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The New York Times | NEGOCIOS >> Una compañía energética holandesa basa su futuro en una estrategia inusual: vender menos electricidad | Por STANLEY REED 22 de agosto de 2017


En un futuro no muy lejano, los hogares podrían usar energía eólica o solar para ya no depender de las compañías de energías convencionales (como las dedicadas a generar electricidad). Esas industrias deberán transformarse en proveedoras de servicios.



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ÁMSTERDAM — Cuando Eneco, una de las principales compañías energéticas en los Países Bajos, probó un prometedor monitor de energía en varias decenas de hogares, el resultado fue terrible. La empresa que fabricaba los dispositivos no entregó suficientes y, de aquellos que sí entregó, algunos no funcionaban.
Sin embargo, cuando Eneco envió a sus empleados a recoger los dispositivos, sucedió algo inesperado: una décima parte de los clientes se negaron a abrir la puerta. “Querían conservarlo”, explicó Tako in ’t Veld, quien antes trabajaba para Eneco y ahora se encarga de la unidad de “energía inteligente” en Quby, la empresa que fabrica el medidor de electricidad. “Estaban encantados porque podían ver cómo utilizaban su electricidad”.
La prueba, que se realizó en 2010, fue una de las acciones que emprendió Eneco para adaptarse a la turbulencia del mercado energético. Desde hace algunos años, la producción de grandes volúmenes de electricidad a partir de energía eólica y solar ha afectado la economía de las plantas eléctricas tradicionales, por lo que se espera que en el mercado del futuro las plantas eléctricas convencionales dejen de abastecer la mayor parte de la electricidad que requieren los hogares.
Eneco ha tratado de ofrecer servicios nuevos a sus clientes a través de algunas adquisiciones (como Quby), promoviendo el desarrollo de un grupo de empresas emergentes y poniendo en marcha otras iniciativas; al tomar estas medidas incursionó en sectores nuevos, como la carga de vehículos eléctricos y la reparación de páneles solares.


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Desde arriba en el sentido de las manecillas: el nuevo Toon en la oficina de Quby; una reunión en la esquina del café en la oficina, y un empleado de Quby en una habitación técnica.CreditIlvy Njiokiktjien para The New York Times

