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The New York Times | COMENTARIO La verdadera amenaza de la inteligencia artificial | Por KAI-FU LEE 27 de junio de 2017


Rune Fisker

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PEKÍN — ¿Qué te preocupa sobre el nuevo mundo de la inteligencia artificial?
Es muy frecuente que la respuesta a esta pregunta se parezca a la trama de un thriller de ciencia ficción. La gente se preocupa de que el desarrollo de la inteligencia artificial produzca la “singularidad”: ese punto en la historia en que la inteligencia artificial rebasará a la humana, lo cual provocará una revolución inimaginable en la vida del hombre. Las personas también se preguntan si, en vez de que nosotros controlemos la inteligencia artificial, esta nos controlará a nosotros y nos convertirá, en efecto, en cíborgs.
Hay temas interesantes que se deben contemplar, pero no son apremiantes. Se refieren a situaciones que podrían no llegar sino hasta dentro de cientos de años, si acaso. En este momento, no hay un camino conocido entre nuestras mejores herramientas de inteligencia artificial (como el programa de computadora de Google que hace poco venció al mejor jugador del mundo en Go) y la inteligencia artificial “general”: programas de computadora conscientes de sí mismos que pueden tener un razonamiento con sentido común, adquieren conocimiento en muchos campos, sienten, expresan y entienden las emociones, etcétera.
Es imperativo que prestemos atención a esos desafíos inminentes.Esto no quiere decir que no tengamos que preocuparnos de nada. Al contrario: los productos de inteligencia artificial que existen en la actualidad están mejorando más rápido de lo que la mayoría de las personas tiene conocimiento y prometen transformar de manera radical nuestro mundo, no siempre para bien. Solo son herramientas, no una forma de inteligencia que compita. Sin embargo, darán una nueva forma al significado del trabajo y a cómo se genera la riqueza, y esto producirá desigualdades económicas sin precedentes e incluso alterará el equilibrio mundial del poder.
¿Qué es la inteligencia artificial en este momento? Grosso modo, es una tecnología que tiene una cantidad enorme de información sobre un campo específico (por ejemplo, historias de rembolso de préstamos) y la utiliza para tomar una decisión en un caso específico (otorgar o no un préstamo a un individuo), al servicio de un objetivo específico (maximizar las ganancias del prestamista). Piensen en una hoja de cálculo extremadamente rápida que está acostumbrada a manejar una gran cantidad de datos. Estas herramientas pueden superar a los seres humanos en cualquier tarea determinada.
Este tipo de inteligencia artificial se está incorporando a miles de campos (no solo a los préstamos) y a medida que lo vaya haciendo eliminará muchos trabajos. Gradualmente, este software remplazará a los cajeros de los bancos, los representantes de atención al cliente, los televendedores, los operadores de bonos y de acciones, los asistentes legales y los radiólogos. Con el tiempo, esta tecnología llegará a controlar maquinaria semiautónoma y autónoma, como en los vehículos que se conducen solos y los robots, y la consecuencia será el desplazamiento de los trabajadores de las fábricas y de la construcción, los choferes, los repartidores a domicilio y muchos otros puestos de trabajo.
A diferencia de la Revolución Industrial y la Revolución de las Computadoras, la de la inteligencia artificial no tomará ciertos trabajos (artesanos, asistentes personales que usan papel y máquinas de escribir) ni los remplazará con otros (trabajadores en líneas de montaje, asistentes personales que saben de computadoras). En cambio, traerá consigo la aniquilación de trabajos a gran escala; la mayoría serán trabajos mal pagados, pero también los habrá bien pagados.
Esta transformación dará como resultado ganancias enormes para las empresas que desarrollen la tecnología, así como para las que la adopten. Imaginen cuánto dinero podría ganar una empresa como Uber si utilizara solo choferes robotizados. Imaginen los ingresos de Apple si pudiera fabricar sus productos sin mano de obra humana. Imaginen las ganancias de una empresa de préstamos que pudiera hacer préstamos por 30 millones de dólares al año sin que se involucre prácticamente a ningún ser humano (de hecho, mi firma de capital de riesgo ha invertido en una empresa prestamista como a la que hago referencia).
Así que estamos enfrentando dos situaciones que no conviven juntas fácilmente: riquezas gigantescas concentradas en relativamente pocas manos y cantidades gigantescas de personas desempleadas. ¿Qué se debe hacer?
Parte de la respuesta involucrará educar y volver a capacitar a las personas en las tareas en las que no destaquen las herramientas con inteligencia artificial. Esta tecnología no se adapta bien a trabajos que involucren creatividad, planeación y pensamiento interdisciplinario: por ejemplo, la labor de una abogada litigante. Sin embargo, lo más común es que estas habilidades se requieran en trabajos bien pagados, y sería complicado volver a capacitar a los trabajadores desplazados en estos. Es más prometedora la idea de trabajos con salarios bajos que involucren “habilidades de don gente”, las cuales no tiene la inteligencia artificial: trabajadores sociales, bármanes, conserjes, profesiones que requieran interacción humana matizada. No obstante, en este tipo de trabajos también hay un problema: ¿cuántos bármanes realmente necesita la sociedad?
