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The New York Times | ESTADOS UNIDOS >> Muchos inmigrantes buscan refugio de Harvey y de las autoridades en Texas | Por SIMON ROMERO y MIRIAM JORDAN 31 de agosto de 2017


Una operación de rescate en Houston, Texas, donde las graves inundaciones han aumentado los temores de los inmigrantes indocumentados que viven en esa ciudad. CreditTamir Kalifa para The New York Times

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HOUSTON, Texas — Este ha sido un año terrible para los cientos de miles de inmigrantes indocumentados que han echado raíces en Houston.
Las nuevas medidas migratorias ponen nerviosos a muchos: el gobernador de Texas, Greg Abbott, firmó una de las leyes más duras del país contra ciudades que no cooperen con las autoridades federales de inmigración (ciudades santuario). Y El presidente Donald Trump ha ampliado su mano dura en torno a los inmigrantes sin papeles y refrendó su promesa de construir un muro fronterizo.
Y ahora llegó el caos del huracán Harvey.
Las familias que se encuentran entre el estimado de 600 mil inmigrantes sin papeles en Houston —la cifra más alta de cualquier ciudad en Estados Unidos, con excepción de Nueva York y Los Ángeles, de acuerdo con el Pew Research Center— huyeron de sus casas para escapar de la inundación a pesar de su ansiedad de que los rechacen en los refugios o de enfrentar a hostiles agentes de inmigración.
“Los rumores son falsos, pero el miedo aún está ahí”, dijo González, un inmigrante del norte de México, e hizo énfasis en que era uno de los que “tenían suerte” porque está legalmente en Estados Unidos.“La gente estaba diciendo que los agentes de inmigración vendrían a revisar nuestros papeles”, dijo Eloy González, de 40 años, un conductor de camiones que logró llegar al creciente refugio en el centro de convenciones George R. Brown. Todo lo que tenía era la ropa empapada que llevaba cuando escapó de la inundación en Pasadena, un suburbio de Houston donde miles de inmigrantes viven.
Aunque los líderes políticos en Houston buscaron tranquilizar a los residentes de que no se llevarían a cabo medidas de control migratorio de rutina en los refugios ni en los bancos de alimentos, muchas personas que abandonaron sus hogares expresaron su preocupación en torno a lo que describieron como señales mixtas de las autoridades de inmigración ante la agitación respecto al huracán Harvey.


‘Ya teníamos mucho miedo. Sería una desgracia que vinieran por nosotros en este momento’.