“Nos propusimos crear cada vez mayor lealtad entre los clientes a través de acciones diferentes”, comentó Hans Valk, director ejecutivo de Quby y antiguo director de Servicio a Clientes en Eneco. “Intentamos cambiar el enfoque: en vez de vender energía como materia prima, pretendemos venderla como servicio”.
Por ejemplo, Eneco tiene a Jedlix, una unidad de carga para vehículos eléctricos que se asoció con Tesla y BMW para permitir a los conductores recargar sus vehículos a precios razonables cuando hay mucha energía renovable en la red. Algunas veces Jedlix incluso les paga por hacerlo.
Eneco también lanzó un proyecto inusual llamado CrowdNett, que consiste en pagar a los clientes por parte de su electricidad. Eneco se pone en contacto con personas que ya tienen páneles solares en su casa e intenta venderles una enorme batería doméstica, como un dispositivo Powerwall de Tesla. La electricidad adicional que generan los páneles solares se almacena en la batería y Eneco puede acceder a parte de esa electricidad almacenada para ayudar a mantener el equilibrio en la red eléctrica. Los clientes recibirán 450 euros (que equivalen a 530 dólares) anuales por permitir que se utilicen sus baterías.
Los dirigentes de Eneco reconocen que más bien aplican un método de ensayo y error en vez de seguir un plan maestro. Sin embargo, en algún tiempo, estas acciones pueden ayudar a que la empresa sobreviva, además de contribuir a crear opciones que ayuden a los clientes a cambiar a energía más limpia.
“Son todos unos visionarios en términos de estrategia y enfoque”, opinó Roberta Bigliani, vicepresidenta de la empresa de investigación de mercados IDC. No obstante, si los experimentos de Eneco fracasan “definitivamente no podrán seguir operando en el futuro”, advirtió.
Hasta ahora, el experimento con el monitor de energía montado en la pared, llamado Toon, ha sido de los más exitosos.
Cuando Eneco concibió la idea de esta prueba, la compañía eléctrica estaba enfrascada en una batalla con sus competidores para lograr utilidades. Había bajado los precios de la electricidad y el gas natural, además de ofrecer obsequios a los consumidores que hicieran un contrato con ellos. La administración de Eneco se percató de las señales de peligro y decidió que era necesario un cambio radical.
El Toon dio a Eneco la oportunidad de cambiar el rumbo y, a pesar de los problemas que experimentó en un principio, Eneco amplió la prueba. Estos medidores permiten a los consumidores controlar la configuración de su calefacción doméstica a través de una aplicación para celulares donde pueden observar gráficas que muestran con todo detalle su consumo de electricidad y gas natural, además de otro tipo de información, como el pronóstico del clima.
En un esquema similar al que aplican las compañías telefónicas que ofrecen a los clientes dispositivos con un descuento cuando firman contratos por periodos largos, por lo regular el Toon forma parte de un contrato de servicios. Los clientes de Eneco pagan 3,50 euros al mes por el medidor; a cambio, afirman que el medidor les ayuda a ahorrar energía, así que les beneficia doblemente porque ahorran dinero y además reducen sus emisiones de gases de efecto invernadero, que se consideran responsables del cambio climático.
Quby afirma que ha instalado más de 300.000 Toons en hogares holandeses y ha logrado acuerdos para surtir el dispositivo a otras empresas, como Engie en Bélgica y Viesgo en España.
En su hogar ubicado al norte de Ámsterdam, Marco Westenbrink tiene un Toon en la pared de su sala. “Siempre está ahí, como mi ‘hermano mayor’, y siempre me observa”, dijo el diseñador gráfico durante una entrevista en su jardín, a orillas de un canal. “Puede parecer molesto, pero te vuelves totalmente consciente”.


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Desde arriba a la izquierda en el sentido de las manecillas: Marco Westenbrink en su patio; Westenbrink controlando su consumo de energía con la aplicación Toon en su teléfono, y un operador en una planta de Eneco.CreditIlvy Njiokiktjien para The New York Times

Westenbrink vive con su esposa en una acogedora casa antigua en Krommenie y calcula que el Toon le ha ayudado a reducir casi en una tercera parte su gasto anual de energía, a unos 2000 euros.
Su esposa, Karin Krol, enfatiza que el Toon también ayuda a su familia a combatir el cambio climático. “Estamos convencidos de que los pequeños detalles pueden producir cambios en el medioambiente”, aseveró.
Quienes contratan el Toon reducen aproximadamente una décima parte de su consumo anual promedio de energía, de acuerdo con Quby. Podría parecer que una reducción en el consumo de energía no le conviene a Eneco, pero la idea es que cualquier reducción en las utilidades se verá más que compensada con la expansión de su negocio de servicios (la empresa no incluye datos sobre su unidad de servicios en los informes disponibles al público).

A través de los Toons, Eneco ya monitorea el desempeño de calentadores de gas natural y páneles solares, por lo que puede enviar a su personal a realizar reparaciones en cuanto el equipo necesita servicio. Además, como esperaba Valk, el director de Quby, los dispositivos han ayudado a reducir en un 60 por ciento el número de clientes que abandonan Eneco para contratar a otros proveedores, según datos de la empresa.
Valk espera que en el futuro los clientes paguen por toda una serie de servicios en vez de pagar solamente por kilovatios de energía. A diferencia de las fuentes de electricidad que dominan el mercado en la actualidad, las energías eólica y solar son en esencia gratuitas una vez que se instala el equipo. Así que “vamos a pagar por flexibilidad, no por los ‘neutrones’”, señaló Valk.
Eneco también ha realizado inversiones significativas en energía eólica, en parte para poder garantizar a los clientes que se preocupan por el medioambiente que su energía se produce a partir de fuentes más limpias. Esta estrategia les ha funcionado: la empresa tiene un contrato para abastecer energía limpia durante diez años a un centro de almacenamiento de datos que abrió Google el año pasado en Eemshaven, en la región norte de Países Bajos, y que consume grandes cantidades de electricidad.
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Daan Berkouwer y su esposa, Louise Bokhoven, en su casa a las afueras de Gouda, Países Bajos. Son parte de un programa piloto que usa la batería Powerwall de Tesla, que está montada en el costado de su hogar.CreditIlvy Njiokiktjien para The New York Times

