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RT | Investigan la muerte de una inmigrante haitiana detenida por la policía chilena | 4 octubre 2017

Momentos después de ser arrestada, la joven fue llevada a un centro médico con graves lesiones en la cabeza. La versión policial sostiene que se autoinfligió heridas por desesperación.
Investigan la muerte de una inmigrante haitiana detenida por la policía chilena
Imagen ilustrativa
pixabay.com
Organizaciones de inmigrantes realizaron en Santiago de Chile una concentración en memoria de Joane Florivil, una joven haitiana de 28 años que murió en extrañas circunstancias tras ser detenida por Carabineros, la policía de ese país latinoamericano.

El pasado 30 de agosto, Florivil fue acusada de abandonar momentos antes a su pequeña hija, de dos meses, en  la Oficina de Protección de Derechos de la Infancia (ODP) de la Municipalidad de Lo Prado, una comuna ubicada en el sector noroeste de la capital.
Detenida por las fuerzas policiales, al poco debió ser trasladada al Hospital de Urgencia Asistencia Pública, también conocido como Posta Central, por presentar lesiones en la cabeza.
Joane Florivil falleció en ese centro médico un mes después, el sábado 30 de septiembre. Su muerte reavivó viejos debates sobre la discriminación y el racismo en Chile. 

Ambas versiones

La policía sostiene que la joven haitiana se autoinfligió las heridas al golpearse reiteradamente la cabeza contra los muros, según recoge el diario La Tercera. La causa de tal proceder habría sido su desesperación por estar detenida y por la imposibilidad de comunicarse en un idioma que no dominaba.
La versión de Wilfrid Fidele, esposo de la haitiana, contradice la de Carabineros.
El 30 de agosto, Fidele y Joane fueron, junto con su pequeña hija, a la referida ODP de Lo Prado (ODP), a donde un hombre los hizo acudir con una falsa oferta de trabajo, dice un relato de Telesur.
Una vez en el lugar, y aprovechando una momentánea ausencia de Wilfrid Fidele, el sujeto huyó con la cartera de Joane, por lo que ella puso a su bebé en manos de un guardia para perseguir al ladrón. 
La persecución del asaltante fue infructuosa, y para cuando la madre regresó, ya los funcionarios de la ODP la habían denunciado a Carabineros, por lo que fue detenida.
La pareja haitiana intentó explicar la situación a las autoridades, pero como ninguno de los dos hablaba castellano, su reclamo no prosperó.

Investigación

Desde que la mujer haitiana fue detenida, hace más de un mes, su pequeña hija fue trasladada a un albergue de la Casa Nacional del Niño, institución cuestionada por el trato abusivo que se le otorga a los pequeños internos, agrega Telesur.
Por su parte, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) notificó, a través de un comunicado, que analiza "todas las acciones legales para aclarar la situación en los diferentes ámbitos en que Joane (Florvil) estuvo".

(Tomado de RT)


