Mostrando las entradas con la etiqueta Muro México. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Muro México. Mostrar todas las entradas

Prensa Latina | Muro fronterizo de nuevo al centro de atención en EE.UU. | 23 agosto 2017






(Tomado de Prensa Latina)


The New York Times | Editorial: Entre la espada y el muro | Por EL COMITÉ EDITORIAL 10 abril 2017


       Rose Wong

Read in English
Por cierto, si quieren saber si funciona un muro, pregúntenle a Israel. Israel construyó un muro y funciona.
También pasan cohetes por encima de él.
Sí, ya sé. Bueno, no. Ahora tienen los cohetes, sí. Esto es… tienen… tienen otro… probablemente tienen otro… un problema distinto. Hay que construir un muro verdadero. Ellos no tienen un muro verdadero. El muro que tienen no funciona.
¿Entendieron eso?
1. Hay un muro en Israel y funciona.
2. El muro que tienen no funciona.
Si están confundidos, es su culpa, porque no son Donald Trump, el gran constructor, presidente de Estados Unidos y quien pronunció la cita anterior durante una entrevista con la junta editorial de The New York Times antes de la elección presidencial estadounidense.
Trump siempre ha dicho cosas como esas, que se contradicen entre sí o son falsas o impresionantemente despistadas. No importaba tanto cuando era un hombre rico al que le gustaba compartir sus opiniones con el mundo de la misma manera en que algunos le gritan a un televisor.
Pero ahora está en el Despacho Oval y lo que dice tiene otras implicaciones. Mucho de ello desaparece, pero algunas cosas suceden. Se anidan en su mente y salen de su boca y su cuenta de Twitter y, de repente, el gobierno federal empieza a aceptar propuestas para el gran muro fronterizo con México de Trump. Cientos de empresas ya expresaron interés, prepararon diseños, crearon propuestas. Los finalistas serán anunciados en junio; después se construirán prototipos. Parece seguro que millones o miles de millones de dólares serán gastados y que kilómetros de desierto serán despojados antes de que alguien, en algún momento, le ponga fin.
El hombre actualmente a cargo del muro es John Kelly, el secretario de Seguridad Nacional. Kelly no cree que un muro por sí solo es la mejor manera de proteger a la nación. Así lo dijo durante su audiencia para la confirmación en el puesto: “Una barrera física por sí sola no cumplirá esa tarea”. Añadió que “la defensa de la frontera sureste realmente empieza 2400 kilómetros al sur”; es decir, en ayudar a Centroamérica a combatir las causas de la emigración masiva y el tráfico de drogas. Kelly tampoco cree que siquiera sea posible erigir un muro como el que describe Trump. Al hablar con la Comisión de Seguridad Interior del senado el pasado 3 de abril, dijo: “Es poco probable que construyamos un muro o una barrera física de costa a costa“.
Pero Kelly ya no es un general retirado independiente. Es parte del Equipo Trump y, sin importar qué obstáculos les imponga la realidad —por topografía, física, el congreso o el proceso para aprobar el presupuesto—, un muro grande y hermoso es lo que quiere el jefe.
Las especificaciones de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por su sigla en inglés) incluyen que el muro debe de ser de concreto u otro material, preferiblemente medir nueve metros de altura, pero no menos de 5,5 metros, ser “físicamente imponente”, “estéticamente atractivo”, resistente a la construcción de túneles de hasta 1,8 metros por debajo y suficientemente fuerte como para resistir por al menos una hora el uso de hachas, mazos, sopletes o herramientas similares.
Esos son requisitos bastante limitantes para un proyecto cuya racionalización se desmorona si tan solo lo piensas por un minuto. Los libertarios de la revista Reason resumen fácilmente el porqué no funcionará un muro. Si tan solo Trump lo leyera o se hiciera alguna de estas preguntas:
¿Cómo construyes un muro a lo largo de dos mil kilómetros de una frontera con Texas compuesta por el río Bravo? ¿Lo pones del lado estadounidense y le dejas todo el río a México, ocupas territorio mexicano para quedártelo o lo pones a la mitad del río, o haces un compromiso a partir de un zigzag?
¿Cómo haces que un muro de concreto tenga visibilidad para que los contrabandistas no pasen desapercibidos por la Patrulla Fronteriza? ¿Cómo consigues que los dueños de esas tierras estén de acuerdo? ¿Qué tal los indios Tohono O’odham, cuya reserva abraza la frontera con Arizona y que no quieren muro alguno en su tierra sagrada?
¿Qué pasa cuando partes del gran muro se conviertan en una gran represa que atrapa el agua de inundaciones y los escombros antes de colapsar?
¿Cómo lidias con túneles profundos, drones o catapultas? ¿Qué pasa con las grandes cantidades de drogas que pasan por los puertos ya existentes? ¿Sabías que los carteles usan barcos y submarinos? ¿Qué pasa cuando los embalajes de droga lleguen a las costas de San Diego o entren desde Saskatchewan, en Canadá?
No es como que le importe, pero ¿cómo construyes un muro sin afectar seriamente a una flora y fauna frágil?
¿Cómo evitas más muertes humanas cuando una frontera que ya cuenta parcialmente con vallas de por sí fuerza a los migrantes a caminar por partes más remotas y mortíferas del desierto?
¿Te das cuenta de que un muro dejará atrapados a millones de migrantes no autorizados ya en Estados Unidos? ¿O que un gran porcentaje de ellos llegan de manera legal por medio de aduanas y puertos de ingreso, con visas válidas, y nunca se acercan a la frontera?
Qué mal que estas y otras preguntas no fueron consideradas antes de que el muro comenzara a tomar forma. Ha sido un trayecto destacable para una idea idiota que empezó con una oración usada solo para causar aplausos, según admitió el mismo Trump.
“Si mis discursos pierden un poco”, dijo, “solo digo: ‘¡Construiremos un muro!’ Sabes, si se torna un poco aburrido y veo que la gente está pensando en irse —puedo darme cuenta— solo digo: ‘Vamos a construir un muro’ y se vuelven locos. ‘¡Y México pagará el muro!’. Pero, ah, lo digo en serio. Lo digo en serio”.
En otras palabras:
1. El muro es un engaño, algo falso, una mentira.
2. Pero lo dice en serio.
¿Entendieron?
Volver al artículo principalComparte esta página