Sospecho que la solución a este problema de desempleo en masa involucrará “trabajos de servicio de amor”. La inteligencia artificial no puede realizar estos trabajos que necesita la sociedad y que dan un sentido a la vida de la gente. Algunos ejemplos serían el acompañamiento de adultos mayores a sus visitas con los doctores, la orientación en orfanatos y ser padrino en Alcohólicos Anónimos, o en poco tiempo podría haber un Adictos Anónimos a la Realidad Virtual (para los que tengan una adicción a sus vidas paralelas en las simulaciones generadas por computadora). En otras palabras, los trabajos de servicio voluntario de la actualidad podrían ser trabajos reales del futuro.
Otros trabajos voluntarios podrían tener mejores sueldos y profesionalizarse, como los proveedores de servicio médico compasivo, la “interfaz humana” de los programas de inteligencia artificial que diagnostican el cáncer. En todos los casos, las personas serán capaces de optar por trabajar menos horas de las que trabajan ahora.
¿Quién pagará estos trabajos? Aquí es donde entra la riqueza gigantesca concentrada en relativamente pocas manos. Me parece que será inevitable que grandes porciones del dinero que creará la inteligencia artificial sean transferidas a las personas que perdieron sus trabajos. Eso puede ser viable solo por medio de políticas keynesianas en las que aumente el gasto del gobierno, lo cual presuntamente se lograría con el incremento de los impuestos a las empresas ricas.
En cuanto a la forma que tendrá la asistencia social, yo propondría un ingreso condicionado básico y universal: este se dará a las personas que tengan dificultades financieras, con la condición de que demuestren que hacen un esfuerzo por recibir capacitación que los vuelva contratables o que se comprometan a cumplir un cierto número de horas de “servicio de amor” voluntario.
Para financiar esa propuesta, las tasas de impuestos tendrán que ser mayores. El gobierno no solo tendrá que subsidiar la vida y el trabajo de la mayoría de las personas, sino que también tendrá que compensar las pérdidas de ingresos producto de los impuestos que solía recaudar de los empleados.
Esto nos lleva al desafío final y tal vez el más importante de la inteligencia artificial. El enfoque keynesiano que describí puede ser factible en Estados Unidos y en China, porque tendrán suficientes negocios de inteligencia artificial para financiar las iniciativas de asistencia social por medio de los impuestos. ¿Pero el resto de los países?
Las demás naciones enfrentan dos problemas infranqueables. Primero, la mayoría del dinero que produzca la inteligencia artificial irá a Estados Unidos y China. La inteligencia artificial es una industria en la cual la fuerza engendra fuerza: mientras más datos tengas, mejor será tu producto; mientras mejor sea tu producto, podrás recabar más datos; mientras más datos puedas recabar, podrás atraer más talento; mientas más talento puedas atraer, mejor será tu producto. Es un círculo virtuoso, y Estados Unidos y China ya tienen amasados el talento, la participación en el mercado y los datos para ponerse en marcha.
Por ejemplo, la empresa china de reconocimiento de voz iFlytek y varias empresas chinas de reconocimiento facial como Megvii y SenseTime se han vuelto líderes de la industria, según las mediciones de capitalización bursátil. Estados Unidos encabeza el desarrollo de los vehículos autónomos, el cual lideran empresas como Google, Tesla y Uber. En cuanto al mercado del internet para el consumidor, hay siete empresas estadounidenses y chinas —Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Baidu, Alibaba y Tencent— que están utilizando la inteligencia artificial de forma exhaustiva y están expandiendo sus operaciones a otros países, con lo cual básicamente se están adueñando de esos mercados. Parece que los negocios estadounidenses dominarán los mercados desarrollados y algunos de los mercados en desarrollo, mientras las empresas chinas tendrán la mayoría de los mercados en desarrollo.
El otro reto que tienen muchos países que no son China ni Estados Unidos es que sus poblaciones van en aumento, en especial los países en vías de desarrollo. A pesar de que tener una población grande y en crecimiento puede ser un activo económico (como en China y en India en décadas recientes), en la era de la inteligencia artificial será una carga, porque estará compuesta principalmente de trabajadores desplazados, no de trabajadores productivos.
Así que, si la mayoría de los países no puede tener empresas de inteligencia artificial que puedan generar enormes cantidades de ingresos en impuestos para subsidiar a sus trabajadores, ¿qué opciones tendrán? Solo puedo predecir una: a menos que deseen hundir en la pobreza a su gente, se verán obligados a negociar con el país que les proporcione la mayor cantidad de software de inteligencia artificial —China o Estados Unidos— para que en esencia sea dependiente económico de ese país y acepte los subsidios de asistencia social a cambio de que las empresas de inteligencia artificial de la nación “madre” sigan obteniendo ganancias de los usuarios del país dependiente. Estos arreglos económicos transformarían las alianzas geopolíticas de la actualidad.
De cualquier manera, tendremos que empezar a pensar en cómo minimizar la inminente brecha que abrirá la inteligencia artificial entre los que la tienen y los que no la tienen, tanto dentro de las naciones como entre ellas. O para ser más optimistas: la inteligencia artificial nos está presentado una oportunidad de repensar la desigualdad económica a escala global. Los efectos de estos desafíos tienen tal alcance para cualquier país que es imposible aislarse del resto del mundo.
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The New York Times | TECNOLOGÍA > China es el nuevo líder en el campo de la inteligencia artificial | Por PAUL MOZUR y JOHN MARKOFF 2 de junio de 2017