La Patrulla Fronteriza no suspendió operaciones en puestos de control en Texas el sábado, incluso después de que la tormenta causó destrucción en partes del estado, lo cual atrajo fuertes críticas por parte de activistas de derechos humanos, quienes dijeron que la decisión ponía en riesgo a las familias de inmigrantes sin papeles y de estatus mixtos.
Los funcionarios de la Patrulla Fronteriza buscaron calmar los temores, y afirmaron que los puntos de control en Texas están al sur de las zonas afectadas por la tormenta, pero los grupos a favor de los derechos humanos señalaron que muchas personas en Houston podrían pasar por los puntos de control para reunirse con familiares o buscar refugio en México.
Las declaraciones públicas de algunas autoridades de inmigración contribuyeron a la sensación de confusión e intranquilidad. Mediante una declaración conjunta el martes, la Patrulla Fronteriza y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, o ICE por su sigla en inglés, dijeron que el cumplimiento de rutina no se llevaría a cabo en sitios de evacuación, refugios ni bancos de alimentos.
Sin embargo, en la misma declaración las organizaciones establecieron: “Las leyes no se suspenderán, y estaremos al tanto de cualquier iniciativa por parte de criminales de aprovechar el caos provocado por la tormenta”.
Mientras muchos inmigrantes lidiaban con la inundación de sus casas, una sensación de temor en torno a las políticas federales y estatales en materia de inmigración invadió los refugios en Houston y en otras partes del estado donde la gente se está acomodando mientras la lluvia sigue cayendo.
Houston, una de las ciudades más diversas de Estados Unidos por recibir un enorme influjo de inmigrantes y refugiados de todo el mundo en décadas recientes, ejemplifica los trasfondos de la oportunidad y la angustia. Los emprendedores vietnamitas e indios dominan ciertas áreas, donde dirigen restaurantes y tiendas. La ciudad es hogar de la población afgana de refugiados más grande de Estados Unidos.
Sin embargo, el mayor grupo proviene de Latinoamérica, y muchos de ellos son inmigrantes sin papeles que cruzaron la frontera para ocupar trabajos en restaurantes, hoteles y sitios de construcción.
Houston ha sido el destino de miles de centroamericanos que escapan de la violencia de las pandillas y la pobreza desde 2014, dicen los activistas. Generalmente, las madres que llegan con niños reciben monitores de tobillo que rastrean sus movimientos mientras esperan a que su caso de asilo se determine. Los monitores, que son estorbosos, deben cargarse cada 12 horas más o menos. Incluso en condiciones normales, provocan heridas y erupciones.
Sembrando confusión y miedo entre algunas personas aquí, más de dos decenas de agentes de la Patrulla Fronteriza de un destacamento de operaciones especiales en el sur de Texas llegaron a Houston con una decena de embarcaciones para ayudar en los esfuerzos de socorro de emergencia.
No obstante, a Manuel Padilla Jr., un agente en jefe de la patrulla, le pareció necesario aparecer en las noticias locales de Univisión para asegurarle a la gente en español que los agentes estaban ahí para salvar las vidas de las personas que estaban en peligro a causa de la tormenta, no para revisar sus documentos.
Para muchos inmigrantes indocumentados, el solo hecho de ver botes de la Patrulla Fronteriza en sus calles inundadas fue suficiente para asustarlos. “Tan solo física y visualmente ver a la Patrulla Fronteriza allá afuera ha causado pánico”, dijo César Espinosa, director ejecutivo de FIEL Houston, una organización de derechos de inmigrantes. “Creyeron que venían por ellos”.
La falta de confianza ha aumentado entre los inmigrantes desde que el presidente Trump tomó posesión en enero y los arrestos de inmigración —sobre todo, los de personas sin antecedentes criminales— se aceleraron.
“ICE siempre dice una cosa y hace otra”, dijo Barbie Hurtado, una organizadora comunitaria de RAICES, el grupo de servicios legales de San Antonio. “El miedo está ahí afuera. La gente no quiere salir ni decir quiénes son ni buscar ayuda”.
Hurtado dijo que han contribuido al miedo los reportes de que Trump está considerando terminar con un programa del gobierno de Obama que les ha dado permiso de quedarse y trabajar a cerca de 800 mil inmigrantes que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños.
Para algunas de las familias que duermen en catres en el centro de convención de Houston, las señales que están llegando desde Washington y la capital del estado, Austin, fueron claras y alarmantes.
“Todo lo que quiero es trabajar mucho y criar una familia”, dijo Jorge, un empleado de 43 años de una empresa de banquetes de Houston. No quiso dar su apellido, y explicó que había buscado un refugio con su esposa y tres hijas después de que se inundó su casa. Cuando le preguntamos acerca de su estatus de inmigración, simplemente vio el suelo y dijo que él y su esposa se mudaron a Houston hace años desde Guanajuato, en el centro de México.
“Aquí es donde estamos en este momento, a merced de los elementos”, dijo. “Ya teníamos mucho miedo. Sería una desgracia que vinieran por nosotros en este momento”.
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The New York Times | ESTADOS UNIDOS Texas buscaba bloquear las ciudades santuario, pero un juez frenó la medida | Por MANNY FERNÁNDEZ 31 de agosto de 2017