The New York Times | OPINIÓN | COMENTARIO | ¿Recobrará México la mitad de su territorio? | Por ENRIQUE KRAUZE 6 abril 2017


Justin Rentería
Read in English
CIUDAD DE MÉXICO – La invasión estadounidense a México de 1846 infligió a los mexicanos una herida dolorosa que cicatrizó poco a poco, a lo largo de 170 años. Donald Trump ha vuelto a abrirla.
Entre las muchas mentiras que ha urdido, ninguna más ridícula que su intento de contradecir a la historia, presentando a Estados Unidos como una víctima de México, país que supuestamente le roba empleos, le impone tratados onerosos y le manda a sus “bad hombres” a través de la frontera.
Frente a esta fake history, algunos mexicanos se han propuesto recordar a Trump cuál fue, exactamente, la primera nación en ser víctima del imperialismo americano. Su proyecto es promover una demanda que anule totalmente el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848 y por medio del cual México –invadido por el ejército estadounidense, ocupada su capital y tomados sus puertos y aduanas– se vio obligado a admitir la anexión de Texas y conceder a Estados Unidos más de la mitad de su territorio, que corresponde principalmente a los actuales estados de Arizona, Nuevo México y California.
Continue reading the main storyFoto
La última página del Tratado de Guadalupe Hidalgo firmada y con sellos oficiales.CreditHispanic Reading Room, Hispanic Division, Library of Congress
Encabeza el esfuerzo Cuauhtémoc Cárdenas, el mayor estadista de la izquierda mexicana. Cárdenas está convencido de que el gobierno mexicano –sobre todo ante la agresión de Trump– tiene en sus manos un caso sólido. Según su tesis, aquel tratado es violatorio de imprescriptibles normas internacionales del derecho y por ello susceptible de ser denunciado (con propósitos de reparación o indemnización) ante instancias como la Corte Internacional de Justicia y la ONU. Y aun admitiendo –sin conceder– la validez del tratado, varios artículos cruciales, como el respeto a la ciudadanía, la propiedad y la seguridad de los 100.000 mexicanos que quedaron en territorio estadounidense, se incumplieron desde un principio.
La iniciativa, sin embargo, enfrenta enormes obstáculos. Bernardo Sepúlveda, ex Secretario de Relaciones Exteriores y el mayor experto mexicano en derecho internacional, considera que “muy a su pesar” la demanda no prosperaría. “En tiempos anteriores las guerras de conquista no se topaban con la misma condena moral y legal que ahora forma parte de nuestro sistema legal”, me dijo. La demanda tendría que presentarse conforme a la Convención de Viena “y mostrar que el Estado mexicano no aceptó expresamente la validez del tratado o que, en razón de su conducta, el mismo Estado mostró su rechazo a esa validez”.
Pero ese no fue el caso del Tratado de Guadalupe Hidalgo, que fue firmado con el consentimiento de ambos gobiernos y sus respectivos congresos. “Adicionalmente”, agrega Sepúlveda, “para obtener un dictamen, la demanda de anulación del Tratado de 1848 tendría que someterse a la Corte Internacional de Justicia, cuya jurisdicción obligatoria en casos contenciosos no está reconocida por Estados Unidos”.
No obstante, una es la lógica jurídica y otra la lógica política. Si el gobierno de Peña Nieto no hace suyo el proyecto de Cárdenas, un candidato de oposición (sea de izquierda populista o de derecha nacionalista) podría adoptarlo como bandera hacia las elecciones de julio de 2018. Y si alguno de ellos gana, el nuevo presidente podría convertir la demanda en realidad.
Continue reading the main storyFoto
El político mexicano Cuauhtémoc Cárdenas durante la presentación de su libro "Cárdenas por Cárdenas", en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en diciembre de 2016.CreditJuan Carlos Reyes Garcia/Agencia El Universal