Sören Schwertfeger en la Universidad ShanghaiTech, donde una cuantiosa subvención le ha permitido montar un laboratorio de inteligencia artificial CreditTim Franco para The New York Times

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HONG KONG — Sören Schwertfeger terminó su investigación posdoctoral sobre robots autónomos en Alemania, y parecía destinado para Europa o Estados Unidos, donde se inició e instituyó la inteligencia artificial.
Sin embargo, se fue a China.
“No habría podido hacer un laboratorio como el mío en otra parte”, dijo Schwertfeger.
El equilibrio del poder en la tecnología se está inclinando hacia otro lado. Durante años, China observó con envidia cómo en Occidente se inventaban el software y los chips que impulsan la era digital de la actualidad. Pero en este momento es un actor principal en cuanto a la inteligencia artificial, la que algunos podrían consideran como la tecnología más importante del futuro.
Las ambiciones de China mezclan las ideas más excéntricas de la ciencia ficción con las necesidades de un Estado autoritario: una combinación entre Philip K. Dick y George Orwell. Se planea utilizar la inteligencia artificial para predecir crímenes, prestar dinero, rastrear personas por medio de las cámaras omnipresentes de circuito cerrado, aliviar la congestión vehicular, crear misiles que se guían solos y censurar internet.
Pekín impulsa los avances en inteligencia artificial con grandes cantidades de dinero. Después de haber invertido miles de millones de dólares en programas de investigación, China prepara una nueva iniciativa multimillonaria para financiar proyectos de gran alcance, empresas nuevas e investigación académica, con el único objetivo de aumentar su potencial en el campo de la inteligencia artificial, según dos profesores que discutieron el plan con el gobierno.
Las empresas privadas también indagan en el campo. Este año, Baidu —un buscador al que suelen llamar el “Google de China” y que es un pionero en los campos relacionados con la inteligencia artificial, como el reconocimiento de voz— abrió un laboratorio conjunto con el gobierno que dirigen parcialmente los académicos que alguna vez trabajaron en la investigación de los robots militares de China.
“Es una carrera en la nueva generación de la informática”, aseguró James Lewis, un asociado principal del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “La diferencia es que China parece pensar que es una carrera, Estados Unidos no”.