Una protesta en junio afuera de un tribunal federal en San Antonio contra la medida que prohíbe las ciudades santuario en Texas CreditEric Gay/Associated Press


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HOUSTON – Un juez federal en San Antonio bloqueó este miércoles, temporalmente, una prohibición texana a las llamadas ciudades santuario al cuestionar la constitucionalidad de una ley que ha enfrentado al gobierno estatal republicano con las autoridades de varias urbes demócratas.
El fallo es temporal, pues solo previene que la medida entre en vigor el viernes 1 de septiembre en lo que se resuelve una demanda en contra, y Texas ya anunció que apelará. Sin embargo, la decisión es un golpe jurídico a una de las leyes migratorias más duras emitidas por un estado en Estados Unidos al frenar una medida que es respaldada por el gobierno de Donald Trump y que había sido criticada como antilatinos.

La ley, SB4 (por Senate Bill 4), prohíbe que las ciudades y condados adopten políticas que limiten la aplicación de la ley migratoria, además de que permite a los policías locales cuestionar a cualquier persona que detengan sobre su estatus migratorio; asimismo, la medida amenaza a los oficiales que no sigan las previsiones de la ley con multas, tiempo en prisión o su remoción.Varias de las principales ciudades texanas, como Houston, Austin, San Antonio y Dallas, son parte de la demanda contra la SB4, que fue avalada por la legislatura estatal republicana y sancionada por el gobernador Greg Abbott.

También insta a los funcionarios locales a que cooperen con las solicitudes de retención migratoria, que permite que cualquier persona extranjera que se encuentre detenida por algún delito menor o grave sea transferida a las autoridades federales, incluso cuando ya no estén bajo custodia estatal o local.

Varias de las principales ciudades texanas, como Houston, Austin, San Antonio y Dallas, son parte de la demanda contra la SB4, que fue avalada por la legislatura estatal republicana y sancionada por el gobernador Greg Abbott.
Los críticos de la SB4, que incluyen a los alguaciles de algunas de estas ciudades, dicen que la ley permitiría que haya discriminación o se detenga a personas si parecen ser hispanos, además de que los migrantes indocumentados y legales no querrán reportar los delitos a la policía.
Grupos activistas y de defensores de latinos han apodado a la medida “Muéstrame tus papeles” y denuncian que es similar a la SB1070 de Arizona que resultó en demandas legales y boicots en 2010.
Los partidarios de la SB4 afirman que los opositores han distorsionado la intención e impacto de la medida. Recalcan que la ley incluye una provisión que prohíbe que haya discriminación a partir del fenotipo de la persona y que un fallo de la Corte Suprema estadounidense en 2012 señaló que la ley de Arizona tenía fundamentos legales. El Departamento de Justicia del gobierno de Trump también ha defendido la ley texana ante la demanda.
En su fallo, emitido el miércoles por la noche, el juez Orlando García de la corte de distrito estadounidense del Distrito Occidente de Texas bloqueó tres de las provisiones de la ley. Entre ellas, una que indica que las entidades del gobierno local y los oficiales no pueden “adoptar, aplicar o avalar” cualquier política que limite la aplicación de las leyes migratorias.
Los abogados que representan a los demandantes dicen que prohibir a los policías locales que expresen algún punto de vista viola la Primera Enmienda.
“Puede que el gobierno esté en desacuerdo con ciertos puntos de vista, pero no pueden prohibirlos solo porque no son consistentes con lo que el gobierno quiere promover”, escribió el juez García. “Claramente, la SB4 tiene como blanco y busca castigar a quienes se pronuncien a partir de cómo ven la aplicación de la política local migratoria”.