Más allá de la viabilidad, lo que está en juego es algo aún más vasto: necesitamos alentar el debate sobre la verdadera historia de aquella guerra que Estados Unidos, convenientemente, ha olvidado o maquillado, pero que ahora más que nunca importa recordar honestamente como lo que fue. Se trata de una enormidad que cabe en una pregunta: ¿qué parte de la prosperidad histórica de Estados Unidos se ha afincado en el desarrollo de los territorios habitados originalmente por mexicanos y arrebatados a México en una guerra de conquista?
Porque no hay duda de que fue una guerra de conquista. Así la vivieron muchos soldados, que leían la Historia de la conquista de México de William H. Prescott –el recuento de la expedición de Hernán Cortés para conquistar el imperio azteca– mientras avanzaban sobre territorio mexicano. Así la consideraron, con vergüenza y pesar, grandes personajes de la época. Esa “guerra en extremo indignante” (dijo John Quincy Adams) había sido “accionada por un espíritu de rapacidad y un desmesurado deseo de engrandecimiento territorial” (escribió Henry Clay), a partir de un ataque premeditado por el presidente James Polk gracias al cual “una banda de asesinos y demonios del infierno se permitieron dar muerte a hombres, mujeres y niños” (Abraham Lincoln).
Tras el bombardeo a la población civil de Veracruz, el general Robert E. Lee escribió a su esposa: “mi corazón sangra por los habitantes”. En sus memorias, Ulysses S. Grant lamentaba no haber tenido el “coraje moral para renunciar” a la que, desde joven, había calificado como “la guerra más perversa”. Para varios otros políticos y pensadores (incluido Henry David Thoreau) la guerra contradecía los valores democráticos y republicanos fundacionales de Estados Unidos y era contraria a la elemental ética cristiana.
La iniciativa de Cárdenas podrá tener pocas probabilidades de éxito legal, pero en estos tiempos en que México ha sufrido los injustos ataques del presidente Trump, su impacto público puede ser considerable.
Estados Unidos debe a México y se debe a sí mismo una revisión franca de su primera guerra imperial no sólo en los currículos de sus escuelas y universidades sino en sus museos y libros. Hollywood y Broadway, que desde su origen han jugado un papel importante en definir la conciencia histórica estadounidense, deberían abordar el tema. Películas, documentales y series de televisión notables han contribuido a modificar la memoria de dos pecados de origen: la esclavitud y el racismo contra los afroamericanos y, en menor medida, el exterminio y la represión racista de los indios americanos. Falta el tercer pecado: la agresión contra México y el despojo de su territorio.
Para nosotros los mexicanos, esta es la oportunidad de una forma de reconquista…Necesitamos reconquistar la memoria de esa guerra pródiga en atrocidades inspiradas por prejuicios raciales y ansias de expansión territorial.
Tres siglos antes de que los ancestros de Trump pisaran Estados Unidos, había mexicanos en aquella zona septentrional de Nueva España y México. Pero ni ellos ni sus descendientes actuales son parte siquiera simbólica del orgullo nacional estadounidense, sino objetos de una imagen estereotipada o emblemas de un pasado vergonzoso que se ha mantenido en la oscuridad. Es hora de que ese pasado salga a la luz, sea reconocido y reivindicado.
Para nosotros los mexicanos, esta es la oportunidad de una forma de reconquista. Seguramente no una reconquista física de los territorios que fueron nuestros. Tampoco una indemnización que debió ser mucho mayor a la magra cantidad de 15 millones de dólares que pagó el gobierno estadounidense (a plazos) por el despojo. Necesitamos reconquistar la memoria de esa guerra pródiga en atrocidades inspiradas por prejuicios raciales y ansias de expansión territorial.
Pero seguramente la mejor y más justa indemnización sería una reforma migratoria en Estados Unidos que abriera el camino de la ciudadanía a los descendientes de aquellos mexicanos que padecieron la injusta pérdida de la mitad de su territorio.
Volver al artículo principalComparte esta página