Gran parte de la estrategia de Eneco está apenas en sus primeras etapas. Aunque CrowdNett (el servicio de almacenamiento de electricidad en una batería) solo tiene unas cuantas decenas de clientes, la empresa tiene grandes ambiciones para esta iniciativa. Eneco afirma que si suficientes clientes adquieren la batería, la empresa podrá acumular y vender la energía electrónicamente a través de un software especializado, como una compañía eléctrica convencional.
Daan Berkouwer, quien trabaja para una empresa de administración del agua, dijo que la combinación de incentivos financieros con la promesa de reducir sus emisiones le ayudó a decidirse a comprar la batería Tesla Powerwall para emplearla con CrowdNett.
“Cuando todos hagamos esto, las empresas petroleras podrán parar la producción”, dijo Berkouwer, de 27 años, quien vive con su esposa en las afueras de Gouda, el pueblo famoso por su queso. “¿Por qué extraer todo el petróleo y acabar con el planeta si puedes utilizar energía limpia?”.


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The New York Times | COMENTARIO La verdadera amenaza de la inteligencia artificial | Por KAI-FU LEE 27 de junio de 2017


Rune Fisker

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PEKÍN — ¿Qué te preocupa sobre el nuevo mundo de la inteligencia artificial?
Es muy frecuente que la respuesta a esta pregunta se parezca a la trama de un thriller de ciencia ficción. La gente se preocupa de que el desarrollo de la inteligencia artificial produzca la “singularidad”: ese punto en la historia en que la inteligencia artificial rebasará a la humana, lo cual provocará una revolución inimaginable en la vida del hombre. Las personas también se preguntan si, en vez de que nosotros controlemos la inteligencia artificial, esta nos controlará a nosotros y nos convertirá, en efecto, en cíborgs.
Hay temas interesantes que se deben contemplar, pero no son apremiantes. Se refieren a situaciones que podrían no llegar sino hasta dentro de cientos de años, si acaso. En este momento, no hay un camino conocido entre nuestras mejores herramientas de inteligencia artificial (como el programa de computadora de Google que hace poco venció al mejor jugador del mundo en Go) y la inteligencia artificial “general”: programas de computadora conscientes de sí mismos que pueden tener un razonamiento con sentido común, adquieren conocimiento en muchos campos, sienten, expresan y entienden las emociones, etcétera.
Es imperativo que prestemos atención a esos desafíos inminentes.Esto no quiere decir que no tengamos que preocuparnos de nada. Al contrario: los productos de inteligencia artificial que existen en la actualidad están mejorando más rápido de lo que la mayoría de las personas tiene conocimiento y prometen transformar de manera radical nuestro mundo, no siempre para bien. Solo son herramientas, no una forma de inteligencia que compita. Sin embargo, darán una nueva forma al significado del trabajo y a cómo se genera la riqueza, y esto producirá desigualdades económicas sin precedentes e incluso alterará el equilibrio mundial del poder.
¿Qué es la inteligencia artificial en este momento? Grosso modo, es una tecnología que tiene una cantidad enorme de información sobre un campo específico (por ejemplo, historias de rembolso de préstamos) y la utiliza para tomar una decisión en un caso específico (otorgar o no un préstamo a un individuo), al servicio de un objetivo específico (maximizar las ganancias del prestamista). Piensen en una hoja de cálculo extremadamente rápida que está acostumbrada a manejar una gran cantidad de datos. Estas herramientas pueden superar a los seres humanos en cualquier tarea determinada.
Este tipo de inteligencia artificial se está incorporando a miles de campos (no solo a los préstamos) y a medida que lo vaya haciendo eliminará muchos trabajos. Gradualmente, este software remplazará a los cajeros de los bancos, los representantes de atención al cliente, los televendedores, los operadores de bonos y de acciones, los asistentes legales y los radiólogos. Con el tiempo, esta tecnología llegará a controlar maquinaria semiautónoma y autónoma, como en los vehículos que se conducen solos y los robots, y la consecuencia será el desplazamiento de los trabajadores de las fábricas y de la construcción, los choferes, los repartidores a domicilio y muchos otros puestos de trabajo.