RT | El Complejo Militar de Trump | 29 agosto 2017


Guerra nuclear con Corea del Norte. Guerra Fría II con Rusia. Guerra sucia en Yemen. Guerra indefinida en Afganistán. Guerra económica contra Venezuela. Guerra retórica con Irán. Guerra de muros con México. Guerra racial en Estados Unidos. Para ser el presidente que prometió la "no intervención" y "América Primero", en apenas ocho meses Donald Trump se ha convertido en el rey de las guerras. Y hay todo un sector de militares estadounidenses y empresas multimillonarias que están salivando con la prospectiva de ampliar y expandir el poderío militar estadounidense.
Por primera vez en la historia contemporánea del país, Trump ha militarizado la Casa Blanca, colocando a generales en los cargos del gabinete presidencial más importantes sobre políticas de seguridad y defensa, y difiriendo al Pentágono las decisiones directas sobre operaciones de combate. Su jefe de despacho, John Kelly, es un general de los marines quien, además de servir brevemente como secretario de Seguridad Interior de Trump —endureciendo las políticas antimigratorias— también fue comandante del Mando Sur del 2012 hasta 2016, cuando Washington intensificó su política agresiva hacia Venezuela.
El general H.R. McMaster es el asesor de Seguridad Nacional de Trump, ocupando el cargo después del escándalo vinculado con Rusia que forzó la renuncia del general Michael Flynn apenas comenzando su gestión. McMaster es un veterano de las guerras en Irak y Afganistán y un militar muy respetado dentro del Pentágono. Militarista hasta los tuétanos. El secretario de Defensa de Trump, Jim Mattis, es otro marine, conocido por su apodo 'perro loco', es veterano de guerra y fue comandante de las operaciones en Irak y Afganistán más polémicas, incluyendo la masacre en Faluya, Irak, en 2004.
Tal vez a algunos de los que lean estas líneas les parezca normal que militares distinguidos ocupen altos cargos de defensa y seguridad del gabinete presidencial. Pero en Estados Unidos no es nada común. De hecho, para asegurar el control civil sobre las Fuerzas Armadas estadounidenses no está permitido que un militar ocupe el cargo de secretario de Defensa hasta por lo menos siete años después de su retiro oficial del servicio militar. En el caso de Mattis, el Congreso tuvo que aprobar una excepción para que pudiera asumir el cargo. Como era un Congreso con una mayoría republicana, pues, fue fácil lograrlo. Pero es por eso que fue hasta más preocupante cuando Trump cedió sus atributos como comandante en jefe a Mattis y al Pentágono en cuanto a la toma de decisiones directas sobre operaciones militares. Ya no hay participación civil directamente en las decisiones más importantes sobre el despliegue de fuerzas especiales, movimientos y misiones militares y otras operaciones de combate. Tal vez Trump no quiera que lo molesten sobre las decisiones de vida y de muerte en los campos de batalla. Prefiere ocuparse mandando tuits atacando a los medios que no le favorecen y a todos sus detractores. Que decidan los generales sobre la guerra. El presidente Trump prefiere ver tele y tuitear. Luego, tal vez en su pequeña mente, Trump se deshecha de toda la responsabilidad por las consecuencias de las guerras ejecutadas bajo su nariz.
La militarización del Gobierno de Trump no es solamente por la presencia de militares en su gabinete y la toma de decisiones en manos del Pentágono, sino también por la inclusión en su Gobierno de ejecutivos y consultores vinculados con grandes empresas del Complejo Militar Industrial, como Lockheed Martin, Raytheon y Dyncorp. Su secretaria de Educación, la multimillonaria Betsy Devos, es hermana de Erik Prince, fundador de la empresa contratista de guerra Blackwater (ahora conocida como Academi), quien tiene el oído de Trump. Si no fuera obvio que Trump iba a beneficiar a las grandes empresas de guerra —porque después de todo, son empresas y empresarios como él— su discurso sobre la guerra en Afganistán hace unos días lo dejó claro. Fue muy claro en su apoyo a la maquinaria de guerra, superando incluso a su predecesor Barack Obama, al que tanto criticó por mantenerse en Afganistán. Trump prometió guerra indefinida, miles de tropas estadounidenses más y un presupuesto milmillonario. Y además, Trump se negó a dar detalles sobre sus planes y estrategias militares con la excusa de que no quería revelar los secretos a los enemigos. En realidad, Trump ni siquiera está enterado de los pormenores y ni le interesa. Pero para sus aliados empresarios y los militares al mando en el Pentágono es un regalo tremendo. Tienen carta blanca para expandir las guerras y actuar en la clandestinidad, encubiertos e impunes de las leyes de transparencia en Estados Unidos porque es el propio presidente que les cedió sus poderes. Y como ya sabemos, Trump gobierna como le da la gana.