RT | Empresa candidata a construir el muro de Trump financió a terroristas en Siria 16 marzo, 2017


La compañía LafargeHolcim, que aspira a participar en la construcción del muro entre México y EE.UU., reconoció haber realizado pagos al Estado Islámico en Siria entre 2012 y 2014.




La compañía cementera LafargeHolcim Ltd., que reconoció haber financiado grupos terroristas en el pasado, ha manifestado su interés en participar en la construcción de los alrededor de 2.000 kilómetros de frontera que aún no tienen muro entre EE.UU. y México.
LafargeHolcim, valorada en más de 30.000 millones de dólares, ocupa el puesto 570 en el ranking Forbes de ventas y es la quinta compañía más importante del mundo en el sector de la construcción.


"Estamos preparados para suministrar nuestros materiales a todo tipo de proyectos de infraestructura en EE.UU.", afirmó Eric Olsen, director ejecutivo de LafargeHolcim, a la agencia AFP. La empresa es una de las escasas cuatro empresas extranjeras que han ofrecido sus servicios para la construcción de la muralla entre las más de 600 candidatas que se han presentado al proyecto, según El País.
La empresa fue recientemente advertida por el Gobierno francés que "pensara cuidadosamente" sobre participar en la construcción del controversial muro y en las responsabilidades sociales y de medio ambiente que conlleva el proyecto, según informa 'Le Monde'. Sin embargo, Olsen destacó que LafargeHolcim es totalmente ajena a esta polémica.
"No tenemos una opinión política sobre las cosas", dijo el jefe de la cementera francosuiza, que cuenta con posibilidades reales de ganar la licitación, según un estudio del grupo de investigación Bernstein.


Según admitió la propia empresa, una de sus filiales financió a grupos armados asociados al Estado Islámico (EI) entre 2012 y 2014, supuestamente para que los terroristas les permitieran operar una de sus plantas en noroeste de Siria y garantizaran la seguridad de sus empleados en esa fábrica.
La confesión se produjo tras la investigación realizada el año pasado por el medio francés, que reveló que una planta de cemento del grupo había realizado pagos a diversos grupos asociados con el Estado Islámico que tenían ocupadas las localidades y carreteras adyacentes a la instalación.
La empresa, denunciada por varias ONGs, ha reconocido que su filial, que en aquel entonces pertenecía a la francesa Lafarge, "entregó fondos a terceras personas para alcanzar acuerdos con algunos grupos armados, un tercio de los cuales estaban sometidos a sanciones" por parte de la comunidad internacional.


Paradójicamente, LafargeHolcim se jacta de colaborar con los proyectos de ayuda a refugiados sirios que la Cruz Roja tiene en el Líbano, a los que afirma haber aportado 8 millones de dólares.