A diferencia de la Revolución Industrial y la Revolución de las Computadoras, la de la inteligencia artificial no tomará ciertos trabajos (artesanos, asistentes personales que usan papel y máquinas de escribir) ni los remplazará con otros (trabajadores en líneas de montaje, asistentes personales que saben de computadoras). En cambio, traerá consigo la aniquilación de trabajos a gran escala; la mayoría serán trabajos mal pagados, pero también los habrá bien pagados.
Esta transformación dará como resultado ganancias enormes para las empresas que desarrollen la tecnología, así como para las que la adopten. Imaginen cuánto dinero podría ganar una empresa como Uber si utilizara solo choferes robotizados. Imaginen los ingresos de Apple si pudiera fabricar sus productos sin mano de obra humana. Imaginen las ganancias de una empresa de préstamos que pudiera hacer préstamos por 30 millones de dólares al año sin que se involucre prácticamente a ningún ser humano (de hecho, mi firma de capital de riesgo ha invertido en una empresa prestamista como a la que hago referencia).
Así que estamos enfrentando dos situaciones que no conviven juntas fácilmente: riquezas gigantescas concentradas en relativamente pocas manos y cantidades gigantescas de personas desempleadas. ¿Qué se debe hacer?
Parte de la respuesta involucrará educar y volver a capacitar a las personas en las tareas en las que no destaquen las herramientas con inteligencia artificial. Esta tecnología no se adapta bien a trabajos que involucren creatividad, planeación y pensamiento interdisciplinario: por ejemplo, la labor de una abogada litigante. Sin embargo, lo más común es que estas habilidades se requieran en trabajos bien pagados, y sería complicado volver a capacitar a los trabajadores desplazados en estos. Es más prometedora la idea de trabajos con salarios bajos que involucren “habilidades de don gente”, las cuales no tiene la inteligencia artificial: trabajadores sociales, bármanes, conserjes, profesiones que requieran interacción humana matizada. No obstante, en este tipo de trabajos también hay un problema: ¿cuántos bármanes realmente necesita la sociedad?
Sospecho que la solución a este problema de desempleo en masa involucrará “trabajos de servicio de amor”. La inteligencia artificial no puede realizar estos trabajos que necesita la sociedad y que dan un sentido a la vida de la gente. Algunos ejemplos serían el acompañamiento de adultos mayores a sus visitas con los doctores, la orientación en orfanatos y ser padrino en Alcohólicos Anónimos, o en poco tiempo podría haber un Adictos Anónimos a la Realidad Virtual (para los que tengan una adicción a sus vidas paralelas en las simulaciones generadas por computadora). En otras palabras, los trabajos de servicio voluntario de la actualidad podrían ser trabajos reales del futuro.
Otros trabajos voluntarios podrían tener mejores sueldos y profesionalizarse, como los proveedores de servicio médico compasivo, la “interfaz humana” de los programas de inteligencia artificial que diagnostican el cáncer. En todos los casos, las personas serán capaces de optar por trabajar menos horas de las que trabajan ahora.
¿Quién pagará estos trabajos? Aquí es donde entra la riqueza gigantesca concentrada en relativamente pocas manos. Me parece que será inevitable que grandes porciones del dinero que creará la inteligencia artificial sean transferidas a las personas que perdieron sus trabajos. Eso puede ser viable solo por medio de políticas keynesianas en las que aumente el gasto del gobierno, lo cual presuntamente se lograría con el incremento de los impuestos a las empresas ricas.
