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RT | Evo Morales: "Almagro es una amenaza para la paz de los pueblos" 6 abril 2017

El presidente boliviano sostiene que la Organización de Estados Americanos fomenta la división y el odio entre los países.
Evo Morales: "Almagro es una amenaza para la paz de los pueblos"
David MercadoReuters
El presidente de Bolivia, Evo Morales, considera que el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, es "una amenaza para la paz de los pueblos".
El Mandatario boliviano, que se encuentra convaleciente tras someterse a una operación de garganta en La Habana, Cuba, escribió en su cuenta de Twitter que Almagro "promueve la intervención militar de EE.UU." en la región.
En este sentido, Morales también opina que América Latina no necesita un organismo que fomente el odio y la división de los países.
En concreto, el presidente de la nación andina criticó que la OEA no respete los mecanismos de la institucionalidad.
El pasado lunes Bolivia denunció la usurpación de su papel en la presidencia de la OEA por parte de Honduras y la convocatoria "ilegal" de un Consejo para abordar la situación de Venezuela.

Diario UChile | Hoy el problema no es la OEA, es Almagro | Sergio Rodriguez G. 18 marzo 2017


Para nadie es un secreto la historia criminal que exhibe la Organización de Estados Americanos (OEA) en su prontuario, con ello dio continuidad al accionar que gestó Estados Unidos a partir de la idea panamericana que tuvo en la Doctrina Monroe su Alma Mater y que ocasionó la inmediata, certera y preclara denuncia del Libertador Simón Bolívar, tan solo un año después de su proclamación en 1823. No voy a aburrir al lector con la larga lista de intervenciones militares e invasiones de Estados Unidos en sus más de 200 años de vida, siempre apoyado por los gobiernos oligárquicos de la región, que usurparon la Independencia a favor de sus mezquinos intereses.
El fin de la segunda guerra mundial devino en la creación de un sistema multilateral que debía prevenir una nueva hecatombe planetaria. Los triunfadores en la conflagración diseñaron un orden internacional acorde a sus intereses. Todos aceptaron que Estados Unidos era el amo del hemisferio occidental y no hubo cortapisas para que la Organización de Naciones Unidas (ONU), tuviera un referente regional que iba a ser diseñado por la potencia del norte y los gobiernos del sur, subordinados a sus intereses. Así surgió el instrumento militar de dominación: el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947, y su contraparte (la OEA en 1948)  que permitiría darle legitimidad política a los desmanes y tropelías que se habrían de ejecutar bajo el amparo del anterior. Ahora, se trataba de tener gobiernos serviles que lo sostuvieran y secretarios generales abyectos que se prestaran a poner la cara cuando a Estados Unidos se le ocurría un nuevo atropello.
Todo marchó bien hasta el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, que puso en entredicho todo el entramado panamericano, cuestionando sus propias bases de sustentación. El apoyo de Estados Unidos a Gran Bretaña durante la Guerra de las Malvinas en 1982, terminó de echar por la borda cualquier atisbo de credibilidad que todavía podía tener este engendro imperial.
El paradigma que se decía defender era la democracia, pero, ¿qué democracia? La Carta de la OEA lo dice claramente en su artículo 2, enciso b, “Promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de no intervención”. Lo anteriormente expuesto es prueba fehaciente que la OEA tiene lo que hoy se llamaría “una falla de origen”. La suposición es que el principio de representación constituye el elemento central de lo que Guy Hermet llama “democracia instituida o sustancial”, para diferenciarla de la “democracia utópica o democracia perfecta”. Esta “pequeña” diferencia es la que permite que en nombre de ella se cometan todo tipo de desmanes, irregularidades e incluso actuaciones al margen de la ley, toda vez que dichos “representantes” asumiéndose como únicos portadores del ideal democrático hayan usurpado sólo para sí, la legitimidad política.
Eso es lo que defiende la OEA, sin embargo, las cosas en la región han ido cambiando, hoy este engendro washingtoniano ha clamado por el regreso de Cuba, a la que expulsó de manera ignominiosa, y tampoco, -por ahora- ha podido aplicar la “Carta Democrática” a Venezuela, lo cual pone en evidencia que las actuaciones del secretario general, cuyas funciones están claramente delimitadas en los artículos 112 y 113 de la mencionada Carta, están fuera de la responsabilidad que éste tiene y al margen de la decisión de los Estados parte. En otras palabras, el secretario general está actuando de manera ilegal, por lo que si la OEA fuera una organización seria, lo debería destituir.
El eminente jurista español Antonio Remiro Brotóns, Catedrático de derecho Internacional de la Universidad autónoma de Madrid establece que a diferencia de los Estados, que son los sujetos de derecho primarios y plenos en virtud de su soberanía, las organizaciones interestatales son secundarios o derivados porque deben su existencia a la voluntad de los Estados, lo cual se manifiesta en su documento fundacional, además de lo cual, las organizaciones solo tienen los poderes que los Estados le hayan atribuido en las reglas que le son propias. En este sentido, es más que evidente que no existe ni en la Carta, ni en las reglas de funcionamiento de la OEA, la potestad de un secretario general de llamar a realizar elecciones en un país.