Su viraje sobre Afganistán no fue bien recibido por sus asesores y seguidores más cercanos de la ultraderecha nacionalista. Dos de ellos renunciaron a sus altos cargos en la Casa Blanca —Steve Bannon y Sebastian Gorka— ambos denunciando que Trump se había dejado llevar por los 'liberales' y el Complejo Militar Industrial. Ambos volvieron al medio de la extrema derecha, racista y xenófobo Breitbart News, prometiendo luchar por la visión del país que Trump ha traicionado. Hasta una guerra con sus seguidores ha lanzado Donald Trump.
No es solo la ampliación de la guerra en Afganistán y la posibilidad de una guerra nuclear con Corea del Norte que tienen al Complejo Militar Industrial haciendo "¡cha-ching!" por los negocios lucrativos que están cayendo como un aguacero. Trump también ha reautorizado la militarización de la Policía en Estados Unidos. Rescindiendo un decreto ejecutivo de Obama que prohibía la transferencia de equipamiento militar a los cuerpos de Policía locales, Trump ahora permitirá que vehículos armados, lanzagranadas y armas de alto calibre lleguen a manos de la Policía, lo cual podría resultar en mayor producción y venta de estos equipos, y más abusos de los derechos humanos.
Y desde luego está el tema de Venezuela. Trump no solo impuso "fuertes" sanciones económicas contra el país suramericano con la intención de imposibilitar su acceso a dólares, dificultar aún más su situación financiera y sembrar descontento e inestabilidad social en el país, sino que también amenazó con una intervención militar.
En un momento muy 'trumpiano' el flamante mandatario exclamó durante unas declaraciones espontáneas ante la prensa el 11 de agosto que en el caso de Venezuela "una opción militar no estaba descartada". Posiblemente su secretario de Estado, Rex Tillerson, quien se encontraba a su lado en ese instante, no compartía esa postura, pero mantuvo su cara inexpresiva y no dijo ni pío. Semanas después salió a la luz pública que el número dos de Tillerson, el veterano de la diplomacia estadounidense Thomas Shannon, había sostenido una reunión secreta con el entonces canciller de Venezuela, Samuel Moncada, el 23 de julio. El creciente desconecto entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado está más que claro en el caso de Venezuela. Una semana después de la reunión entre Shannon y Moncada, Trump autorizó una inusual sanción y desprestigio total directamente contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Solo cuatro jefes de Estado han recibido esa sanción de Washington: Bashar al Assad de Siria, Robert Mugabe de Zimbabue, Kim Jong-un de Corea del Norte, y Maduro. La compañía habla por sí sola.
Quizás haya sido por la contundente reacción de toda América Latina —y del mundo— rechazando la amenaza militar de Trump contra Venezuela que llevó al multimillonario-hecho-presidente a dejar ese deseo belicista en el basurero imperial. O tal vez las mentes más equilibradas en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y en los pasillos del Capitolio lograron convencer a Trump de que la invasión militar a un país vecino sería mala idea. La verdad es que no creo que a Trump le importe mucho si su amenaza le cayó mal a América Latina. Ni acepta los razonamientos del 'establishment'. Él ha hecho muy claro que no le gusta la "diplomacia". La percibe como "débil" y Trump está obsesionado con la fuerza y el poder viril (tal vez porque él no lo tenga). A ese ser despreciable solo le importa su ego y su bolsillo. Si a él le convencen de que la mejor manera de adueñarse del petróleo venezolano es a través de una invasión militar, lo hará. Si es a través del golpe económico, entonces lanza las sanciones. Por ahora ganaron las sanciones, pero mañana podría optar por la guerra.
Lo que sí es cierto es que a Trump le gusta la apariencia del macho poderío militar. Y le excita la posibilidad de flexibilizar su músculo militar a través de una guerra. Y si pudiera ser una guerra contra un país pequeño sin la capacidad real de contrarrestar la fuerza estadounidense — una victoria garantizada— pues, sería lo ideal para Trump.
Cada día su incompetencia, su ignorancia y su frágil ego levantan más alarmas sobre su incapacidad de gobernar y sus tendencias destructivas. Tendencias que no solamente afectan a su entorno sino al mundo entero. Su odio destilado está llevando a Estados Unidos al borde de una guerra civil y los escándalos rodeando su gestión siguen en escala. Arrinconado y desesperado para salvarse del escarnio público, Trump podría buscar una distracción que apuntaría el ojo del mundo en otro lugar, lejos de su aura anaranjada. Esa distracción podría ser una guerra ya anunciada.
(Tomado de RT)