En cuanto a la forma que tendrá la asistencia social, yo propondría un ingreso condicionado básico y universal: este se dará a las personas que tengan dificultades financieras, con la condición de que demuestren que hacen un esfuerzo por recibir capacitación que los vuelva contratables o que se comprometan a cumplir un cierto número de horas de “servicio de amor” voluntario.
Para financiar esa propuesta, las tasas de impuestos tendrán que ser mayores. El gobierno no solo tendrá que subsidiar la vida y el trabajo de la mayoría de las personas, sino que también tendrá que compensar las pérdidas de ingresos producto de los impuestos que solía recaudar de los empleados.
Esto nos lleva al desafío final y tal vez el más importante de la inteligencia artificial. El enfoque keynesiano que describí puede ser factible en Estados Unidos y en China, porque tendrán suficientes negocios de inteligencia artificial para financiar las iniciativas de asistencia social por medio de los impuestos. ¿Pero el resto de los países?
Las demás naciones enfrentan dos problemas infranqueables. Primero, la mayoría del dinero que produzca la inteligencia artificial irá a Estados Unidos y China. La inteligencia artificial es una industria en la cual la fuerza engendra fuerza: mientras más datos tengas, mejor será tu producto; mientras mejor sea tu producto, podrás recabar más datos; mientras más datos puedas recabar, podrás atraer más talento; mientas más talento puedas atraer, mejor será tu producto. Es un círculo virtuoso, y Estados Unidos y China ya tienen amasados el talento, la participación en el mercado y los datos para ponerse en marcha.
Por ejemplo, la empresa china de reconocimiento de voz iFlytek y varias empresas chinas de reconocimiento facial como Megvii y SenseTime se han vuelto líderes de la industria, según las mediciones de capitalización bursátil. Estados Unidos encabeza el desarrollo de los vehículos autónomos, el cual lideran empresas como Google, Tesla y Uber. En cuanto al mercado del internet para el consumidor, hay siete empresas estadounidenses y chinas —Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Baidu, Alibaba y Tencent— que están utilizando la inteligencia artificial de forma exhaustiva y están expandiendo sus operaciones a otros países, con lo cual básicamente se están adueñando de esos mercados. Parece que los negocios estadounidenses dominarán los mercados desarrollados y algunos de los mercados en desarrollo, mientras las empresas chinas tendrán la mayoría de los mercados en desarrollo.
El otro reto que tienen muchos países que no son China ni Estados Unidos es que sus poblaciones van en aumento, en especial los países en vías de desarrollo. A pesar de que tener una población grande y en crecimiento puede ser un activo económico (como en China y en India en décadas recientes), en la era de la inteligencia artificial será una carga, porque estará compuesta principalmente de trabajadores desplazados, no de trabajadores productivos.
Así que, si la mayoría de los países no puede tener empresas de inteligencia artificial que puedan generar enormes cantidades de ingresos en impuestos para subsidiar a sus trabajadores, ¿qué opciones tendrán? Solo puedo predecir una: a menos que deseen hundir en la pobreza a su gente, se verán obligados a negociar con el país que les proporcione la mayor cantidad de software de inteligencia artificial —China o Estados Unidos— para que en esencia sea dependiente económico de ese país y acepte los subsidios de asistencia social a cambio de que las empresas de inteligencia artificial de la nación “madre” sigan obteniendo ganancias de los usuarios del país dependiente. Estos arreglos económicos transformarían las alianzas geopolíticas de la actualidad.
De cualquier manera, tendremos que empezar a pensar en cómo minimizar la inminente brecha que abrirá la inteligencia artificial entre los que la tienen y los que no la tienen, tanto dentro de las naciones como entre ellas. O para ser más optimistas: la inteligencia artificial nos está presentado una oportunidad de repensar la desigualdad económica a escala global. Los efectos de estos desafíos tienen tal alcance para cualquier país que es imposible aislarse del resto del mundo.
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