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Sören Schwertfeger con su último robot, el cual fue diseñado para la detección y exploración espacialCreditTim Franco para The New York Times

Para Schwertfeger, el dinero fue precisamente un incentivo importante. Recibió un apoyo seis veces mayor al que hubiera recibido en Europa o Estados Unidos que le permitió montar un laboratorio completo de inteligencia artificial, el cual cuenta con un asistente, un técnico y un grupo de estudiantes doctorales. “Es casi imposible que un profesor adjunto obtenga esta cantidad de dinero”, explicó Schwertfeger. “En Estados Unidos y Europa, se está reduciendo el financiamiento para realizar investigación. Pero en China definitivamente se está expandiendo”.
El laboratorio de Schwertfeger, el cual es parte de la Universidad ShanghaiTech, trabaja para que las máquinas encuentren la manera de evitar obstáculos sin la ayuda de los humanos. Decorado con robots que tienen ruedas, drones y sensores, el laboratorio busca que las computadoras realicen sus propios mapas y mejoren el rendimiento de los robots en tareas como encontrar objetos —en especial, personas— durante las operaciones de búsqueda y rescate.
Es difícil saber cuánto dinero ha gastado China porque las autoridades chinas divulgan muy poco. No obstante, los expertos aseguran que parece ser considerable. Hay una gran cantidad de provincias y ciudades que están gastando miles de millones de dólares en el desarrollo de robótica, y es probable que parte de ese financiamiento vaya a la investigación de la inteligencia artificial. Por ejemplo, la relativamente desconocida ciudad de Xiangtan, la cual se ubica en la provincia china de Hunan, se ha comprometido a otorgar dos mil millones de dólares para desarrollar robots e inteligencia artificial. Hay otros lugares que tienen incentivos directos para la industria de la inteligencia artificial.
A nivel nacional, China trabaja en un sistema que pueda predecir eventos como ataques terroristas o huelgas de trabajo con base en posibles sucesos precursores como los conflictos laborales. Un trabajo de investigación que financió la Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China mostró cómo se puede simplificar el software de reconocimiento facial para que sea más sencillo integrarlo a las cámaras que están en todo el país.
Mientras tanto, el presupuesto que propuso el presidente estadounidense Donald Trump reduciría a cerca de 175 millones de dólares el gasto de la Fundación Nacional de Ciencia en los llamados sistemas inteligentes, una baja de 10 por ciento. También se harían recortes a la investigación y al desarrollo en otras áreas, aunque el presupuesto propuesto sí advierte un gasto mayor en investigación de defensa y en supercomputadoras. Fundamentalmente, los recortes desviarían gran parte de la investigación y el desarrollo a empresas privadas como Google y Facebook.

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Schwertfeger y su equipo trabajan en un brazo automatizado. CreditTim Franco para The New York Times