Por otro lado, los esfuerzos de la OEA por revitalizar la democracia, bastante traída a menos en las últimas décadas del siglo pasado, tuvieron en la Asamblea General realizada en Santiago de Chile en 1991 un intento de inflexión. Cuando fenecían las dictaduras que ensombrecieron el horizonte de la región, durante dos décadas, bajo el silencio cómplice de esta organización, la OEA aprobó en la capital chilena el “Compromiso de Santiago con la Democracia Representativa y la Modernización del Sistema Interamericano”, haciendo patente sus insuficiencias en esta materia…apenas 43 años después de su fundación. En este contexto se aprobó posteriormente la Resolución 1080 sobre la Promoción de la Democracia Representativa“. Así mismo en diciembre de 1992 en Washington la XVI Asamblea suscribió el Protocolo de Washington para la Reforma de la OEA. Vale decir, sin embargo, que desde la sanción de esta resolución se generaron muchas resistencias, sobre todo a su artículo 9 referido a la democracia.
Esta fue la razón por la que en la Tercera Cumbre de las Américas, celebrada en Quebec, Canadá, Venezuela, ya bajo la presidencia del Comandante Hugo Chávez y estando el presente en el evento de la ciudad canadiense, presentara reservas al documento final que pretendía  completar ese artículo 9, toda vez que había una redacción imprecisa de la clausula referida a la democracia, elaborada ex profeso de esa manera para dejar abierta la interpretación de la misma.
En la Declaración de Quebec, Venezuela argumentó su reserva a los párrafos 1 y 6 “por cuanto a juicio de nuestro gobierno la democracia debe ser entendida en su sentido más amplio y no únicamente en su carácter representativo. Entendemos que el ejercicio democrático abarca además la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones y en la gestión de gobierno, con miras a la construcción diaria de un proceso dirigido al desarrollo integral de la sociedad”. En su extraordinaria visión de futuro, el Comandante Chávez sentaba un precedente y actuaba en consonancia con la nueva Constitución Política del país aprobada tan solo 16 meses antes.
En estos planteamientos y en el debate de cuál democracia se defiende, reside el trasfondo de la actuación reciente del secretario general Luis Almagro, él como militante -durante la mayor parte de su vida- del Partido Nacional de Uruguay que se define ideológicamente como nacionalista y panamericanista, es un seguidor de este paradigma que expone lealtad hacia Estados Unidos y oposición a la integración latinoamericana y caribeña. Es conocido el carácter oportunista de su partido y de él mismo que lo llevaría a ingresar al Frente Amplio de la mano de José (Pepe) Mujica para satisfacer su ambición personal de ser Canciller de su país. Tras instalarse en la OEA, -más por el prestigio de Pepe que lo aupó, que por méritos personales – retomó su personalidad rastrera y su verdadero pensamiento político de subordinación imperial.
Para una persona de estas condiciones, aprovechar las indefiniciones programáticas de la OEA y las vaguedades de su concepto de democracia a fin de permitirse  violentar el mencionado artículo 2 que establece como propósito el respeto al principio de no intervención, es algo absolutamente normal, no alejado de sus rocambolesca vida personal.
Hay que decir que en el momento actual, a pesar de todo, los países de la región se han negado a aplicar la clausula democrática y suspender a Venezuela de la membrecía de esa organización. No obstante, Almagro ha desatado con ímpetu su lealtad al norte anglosajón, dándole la espalda a América Latina y el Caribe pretendiendo de tal manera, transformarse en un adalid de esa democracia putrefacta que defiende la OEA, suponiendo que la expulsión de Venezuela contribuirá a su exterminio a través de la creación de condiciones para una intervención militar en el país. Hoy, a pesar de su carácter estructuralmente intervencionista –y aunque parezca increíble que sea yo quien lo diga- el problema no es la OEA, es Almagro… después veremos.

RAZONES DE CUBA | Almagro: Cuba es otra historia, no se equivoque | Por Ana Hernández 24 febrero, 2017





Al parecer, más de 50 años de fracasos contra Cuba y su pueblo no le bastan a los poderes hegemónicos imperiales, y en su última provocación le echaron mano a un “peje gordo”, nada más y nada menos que al Secretario General de la Organización de Estados Americanos, OEA, Luís Almagro.

Ese jinete desde que subió al estribo del Ministerio de las Colonias Yanquis, como calificara en el año 1969 el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa García,  ha dado muestras claras de su parcialización con la nación que le paga y le ofrece cobija al inescrupuloso ente regional creado  por Estados Unidos, para manipular en aquel entonces a los gobiernos en la América Nuestra.