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BBC Mundo | “No pudimos huir del huracán porque aquí todos somos pobres”: el duro testimonio de las víctimas de Harvey en Texas | James Cook BBC, Rockport 27 agosto 2017

Judie McRae
Image captionJudie McRae se enfrentó al huracán Harvey acurrucada en la cama de su casa remolque.
Entre los escombros dejados por el huracán Harvey, el más potente en impactar a Estados Unidos en más de una década, en Rockport, una ciudad costera de Texas, llama la atención una pincelada de rojo, blanco y azul.
Se trata de una bandera estadounidense empapada, medio enterrada por el verde de las hojas de los árboles arrancados de raíz.
A pocos pasos de distancia Judie McRae, de 44 años, inspecciona el daño provocado por el fenómeno, ya degradado a tormenta tropical, a su casa remolque.
Ha pasado en ella más de media vida, pero es la primera vez que ha tenido que hacer frente a un huracán desde su interior.
Casa destrozada por el huracán Harvey en Rockport, Texas, Estados Unidos.Derechos de autor de la imagenMARK RALSTON / GETTY IMAGES
Image captionCasa destrozada por el huracán Harvey en Rockport.
Lo hizo acurrucada en la cama, incapaz de dormir. Y dice que no quiere volver a pasar por ello.
"Sentía que el techo iba a salir volando en cualquier momento", cuenta y describe el "terrible crujir" que no dejó de oírse mientras la tormenta pasaba literalmente sobre su cabeza.
"Tuve mucha suerte de que sólo se me rompieran un par ventanas".
En efecto, una mirada a su alrededor evidencia lo afortunada que es.
Vivienda destrozada por el huracán Harvey en Rockport, Texas, Estados Unidos.Derechos de autor de la imagenJOE RAEDLE / GETTY IMAGES
Un coche bajo un árbol arrancado por el huracán Harvey en Rockport, Texas, Estados Unidos.
Image captionEl destrozo en Rockport, una de las localidades más afectadas por el paso del huracán Harvey, salta a la vista.
Las casas remolque de tres de sus vecinos quedaron en ruinas.
La lámina de metal que las recubre se dobló y la espuma aislante del interior de las paredes cuelga ahora de los árboles.
De una de las caravanas, la de color azul empolvado, sólo queda el esqueleto, roto y expuesto.
Mientras examinamos el desastre, se nos acerca un hombre joven, visiblemente agitado.
Nos pregunta si hemos mirado en el interior del remolque, si está allí su dueño. Pero no lo hemos hecho.
"Dan, ¿estás ahí?", grita.
Trepamos a los escombros para ayudar a buscar a Dan y revisamos con cuidado lo que queda de sus posesiones. Pero no hay nadie allí.

"Fue feroz"

McRae, mientras, está preocupada por otros dos vecinos.
Ambos salieron de la comunidad antes del huracán y aún no regresaron a ver cuán destrozados quedaron sus hogares.
Una mujer abraza a un niño tras el paso de la tormenta Harvey en Rockport, Texas, Estados Unidos.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionDecenas se quedaron sin casa en Rockport, Texas.
Pero está especialmente inquieta por la anciana que vive dos caravanas más allá.
"No tiene dinero y esa era su casa. Ya era un desastre (antes del huracán), así que…", dice Judie, alejándose y dejando la frase a medio terminar, como si no encontrara la forma, como si no tuviera esperanza que ofrecer.
Mientras tanto, en la costa de Rockport, Robert Zbranek, de 56 años, está tratando de amarrar su bote al muelle, después de que se soltara durante la tormenta.
Frente a él, un pequeño yate permanece sumergido.
Esa embarcación, explica Zbranek, era su hogar.
Estaba dentro cuando el temporal lo arrancó del embarcadero, rompiéndole el casco.
Embarcaciones en el muelle de Rockport, Texas, Estados Unidos.
Image captionMuchas de las embarcaciones de Rockport, en Texas, se hundieron tras el paso del huracán Harvey.
Ante eso, y en medio de la tormenta más poderosa que ha golpeado Texas desde 1961, con vientos de hasta 215 kilómetros por hora, tuvo que salir del yate y correr a su coche.
Pero tampoco se sintió seguro en el interior del vehículo, ya que el fuerte vendaval lo levantaba del suelo.
¿Cómo fue?
"Muy duro", dice riéndose.
Ante su reacción, le digo que habrá quien cuestione su cordura.
"Lo sé, estoy loco", me responde.
"Pero se suponía que iba a ser de categoría dos, tal vez tres", se justifica.
"Aunque no fue así. Fue feroz", reconoce.
"Pero aún tengo casa, aunque algo rota", añade.
Afectados por el huracán Harvey en Rockport, Texas, Estados Unidos.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionDurante años Rockport fue una localidad próspera, gracias al comercio de carne primero y a la pesca, pero esos tiempos ya pasaron.
Mientras conversamos, aparece su amigo Craig Hack, de 56 años.
Él también tuvo que hacer frente a la tormenta a bordo de un yate.
"Estuve a punto de perder el mástil", recuerda. "Y el cerebro".
Ambos explican que decidieron no ser evacuados porque querían quedarse con sus barcos, que son sus casas, y con sus vehículos.
Y concuerdan que muchos como ellos perdieron todo lo que tenían por no poseer un seguro.