BBC Mundo | La policía abate a Younes Abouyaaqoub, el presunto conductor de la furgoneta del atentado en Las Ramblas de Barcelona | Redacción BBC Mundo 21 agosto 2017

Younes AbouyaaqoubDerechos de autor de la imagenMINISTERIO DEL INTERIOR DE ESPAÑA
Image captionEl gobierno español difundió imágenes del presunto conductor de la furgoneta.
Fuerzas de seguridad catalanas abatieron este lunes a Younes Abouyaaqoub, identificado por las autoridades españolas como el conductor de la furgoneta en el atentado de Las Ramblas de Barcelona del pasado jueves en el que murieron 13 personas.
Los hechos de este lunes ocurrieron en la localidad de Subirats, a unos 50 kilómetros de Barcelona.
El hombre portaba lo que parecía ser un cinturón explosivo, aunque posteriormente se dijo que era falso.
Según explica el diario La Vanguardia, la localización del sospechoso fue posible gracias a la colaboración ciudadana.
"Una vecina ha visto a primera hora de la tarde un hombre parecido a Abouyaaqoub acercándose a las casas. Cuando la mujer le ha increpado y le ha preguntado qué hacía allí, ha salido corriendo en dirección a unos viñedos", escribe el periódico.
Tuit de la policía catalana confirmando la muerte de Younes AbouyaaqoubDerechos de autor de la imagenTWITTER
Image captionLa policía regional catalana ha sido elogiada por la actualización constante de la información a través de las redes sociales.
Josep Lluís Trapero, jefe de la policía regional catalana, los Mossos d'Esquadra, confirmó la información en rueda de prensa, en la que explicó que, al verse sorprendido por dos agentes, Abouyaaqoub se lanzó hacia ellos al grito de "Alá es grande".
Anteriormente, las autoridades confirmaron que Abouyaaqoub era quien conducía la furgoneta que el jueves en la tarde arrolló a los transeúntes en Las Ramblas de Barcelona, dejando un saldo de 13 muertos y más de 100 heridos.
Horas después, en la madrugada del viernes se registró otro atentado en Cambrils, al sur de Barcelona, en el que murió una mujer y cinco presuntos "terroristas".
Operativo policial en Subirats, Cataluña, que terminó con Younes AbouyaaqoubDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionEl operativo de este lunes tuvo lugar en Subirats, a unos 50 kilómetros de Barcelona.

Reconstrucción de la huida

Las autoridades del gobierno catalán y del gobierno central están volcadas en la investigación de los trágicos sucesos de la semana pasada, y prueba de ello es el continuo flujo de información de última hora este lunes.
Poco antes de que se confirmara su muerte, la policía catalana describió cómo Abouyaaqoub logró escapar a pie tras arrollar a la multitud en Las Ramblas.
Imágenes de las cámaras de seguridad compartidas en los medios españoles muestran al sospechoso caminando a través del Mercado de La Boqueria, que está situado cerca del lugar donde se detuvo la furgoneta.
Alrededor de 90 minutos después de causar el atropello masivo, Abouyaaqoub huyó hacia el distrito universitario de la ciudad.
La versión que baraja la policía apunta a que el joven robó un auto y se saltó un control policial hiriendo a una agente. Posteriormente abandonó el vehículo.
El conductor del auto, identificado como Pau Pérez, un hombre de 34 años de la localidad catalana de Vila Franca, fue hallado muerto a cuchilladas en el asiento trasero del vehículo.
Por ello la cifra total de víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils subió a 15.
El lunes por la tarde, alrededor de 2.500 personas de la comunidad musulmana en Cataluña realizaron una manifestación en Barcelona contra los atentados.

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