En la Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, quedó bien claro que a la mayor de Las Antillas no le sorprenden las declaraciones y actos anticubanos de Almagro, pues, al  fin y al cabo, es una marioneta. En este señor se agolpan una y otra vez los desesperos de un imperio herido hasta la médula, pues a pesar de los intentos resurgidores de la rancia derecha en la Patria Grande, no se volverá a ser patio trasero del norte revuelto y brutal que siempre la ha despreciado.

Esta vez el pulpo fue demasiado lejos con sus tentáculos. Sin embargo, pero se encontró con un Gobierno y un pueblo dignos, que no “sacrificarían las  esencias por  las apariencias” y que no olvida la historia. Si en el lejano 1962, de manera solitaria, Cuba se alzó contra ese “cónclave inmoral”, como lo calificó nuestro invicto Fidel Castro, esta vez no será la excepción, lo que con la diferencia de que nos acompañan 55 años de batalla y de ejemplo para no pocas naciones del planeta.

El Sr. Luis Almagro se ha vendido al mejor postor, no solo contra Cuba, sino que ya lo hizo antes contra Venezuela, Ecuador y Bolivia. Mientras, en sus propias narices, los gobernantes de corte neoliberal y antipopulares como Argentina, Brasil y Paraguay hacen de las suyas.  Almagro guarda su maltrecha “Carta Democrática” en el mismo bolsillo donde irán a parar, al final de su mandato,  los marcados dividendos que el imperio yanqui deje caer por los “servicios prestados”.

Para el presidente de este mecanismo de dominación imperial, para los que le dictan el guión y para los que le pagan: Con Cuba esta es otra historia, es la historia de un pueblo que ni se rinde, ni se vende, es la historia de un pueblo que respeta para que lo respeten, de un pueblo de carne dura, donde se echan fuera los dedos atrevidos que pretendan hincarlo.

Por su parte, los que acompañarían al flamante Secretario General de la OEA en su premio, no merecen el privilegio de ser nombrados en estas breves líneas.

CUBADEBATE | Confirmado, Almagro es CIA | Por: Patricio Montesinos 22 febrero, 2017


Luis Almagro, Secretario General de la OEA.
Luis Almagro, Secretario General de la OEA.
Las sucesivas actuaciones del actual secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, contra los procesos progresistas en Nuestra América confirman sus estrechos vínculos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Estados Unidos.
Almagro, máximo representante del “ministerio de las colonias de Washington”, dígase la OEA, recibe sumas importantes de dinero de la CIA para desde su cargo agredir a las naciones latinoamericanas y caribeñas donde se escenifican procesos revolucionarios.
El “agente” uruguayo al servicio de la mayor potencia extranjera cumple al pie de la letra las órdenes de su amo en la arremetida que desde territorio estadounidense se orquesta y materializa contra la soberanía y la integración de la Patria Grande.
El nuevo “palanganero” de la Casa Blanca, como igual bautizaron al expresidente español José María Aznar por su servilismo sin límites al exmandatario George W. Bush, se comporta como la principal punta de lanza del imperio para revertir la correlación de fuerzas desde el Río Bravo hasta la Patagonia.
El secretario general de la OEA, con residencia permanente en Washington, tiene como tareas muy bien remuneradas desestabilizar gobiernos progresistas y subvertir el orden regional, y al mismo tiempo respaldar a la derecha y a regímenes golpistas instaurados recientemente en Nuestra América.
Almagro la ha emprendido abierta o solapadamente contra Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otras naciones, mientras se hace de la vista gorda ante los actuales gobernantes neoliberales de Argentina, Brasil y Paraguay, por citar algunos.
Poco o nada le interesa al “palanganero” uruguayo la implementación de los acuerdos para el fin del conflicto en Colombia, y mucho menos que la Patria Grande sea definitivamente una Zona de Paz, como fue declarada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en su segunda Cumbre celebrada en La Habana, Cuba, en 2014.
Claro que la CELAC, le hace sombra a la OEA y a los intereses de esa arcaica y agonizante organización manejada por EE.UU, y que insisten en resucitarla de cualquier manera.
Por cierto, hablando de Cuba, Almagro parece estar metido en las patas de los caballos, al pretender ser “actor” de una nueva acción subversiva contraria a la mayor de las Antillas, organizada desde el enclave terrorista norteamericano de Miami y por conocidos mercenarios pagados por la CIA.
Según reportes de prensa internacionales, el máximo representante de la OEA fue convidado a recibir un galardón en La Habana que han inventado “opositores” cubanos con el financiamiento miamense.
Por supuesto que las autoridades del decano archipiélago caribeño se arrogan el derecho de impedirle al “premiado” que entre en el país porque su postura constituye un acto contra la soberanía de Cuba.
Conociendo a los cubanos, es recomendable para el “agente” Almagro que deje a un lado su excesivo protagonismo, y servilismo a Washington. La Revolución del 1 de enero de 1959 liderada por el histórico Comandante en Jefe Fidel Castro y por el presidente Raúl Castro es experta en tratar a injerencistas como el ahora secretario general de la OEA.