"La vida es dura aquí"

En este pueblo costero la historia de los que luchan por salir adelante y terminan siendo abandonados a su suerte suena familiar.
Rockport fue fundado como matadero de ganado y puerto en el que se empacaba carne tras la Guerra de Secesión (1861-1865).
Debe su nombre a la geología local, ya que se asienta sobre un lecho de roca sólida.
Durante años fue una localidad próspera, como también la vecina Fulton, gracias al comercio de carne primero y a la pesca, especialmente de camarón, después.
El siglo XX trajo también otra actividad: la del turismo.
Casa destrozada por el huracán Harvey en Rockport, Texas, Estados Unidos.Derechos de autor de la imagenMARK RALSTON / GETTY IMAGES
Image captionLos vecinos de Rockport cuentan que últimamente la vida es dura en este municipio de Texas, duramente golpeado por el huracán Harvey.
Los visitantes siguen llegando, y gastan tiempo y dinero navegando y observando aves, desde grullas a colibríes.
Pero esos dólares no parecen haber hecho mucho por los residentes del puerto y de los boscosos suburbios.
Rockport es una localidad eminentemente blanca. Así lo son el 88,7% de los que viven aquí, según el último censo, de 2010.
Y la mayoría votó por el candidato republicano, ahora presidente, Donald Trump, en las elecciones de 2016.
"La vida es dura aquí", dice Judie McRae. "Y nunca lo ha sido tanto como ahora".
Mientras lo dice, nos llega una buena noticia. Al parecer, Dan, el hombre desaparecido, se fue con sus familiares o amigos antes de que el huracán tocara tierra.
"Dios estuvo con nosotros", exclama la mujer, agradecida de haber sobrevivido, a la vez que observa la destrucción del entorno.
Hombre llora mientras sostiene a su perro entre las manos en Rockport, Texas, Estados Unidos, tras el paso del huracán Harvey.Derechos de autor de la imagenJOE RAEDLE / GETTY IMAGES
Image captionAlgunos de los vecinos de Rockport dicen que no pudieron dejar sus casas frente a la llegada del huracán por falta de recursos.
A pesar de las alertas del gobierno y los llamados a evacuar la zona, ella se quedó.
Y lo hizo porque no tenía medios para huir ni ningún lugar al que ir, asegura.
"Tuve problemas para salir de la ciudad. Algo se me estropeó y tuve que regresar a casa… Ya sabes, es difícil", relata.
"No pudimos huir de aquí porque aquí todos somos clase obrera, todos somos pobres, y ahora no nos queda nada", prosigue.
"Somos esos que acuden a los restaurantes, te esperamos y recogemos tu basura. Hacemos todos esos trabajos y no tenemos mucho dinero", explica.
"Luchamos por el sueño americano".

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