza de que los antecedentes recientes de mujeres elegidas para cargos en la región representarían un paso duradero hacia la equidad de género.“Tal vez tuvimos un ciclo de hiperabundancia”, dijo Bachelet en una entrevista.
Bachelet durante un discurso en el Día Internacional de los Refugiados, al que acudieron, entre otros, dos jóvenes congoleñas asiladas.CreditMeridith Kohut para The New York Times
Decenas de países en todo el mundo, incluido Chile, han adoptado sistemas de cuotas de género como parte de un esfuerzo por aumentar la representación femenina en el gobierno. Aun así, el progreso en la votación de más mujeres para los órganos legislativos en la región y más allá ha sido obcecadamente lento. Todavía no se cumple la meta establecida por las Naciones Unidas en la década de los años noventa, de que al menos un 30 por ciento de los legisladores del mundo fueran mujeres; hoy en día, la cifra global es solo del 23 por ciento.
“En todos esos países en que se han producido importantes avances hacia la equidad de género, la tendencia puede revertirse fácilmente”, dijo Lakshmi Puri, directora ejecutiva adjunta de ONU Mujeres, agencia de las Naciones Unidas que alguna vez fue dirigida por Bachelet y que se creó en 2010 para promover los derechos de las mujeres y su empoderamiento.
“Se dan tres pasos adelante y tres atrás”, dijo Puri.
“En todos esos países en que se han producido importantes avances hacia la equidad de género, la tendencia puede revertirse fácilmente”.
LAKSHMI PURI, DIRECTORA EJECUTIVA ADJUNTA DE ONU MUJERES
Bachelet, Rousseff y Fernández de Kirchner llegaron al poder con el respaldo de funcionarios populares del sexo masculino en un momento en que a los votantes les atraían los partidos de izquierda que prometían construir sociedades más igualitarias.
Sin embargo, la imagen pública de las tres mandatarias y de las fuerzas políticas a las que pertenecen resultó afectada cuando las economías regionales se contrajeron al caer los precios de las materias primas y luego de una serie de escándalos de corrupción que han desatado dudas sobre sus liderazgos e integridad.
Si bien los presidentes a menudo ven cómo su aprobación cae mientras desempeñan su cargo, el trío de mandatarias sudamericanas dice que su género las expuso a reacciones particularmente virulentas.
En una entrevista reciente, Rousseff dijo que la “llamaron vaca como seiscientas mil veces” y atribuyó su caída, en parte, a la misoginia. La brasileña indicó que a ella la calificaban de ser dura y severa y “a un hombre lo habrían considerado firme y fuerte”, o que la criticaban por ser emocional “pero a un hombre lo habrían considerado sensible”.
El sucesor de Rousseff, Michel Temer, designó a un gabinete compuesto exclusivamente por hombres. El congreso de Brasil, por su parte, es uno de los órganos legislativos con mayor presencia masculina en la región; solo hay un 11 por ciento de legisladoras.
“Lo que no se les exige muchas veces a los hombres en la política sí se les exige a las mujeres. Y yo a lo que aspiraría es que el patrón, el corte, sea con la misma tijera”, dijo Bachelet.
“Creo que esto tiene que ver con sociedades machistas en las que a la mujer le ha costado irse ganando su espacio. Creo que se ha avanzado tanto en Chile como en el mundo y en América Latina, pero queda mucho por avanzar”, añadió.
La expresidenta brasileña Dilma Rousseff en su oficina del Palacio do Planalto en 2016CreditTomas Munita para The New York Times
Bachelet, quien tiene 65 años y es pediatra, comenzó su carrera en el gobierno como consejera en el Ministerio de Salud y ascendió con rapidez hasta convertirse en la primera secretaria de Salud de Chile, en el 2000, y después fue la primera secretaria de Defensa del país, en 2002.