El dinero de China no se traduce necesariamente en dominio. El enfoque vertical, la burocracia impenetrable y el acaparamiento de información por parte del gobierno pueden limitar la investigación.
En la actualidad, las autoridades chinas han buscado solucionar el problema de tener demasiado control vertical. Wang Shengjin, un profesor en Ingeniería Electrónica de la Universidad Tsinghua de China, dijo que había notado mejorías, como la divulgación de información entre grupos de profesionales y la reducción de los límites de parte de las autoridades a los profesores que demandaban la propiedad intelectual de sus descubrimientos para fines comerciales.
“La falta de fuentes abiertas y de intercambio de información había sido nuestra realidad”, afirmó Wang. “Pero ya empezó a cambiar”.
Hay varias iniciativas privadas también, aunque es difícil distinguirlas de las públicas, como lo demuestra Baidu con su laboratorio conjunto.
Baidu es un líder del esfuerzo que está haciendo China en el campo de la inteligencia artificial. La empresa está trabajando en vehículos autónomos. Convirtió una aplicación que empezó como un diccionario visual —la cual tomaba la foto de un objeto y un celular decía qué era— en un sitio web que utiliza el reconocimiento facial para encontrar a personas extraviadas, un gran problema en un país donde el secuestro de niños ha sido persistente.
En un ejemplo sorprendente, el sitio ayudó a que una familia encontrara a un niño que había desaparecido hacía 27 años. Las pruebas de ADN confirmaron la relación familiar.
El software de reconocimiento de voz de Baidu —el cual puede lograr la difícil tarea de escuchar diferencias tonales en dialectos chinos— es considerado el mejor de su tipo. Cuando en octubre pasado Microsoft anunció que su software de reconocimiento de voz había superado el reconocimiento de los idiomas en los humanos, el director de investigación de Baidu recordó a la empresa estadounidense en tono de broma que su equipo había logrado lo mismo un año antes.


En este momento, la cooperación y los intercambios relacionados con la inteligencia artificial entre Estados Unidos y China son en buena medida abiertos. Los académicos chinos y estadounidenses publican sus hallazgos en una gran cantidad de revistas accesibles para todos, y los investigadores de China tienen un papel importante en los institutos de investigación de Estados Unidos.
Los gigantes de la tecnología china como Baidu, Tencent y Didi Chuxing han abierto laboratorios de inteligencia artificial en Estados Unidos, del mismo modo que algunas empresas nuevas de China. En los últimos seis años, los inversionistas chinos ayudaron a financiar 51 empresas estadounidenses de inteligencia artificial, con lo cual contribuyeron a los 700 millones de dólares que se recaudaron, según un informe reciente del Pentágono.
No queda claro qué tanto durará la cooperación.
No obstante, hay ventajas en que China desarrolle inteligencia artificial innovadora por sí sola. Las iniciativas nacionales se benefician del acceso que tienen las empresas y universidades chinas a una cantidad enorme de datos, del gran número de ingenieros chinos que se capacitó en ambos lados del Pacífico y del apoyo gubernamental, señaló Wang, de la Universidad Tsinghua.
Aunque una empresa estadounidense que ha sido prohibida en China durante mucho tiempo es la que quizá ha impulsado los avances en ese campo en el país asiático: Google. En marzo de 2016, un sistema de inteligencia artificial de Google, AlphaGo, venció a un jugador surcoreano en go, el complicado juego de estrategia de origen chino. La semana pasada, AlphaGo le ganó al mejor jugador del mundo, un chino, en un torneo que se celebró en Wuzhen, China.
El logro de Google cambió el tenor del discurso gubernamental sobre el financiamiento, según varios profesores chinos.
“Después de que salió AlphaGo y tuvo tanto impacto en la industria, el contenido del discurso gubernamental se volvió mucho más amplio y concreto”, afirmó Zha Hongbin, un profesor de aprendizaje automático de la Universidad de Pekín. Poco después, el gobierno creó un nuevo proyecto de computación inspirado en el cerebro, agregó.

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El encuentro del DeepMind Challenge Match entre Lee Sedol, uno de los mejores jugadores modernos de go, el juego de mesa antiguo, y AlphaGo, desarrollado por Google CreditJung Yeon-Je/Agence France-Presse — Getty Images

Con todo el apoyo gubernamental, los avances en este campo podrían resultar contraproducentes en última instancia, afirmó Shirky. La inteligencia artificial podría ayudar a que China censure mejor el internet, una tarea que suele impedir que los investigadores encuentren información vital. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial podría facilitar la traducción de artículos y otro tipo de información para los lectores chinos.
“El hecho es que, a diferencia de la ingeniería automovilística, la inteligencia artificial traerá sorpresas, las cuales harán del mundo un lugar mucho menos predecible, algo que nunca ha sido del agrado de Pekín”, dijo Shirky.
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