Obtuvo su primera victoria presidencial con un amplio margen en 2005 y sustituyó a su aliado político, Ricardo Lagos. Bachelet no fue la primera jefa de Estado de la región, pero es considerada como la primera en haber sido elegida por sus propios méritos, sin haber sido apuntalada por un esposo con poder político. Fue un momento inspirador para las mujeres de toda América Latina, al ayudar a generar “en las niñas la percepción de que no hay límites”, dijo Bachelet.
“Lo que no se les exige muchas veces a los hombres en la política sí se les exige a las mujeres. Y yo a lo que aspiraría es que el patrón, el corte, sea con la misma tijera”.
MICHELLE BACHELET
Aunque después de que se calmaron las celebraciones en la noche de su primera victoria, Bachelet regresó a casa con el peso de un breve encuentro que tuvo en un evento de campaña.
“Si usted es elegida presidenta mi marido no me va a golpear nunca más”, le dijo una votante a Bachelet. La mandataria señaló que fue aleccionador “saberme depositaria de sueños y anhelos de tanta gente que tenía muchas expectativas con un gobierno mío”.
Durante su primer mandato, Bachelet encabezó reformas legislativas para frenar la discriminación laboral, proteger a las víctimas de violencia doméstica y ampliar el acceso a los servicios de salud para las mujeres argumentando que construir una sociedad más igualitaria no solo era un asunto de igualdad.
“Yo siempre hago una analogía futbolística”, dijo Bachelet. “Si de los 11 jugadores solo participan la mitad, no podemos ganar ningún juego. El país para desarrollarse requiere de todas las capacidades de los hombres y las mujeres”.
Cuando dejó el cargo en 2010, pues no hay reelección para mandatos consecutivos presidenciales en Chile, fungió como la primera directora ejecutiva de ONU Mujeres. Le brindó el poder de su fama a una nueva agencia que financiaba iniciativas para combatir la pobreza, trabajaba para reducir la violencia de género y cabildeaba a favor de reformas políticas para que fueran electas más mujeres.
Una niña chilena con un cartel de Bachelet durante la campaña presidencial de 2005CreditIvan Alvarado/Reuters
Sin embargo, las ambiciones de la agencia se redujeron porque no fue posible recaudar los 500 millones de dólares de fondos anuales contemplados originalmente. El año pasado, su presupuesto rebasó por muy poco los 327 millones de dólares.
Bachelet regresó a la política, al postularse y ganar en 2013. Durante su segundo mandato creó el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género e impulsó una reforma electoral que establece que por lo menos el 40 por ciento de los candidatos a cargos públicos deben ser mujeres. Un segundo legado que espera dejar antes de retirarse del cargo el próximo marzo es la despenalización parcial del aborto por tres causales, medida que está siendo debatida en el congreso.
No obstante, la chilena dijo que saldrá de la presidencia con muchos asuntos inconclusos. Las mujeres solo suman el 16 por ciento del cuerpo legislativo. Además ganan aproximadamente un 32 por ciento menos que los hombres, son más susceptibles de caer en el desempleo y tienen menos probabilidades de obtener créditos. “La cultura es lo que más cuesta cambiar”, dijo Bachelet.
En junio el expresidente Sebastián Piñera, quien va a la cabeza en la carrera por sustituir a Bachelet, fue blanco de ataques después de que se divulgó un video en el que bromea sobre la violación para tratar de animar a una muchedumbre en un evento de campaña. Bachelet estuvo entre las personas enfurecidas. “La violación es la expresión del peor tipo de violencia contra las mujeres”, escribió en Twitter. “Bromear al respecto es denigrarnos a todas, y eso es inaceptable”.
Puede que la misoginia siga siendo palpable en la política chilena, aunque Virginia Guzmán, socióloga del Centro de Estudios de la Mujeren Santiago, dijo que las presidencias de Bachelet han dejado una marca indeleble en la sociedad. Reconoció que las mujeres aún tienen una representación baja en la política, pero dijo que en los años recientes se han vuelto más influyentes en otras esferas del poder, incluyendo sindicatos y movimientos estudiantiles.
“Creo que se le recordará como alguien que trató de conducir al país hacia una mayor democracia de formas muy importantes”, dijo Guzmán de la presidenta. “Las mujeres, y la sociedad en general, ahora están más empoderadas en términos de sus derechos”.
Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet durante una sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2008CreditEric Thayer/Reuters
Aunque fue una dirigente popular durante su primer periodo, Bachelet dijo que a menudo sentía que se le imponía un estándar diferente que a los políticos de sexo masculino. Cuando su predecesor se emocionaba por algo en público, cuenta Bachelet, era alabado como un hombre sensible. “Si yo me emocionaba por algo, se me llenaban los ojos de lágrimas o se me apretaba la garganta porque sucedía una situación dramática, yo era una mujer ‘sin control de mis emociones'”, señaló.
Le fastidiaba que, cuando los editoriales criticaban sus decisiones, suponían que había seguido malas recomendaciones de consejeros varones. “Hay una dificultad para entender que una como mujer tiene capacidades de pensamiento, de decisiones muy autónomas”, indicó.
Aunque las expresidentas de Argentina y Brasil eran diferentes de Bachelet en cuanto a estilo y estrategias políticas, también hablaban de estar sujetas a críticas basadas en el género y ataques mucho más cruentos.
A la argentina Kirchner, quien dejó el cargo en 2015, con frecuencia le decían “yegua”, término usado para llamar a las prostitutas en la jerga. Los críticos de Rousseff, de Brasil, llegaron a poner calcomanías en su auto con una imagen de la presidenta de piernas abiertas justo donde se inserta la manguera de la bomba de gasolina.
“Hay una dificultad para entender que una como mujer tiene capacidades de pensamiento, de decisiones muy autónomas”.
MICHELLE BACHELET
Cuando las mujeres que se dedican a la política se quejan de la doble moral y de la misoginia en ese campo, a menudo se les acusa de usar a su favor argumentos sexistas, dijo Farida Jalalzai, una profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Oklahoma que publicó un libro el año pasado sobre las presidentas latinoamericanas.
“Ni siquiera es sutil; es evidente”, dijo. “Es un contragolpe para tratar de intimidarlas y que permanezcan donde están”.
El porcentaje de legisladoras en todo el mundo se ha elevado en la última década –de 11 por ciento en 1995 al 23 por ciento–, pero el progreso se ha estancado, según la Unión Interparlamentaria (UIP), un grupo que promueve la comunicación y las mejores prácticas entre los organismos legislativos.
“Tomará otros 50 años alcanzar la paridad si continuamos a este ritmo”, dijo Zeina Hilal, quien estudia género y política en la UIP. Dijo que las mujeres tienen dificultades para recaudar fondos, llegar a puestos de liderazgo en sus partidos políticos y vencer el sesgo de los votantes respecto a la capacidad de liderazgo de las mujeres.
Iván Aleite, un hombre chileno que trabaja como chofer en Santiago, dijo que le urge que termine el mandato de Bachelet. Su popularidad va en declive, consecuencia de una economía inactiva e investigaciones judiciales sobre los negocios de bienes raíces realizados por su hijo y su nuera, lo que Aleite dice son indicadores de que las mujeres no tienen capacidad para ser dirigentes.
“Tengo una teoría sobre por qué eligieron a Donald Trump”, dijo Aleite. “Los estadounidenses vieron los resultados de las presidentas en otras partes del mundo y la verdad es que, con excepción de Angela Merkel, ninguna ha tenido lo que se necesita para gobernar”.
Jalalzai ya había escuchado este argumento antes, en sus entrevistas a votantes latinoamericanos. Sin embargo, recalcó que si Trump pasa a la historia como “un presidente terrible, la gente no dirá que fue así porque era hombre”.